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¿Quién quieren nuestros líderes que gane en Francia?

Cuando la política francesa discurría por las vías de lo convencional, no era difícil adivinar por dónde iban las simpatías de sus homólogos españoles, pero esta vez la cosa es mucho más complicada

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Fillon y Mélenchon se acercan más todavía a Le Pen y Macron, según un sondeo

Los candidatos presidenciales de Francia, Francois Fillon, Emmanuel Macron, Jean-Luc Melenchon, Marine Le Pen y Benoit Hamon, posan antes de participar en un debate televisivo. EFE

En Francia se está gestando la segunda fase de la crisis política en la que el país está sumido tras cinco años de desastrosa presidencia de François Hollande. La incertidumbre sobre los resultados de la primera vuelta de las elecciones de este domingo es absoluta, según todos los analistas. Y de eso también se deduce que ninguno de los candidatos tiene la fuerza, las ideas y el carisma necesarios para ser el líder nacional capaz de reconducir la citada crisis. Gane quien gane será un presidente débil. Y eso debería inquietar a nuestros dirigentes. Porque los males de nuestro gran vecino pueden afectarnos mucho. Pero aquí nadie dice nada al respecto.

Por respeto al principio de no injerencia –que, por cierto, se salta cada vez que hace falta–, por temor a decir inconveniencias o porque no tienen idea alguna sobre el particular, hasta ahora ninguno de los mayores partidos españoles ha abierto la boca sobre los que está ocurriendo en Francia. Tampoco los nacionalistas. Pero es impensable que no hablen de ello a puerta cerrada. Porque sus intereses y sus estrategias, por no hablar de sus relaciones internacionales, pueden verse modificados, si no muy perjudicados, por el resultado final de las elecciones francesas.

Cuando la política francesa discurría por las vías de lo convencional, cuando la puja por el poder la libraban el centro-derecha y el centro-izquierda y los partidos menores quedaban fuera del juego, no era difícil adivinar por dónde iban las simpatías de sus homólogos españoles. Pero esta vez la cosa es mucho más complicada. Porque en los últimos años el panorama político francés ha sufrido una conmoción en todos sus ámbitos y los cuatro candidatos que tienen posibilidades de ganar se encuentran por primera vez en sus vidas en esa condición potencial. Y no solo eso, sino que, además, sus proyectos políticos, salvo en el caso de la ultraderecha, han sido elaborados prácticamente en el último año.

El candidato de la derecha, de "Los Republicanos", François Fillon debería ser en principio el favorito del PP. Su derechismo sin matices en política económica y fiscal y su posición casi confesional en lo que se refiere a la Iglesia católica consolida esas simpatías. Pero presenta algunas pegas. Su nacionalismo es una de las más importantes. Un francés con ínfulas gaullistas en el Elíseo nunca ha sido buena cosa para un gobernante español. Si además dice que quiere llevarse muy bien con Putin para poder hablar de tú a tú a la poderosa Alemania, peor todavía. Pero el mayor defecto de Fillon es que puede perder.

Habrá que verlo, porque más de un analista francés dice que mucha gente oculta su decisión de votarle por culpa de los recientes escándalos, pero que, al final, lo hará. Pero ¿y si ocurriera lo que hoy parece lo más difícil y ganara la ultraderechista Marine Le Pen? ¿Cómo se adaptaría Rajoy a una presidenta que en unos cuantos meses sacaría a Francia del euro, convocaría un referendo sobre la pertenencia del país a la UE y tomaría medidas drásticas contra los inmigrantes, ilegales y legales, como la moratoria sobre estos últimos que acaba de anunciar y que tendrían repercusiones muy importantes sobre los que residen en España?

Desde el punto de vista ideológico es seguro que muchos militantes y cuadros del PP no ven con malos ojos a la líder de la ultraderecha francesa. Pero su programa no conviene a La Moncloa. El del candidato "centrista-europeísta" Emmanuel Macron se adecua más a la estrategia internacional del PP. En principio. Pero la indefinición del personaje, el hecho de que aparezca cada vez más como el resultado de una formidable operación de marketing detrás de la que podría haber sólo humo, hace difícil saber qué política seguiría si obtuviera la presidencia.

Pero si Rajoy lo tiene complicado, el PSOE lo tiene imposible. Porque por primera vez desde la II Guerra Mundial, se sabe ya que el candidato socialista no tiene posibilidad alguna de pasar a la segunda vuelta. La crisis mundial de la socialdemocracia tiene su más clara confirmación en Francia y los socialistas no pueden hacer otra cosa sino mirar para otro lado y esperar que ese desastre se olvide lo antes posible. Más de uno se alinea ahora con Macron, pero eso no deja de ser un triste consuelo y más si éste fracasa en la primera vuelta.

Las concomitancias entre Macron y Ciudadanos son menos problemáticas. Su europeísmo, su defensa de la economía de mercado, por cierto sin muchas precisiones al respecto, y su centralismo, con moderadas reformas, en relación con el modelo de estado no están muy lejos del vago discurso de Albert Rivera.

El nacionalismo catalán y el vasco tienen poco que decir en este escenario. Ninguno de los candidatos franceses expresa la mínima veleidad en cuanto a reducir significativamente las atribuciones del Estado central y aumentar el de las instancias autonómicas. Otra cosa será cuando, a finales de junio, lleguen las elecciones legislativas. Porque desde hace muchos años tanto el PNV como Esquerra y la antigua Convergencia mantienen lazos muy estrechos, en especial en el caso del partido vasco, con los nacionalistas franceses del otro lado de la frontera. Y proyectos comunes, más de uno ya en funcionamiento.

¿Y Podemos? Jean Luc Mélenchon, candidato de "La Francia insumisa" y desde hace unas pocas semanas, según los sondeos, serio aspirante a superar la primera vuelta, es su hombre, aunque ningún portavoz oficial lo haya confirmado. Porque es la voz de los perdedores de la crisis, de la Francia que sufre, de los que están contra el establishment, y de los cuadros de multiforme izquierda no socialista. Y porque dice que quiere darle la vuelta a la tortilla. Algo que, por cierto, también proclama Marine Le Pen, que, además, también ha sabido conectar con el hartazgo y la rabia contra el sistema de amplios sectores de la población.

Pero Mélenchon es asimismo otras cosas. Para algunos es un gaullista de izquierdas, un nacionalista que ve con muy malos ojos a Europa. Que ha dicho que Alemania es de nuevo un peligro, que vuelve el imperialismo alemán y que la UE es su nuevo imperio. Que no critica lo que Rusia ha hecho en Ucrania y en Siria y que, además de oponerse a la libertad de entrada de emigrantes, ha declarado que prefiere recibir "a 10.000 médicos que a masas de gente que no sabe hacer nada".

Si Mélenchon confirma su ascenso en los sondeos puede pasar a la segunda vuelta. Pero sus posibilidades de ganar en ésta sólo existirían si su rival fuera Marine Le Pen. No se puede descartar esa hipótesis, aunque sí apuntar que ese caso la abstención sería formidable.

Las otras opciones, todas ellas hoy por hoy posibles, son los duelos Macron-Le Pen, Macron-Fillon, Le Pen-Fillon, Mélenchon-Fillon y Mélenchon-Macron. En todos ellos, el candidato favorito sería en principio el del establishment. Cualquier otro resultado sería una sorpresa. Pero que no puede descartarse.

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