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28 de abril: la salud laboral es un derecho, la prevención de riesgos también

Un año más, este 28 de abril, Día Internacional de la Seguridad y Salud en el Trabajo, hemos de celebrarlo bajo la siniestra contabilidad de los accidentes del trabajo sumando nuevos incrementos (un 6% en 2016). Este crecimiento viene produciéndose desde 2012, y no es casualidad que coincida con el año de la entrada en vigor de la Reforma Laboral de Mariano Rajoy. Los destrozos provocados por esta Reforma han sido tantos, en forma de generalización de la precariedad y debilitamiento de la negociación colectiva, que el accidente de trabajo se ha convertido en todo un síntoma de la degradación de la organización social del trabajo que estamos viviendo en España.

La prevención de riesgos laborales es otro de los derechos de ciudadanía afectados por las políticas de recortes. Tanto las instituciones como las empresas han dilapidado la cultura preventiva. Las empresas se escudan en el problema del absentismo para convertir al trabajador en “un sospechoso” cuando pide una baja por accidente o por enfermedad.  De tal forma que las Mutuas -que gestionan casi todas las contingencias profesionales, pero que son asociaciones de empresarios cuyos intereses son los propios de sus asociados- se inclinan por rebajar la calificación de los accidentes de trabajo. De hecho, aunque estadísticamente se incrementa la accidentalidad, sin embargo, las Mutuas notifican más accidentes sin baja que con baja. Las Mutuas están actuando también activamente para invisibilizar las enfermedades profesionales, de tal forma que no se reconozcan como tales y pasen por contingencias comunes. El objetivo es disuadir a los trabajadores de ausentarse del trabajo por razones médicas. El sueño empresarial de un trabajador que cumpla con su deber pese a estar enfermo es el que parece estar detrás de la (inaceptable) propuesta de la Patronal en el actual diálogo social de que sean los médicos de las mutuas quienes puedan dar las altas y bajas a los trabajadores en caso de accidente o enfermedad común.

Todo esto es lo que está detrás del crecimiento de los accidentes de trabajo y de otro problema del que se habla mucho menos: el escaso reconocimiento de las enfermedades profesionales. El trabajo produce numerosas enfermedades que sin embargo pasan desapercibidas como contingencias comunes -de nuevo, las Mutuas cumplen un activo papel en esto- Y sobre todo quedan sumergidas como problema público, pues no todo el daño en el trabajo se reduce al accidente. Tiene razón la OIT cuando afirma que las enfermedades profesionales provocan más sufrimiento, más muertes y más pérdidas de horas de trabajo que los propios accidentes. Por ejemplo, el cáncer ocupacional está absolutamente infrareconocido siendo una de las formas de mortalidad laboral más habitual (según la Comisión Europea está detrás del 53% de las muertes laborales). Y no digamos ya las enfermedades de carácter psicosocial o las que degeneran músculos del cuerpo.

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La chica del tranvía no quiso ser princesa

`La chica del tranvía´, en Murcia

`La chica del tranvía´, en Murcia

La historia de “la chica del tranvía” ha traído a mi mente un texto cuya autoría se atribuye a John Lennon: “Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja, y que la vida sólo tiene sentido cuando encontramos la otra mitad. No nos contaron que ya nacemos enteros, que nadie merece cargar en las espaldas con lo que nos falta. Nos hicieron creer en una fórmula llamada `dos en uno´: dos personas pensando igual, actuando igual, y que eso era lo que funcionaba. No nos contaron que eso tiene un nombre: anulación…”

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Carta abierta a Wyoming de un sacerdote

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El Gran Wyoming y Dani Mateo, hablan sobre el Valle de los Caídos en El Intermedio / laSexta

Hola, amigo Wyoming

Soy Joaquín y soy sacerdote de la Iglesia Católica. Me dirijo a ti de esta manera porque siento un profundo respeto por los ideales que defiendes y proclamas abiertamente. De hecho, veo con frecuencia El Intermedio y he comprado uno de tus libros. Me siento identificado en gran parte por lo que expresas y aquello por lo que luchas. Lo haces, junto a Dani Mateo y el resto del equipo, desde el humor y te lo agradezco porque es una bocanada de aire fresco. 

Siento mucho la denuncia que os ha interpuesto la Asociación para la Defensa del Valle de los Caídos con motivo del chiste sobre la Cruz de los Caídos. Y lamento que haya sido admitida a trámite. Puedo entender que haya chistes que no gusten o molesten. O que una persona se sienta enfadada y hasta lo repudie, pero ya está.

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Unidad y humildad, porque Murcia me duele

No voy a engañar a nadie. No he nacido en Murcia. No tengo raíces en esta tierra. Mi familia no es de ninguna localidad de la Región, ni tenía vínculos anteriores de otro tipo. Murcia era un punto en el mapa, sin más. Llegué hace unos doce años por motivos de trabajo. No había encontrado suficientes oportunidades en mi lugar de origen, Andalucía, para desarrollar mi profesión. Y tanto yo, como mi pareja, decidimos apostar por una tierra que, aunque la teníamos cercana, apenas conocíamos.

La Región era, y sigue siendo, una gran desconocida envuelta en un manto de tópicos que, muy poco a poco, ha ido despertando hacia el exterior. Murcia nos acogió con los brazos abiertos, nos brindó oportunidad de trabajar a ambos y nos ofreció un futuro con sabor hogareño. Siento a la Región de Murcia como mi casa. Es mi casa. Gran parte de mis amigos son de aquí, son mi mayor tesoro, y comparto sus alegrías y sus preocupaciones, que son también las mías. Incluso hemos animado a familiares y amigos a que vengan aquí para comprobar que su gente es espléndida y que es un lugar maravilloso para vivir y construir un futuro. Por eso, Murcia me duele.

Murcia me duele. Me duele que los que llevan años y años gobernando arrastren su imagen por el lodazal infecto e infinito de su corrupción. Me duele la inmundicia moral. Me duele la desidia de los que se sirven de cómodos sillones para hacer de las instituciones sus poltronas. Me duele el paripé y la hipocresía. Me duele que casi la totalidad de sus municipios esté manchado por la corrupción a causa de delitos urbanísticos o medioambientales. Me duelen los telediarios y las portadas de los periódicos. Me duele tanta mentira. Me duele el despilfarro. Me duelen los recortes. Me duelen la suciedad y el deterioro. Me duelen los falsos ademanes, la impostura, los gestos falsos y las palabras falsas. Me duele el desprecio hacia la gente y sus problemas. Me duele, también, la mediocridad. Me duele el caciquismo, la actitud de señorito que pasea su prepotencia con vanidad y orgullo ante los aduladores. Me duelen los jóvenes que tienen que irse en busca de futuro. Me duelen los que resisten, los indiferentes y los cínicos. Me duele la indiferencia hacia quienes sufren. Me duelen las migajas. Me duele el abuso y la impunidad. Me duele el inconformismo y la dejadez. Me duele el pago de favores. Me duelen las camarillas y los premios por los servicios prestados. Me duelen algunos aplausos. Me duelen algunos silencios porque son, igualmente, cómplices.

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Lágrimas y esperanzas

 “Llora en público  la lideresa, lágrimas de cocodrilo

Viendo  a sus corruptos hombres-rana ya detenidos

viendo  su impunidad judicial en peligro”

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`Nabos y chirivías´: la Inquisión en Murcia

Cuando niño, escuché a unos viejos labradores de Corvera hablar de la Inquisición. Rondaría los diez años, allá por los sesenta. Aún no había ni luz eléctrica ni aparatos de radio en muchos lugares de esa pedanía como Las Casicas, Los García, Los Urreas…. Aquellos hombres, me consta, apenas sabían leer. Algunos años después comprendí  que no se trataba de bagaje cultural sino de habla oídas de sus mayores. Y ciertamente se referían a la Inquisición de Murcia, una de las más activas y fieles a la Corona católica española. Los  abuelos de aquellos vecinos de mi abuelo,  la conocieron y la temieron.

¿Hay una conjura de silencio? Curiosamente en el índice de la `Historia de la Región de Murcia´ (1) la entrada para Inquisición es: nada. Como si en Murcia no hubiese habido una sucesión de celosos tribunales encargados de herejes y  judaizantes hasta el siglo XVIII, y de liberales y masones en el XIX.

La Inquisición en Murcia fue creada por expreso de la reina Isabel la Católica en el momento de su visita a Murcia en 1488. Lo hizo diez años después de su creación en Castilla por la bula del papa Sixto IV. El tribunal se asentó en el antiguo alcázar, edificado en época de Enrique III, sede actual del Colegio de Arquitectos de Murcia. Ese fue su primer emplazamiento, pero tuvo dos más.

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775 años del Pacto de Alcaraz

El alcalde Ballesta y su complementario edil Pacheco gustan manifestarse ante el emblema «750 años Concejo de Murcia». Que, incomprensiblemente, sigue luciendo en no pocas fachadas de la ciudad y en el salón de actos del Consistorio. Un emblema publicitario que si no tuvo sentido alguno en el pasado año, menos aún lo tiene en el actual y que el silencio cómplice de los medios de comunicación convalida. Aquí, a nadie con capacidad y crédito para poner los puntos sobre las íes y medios donde expresar su opinión se le oirá opinar sobre el particular. No sea el demonio que el sistema le catalogue como desafecto y determine no tenerle para nada en cuenta.

Hechos son hechos. Los anales murcianos registran tres fechas clave: 1243, 1265 y 1266. Tome nota el alcalde Ballesta y su rabo alcalde Pacheco de la efeméride que se avecina (775 años del pacto de Alcaraz) y no tengan el menor remordimiento en proclamar a bombo y platillo —cual suelen— que se les ocurrió en una tarde de feliz memoria en que, tomando un corrental vestidos de «perráneos», la inspiración pasó baja y les pilló despiertos. El hermanamiento de Murcia con Alcaraz, tan cerca y tan lejos, es algo por lo que vengo clamando desde hace años. Con el resultado que fácilmente cabe imaginar. Una pena. Porque si algún hermanamiento entre ciudades se justifica es éste. El destino de Murcia se fraguó allí. Primero, en 1243. Y luego, en 1265.

Con la capitulación de Alcaraz (1243), y el subsiguiente protectorado castellano y conquista de las ciudades remisas al pacto, se instaló a orillas del Segura el principio cristianizador de la Reconquista.

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Fer es un viejoven

Uno de los principios de la política es la representatividad, es decir, que lleguen a las instituciones personas capaces de entender las necesidades de un determinado colectivo. Cuando a López Miras le designaron digitalmente para ser el próximo Presidente marioneta de la CARM muchas voces se apresuraron a destacar su perfil joven y renovador, pero tan solo es una superficial estrategia de marketing. ¿Cómo va a defender Fernando López Miras los intereses de los jóvenes si jamás ha pasado por las situaciones que atraviesan normalmente ellas y ellos?

López Miras une a su juventud las prácticas más típicas de la vieja política, formando parte de una larga estela de jóvenes populares que no han conocido en su vida nada más que un cargo público.

Al finalizar 2016, 44 de cada 100 murcianos menores de 25 años no tenía empleo. Muchos de ellos, a pesar de tener una o más carreras y algún que otro máster, son incapaces de encontrar un trabajo arreglado a su cualificación, quedándoles tan solo dos salidas: o la sobrecualificación o coger las maletas. Por suerte, “Fer” con 25 años ya era un cargo público (Director de Gestión del Área III de Salud). ¿Se imaginan? A penas con la carrera acabada y el máster (tiene un MBA) y con la experiencia propia de unas prácticas y los primeros contratos, te llaman para ocupar un cargo de dirección acorde a tu titulación. Un sueño hecho realidad para López Miras e inalcanzable para la mayoría de jóvenes de esta Región que se tienen que conformar con un puesto precario poniendo copas para poder seguir sufragándose una mejora de su formación, ahorrar para abrirse algo propio o pagar la academia para las oposiciones.

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Las Cuatro Piedras del Malecón

Mil setecientos cincuenta metros de balcón sobre la huerta. ¿Hay quién dé más?  El paseo del Malecón comienza en el plano de San Francisco, cabe el maltrecho León en piedra, al que han dejado como una momia egipcia, de color pringue y como embalsamado, y acaba donde antiguamente estaba la Casica de los Tablachos y hoy luce la estatua del tío Muñoz, don José María Muñoz, el filántropo que dio dos millones de reales en generoso socorro de la desastrosa riada de Santa Teresa (1879).

Ciudad y huerta. Ortofoto de 1956. En el centro, partiendo en dos el serpenteante Malecón, las Cuatro Piedras.

Ciudad y huerta. Ortofoto de 1956. En el centro, partiendo en dos el serpenteante Malecón, las Cuatro Piedras.

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La Semana Santa a través del tiempo

El origen de la fiesta pascual es anterior al cristinismo. Judíos y europeos celebraban el equinoccio de primavera y el cambio de ciclo con diversos ritos y costumbres. Es la gran fiesta de la resurrección de la vida.

La Semana Santa, o el embrión de lo que concemos hoy, se incorporó al repertorio de ritos y fiestas pascuales  ya desde el siglo IV. Se celebra exactamente en los días en que cae la primera luna llena después del equinoccio de primavera, es decir, respetando el calendario de la Pascua Judía.

Por esa razón la Semana Santa se mueve en el calendario entre marzo y  abril, siempre dependiendo de las fases lunares que duran 28 días, mientras que nuestro calendario se basa en el sol y las fases duran 30 días.


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