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REGIÓN DE MURCIA

Apencar

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¿Os acordáis de cuando Nicholas Sarkozy  soltó aquello de que había que “refundar el capitalismo”? Yo sí. Muchas veces. Cuando ando medio deprimido y necesito una inyección rápida de risión. Sobre todo esta parte:

El 'laissez-faire' se ha terminado. El mercado todopoderoso que siempre tiene razón, se ha terminado. Hace falta sacar conclusiones de la crisis para que no se reproduzca. El mundo ha pasado a dos dedos de la catástrofe. No se puede asumir el riesgo de volver a empezar. Si se quiere construir un sistema financiero viable, es una prioridad moralizar el capitalismo financiero.

Bonito, ¿verdad? Para Sarko, el mundo se había librado ya, si bien por poco, de la catástrofe y ya solo era cuestión de emitir grandes frases para prevenir alarmas futuras. Nueve años después y obviamente todavía dentro de la gran crisis-estafa, las palabras del marido de Carla Bruni suenan casi revolucionarias, jacobinas, guillotinescas, robespierreanas, marsellesas. Por desgracia para el señor candidato, los infantes de su patria se mean de risa al recordarlas. Y los de las demás también. Una risa, digamos, sarkocínica, o sardónica. La del que sabe que ni siquiera esos discursos grandilocuentes son posibles ya.

Eran buenos tiempos para la lírica de Estado. El reciente derrumbamiento de los grandes mastodontes financieros, el miedo y la desconfianza hacían aflorar aquí y allá “planes b” (“b” del verbo “brindar al sol”, claro) con que tranquilizar y pastorear a unas poblaciones en pleno estado de shock pero tal vez, quién podía saberlo, no quiera el demonio, incubando revueltas.

Recuerdo de aquella época varios gestos hoy impensables: financieros británicos  pidiendo perdón por el desastre, por ejemplo, o Islandia  sentando en el banquillo tanto a su primer ministro como a sus principales banqueros. O (en España siempre hemos sido más de declaraciones cuñadas) la campaña “ Esto solo lo arreglamos entre todos”, financiada por el IBEX y la patronal de las constructoras con el objetivo de infundir optimismo a la sociedad. Invitándola, claro, al mismo tiempo a asumir su responsabilidad (sic) en la crisis financiera, que es ese agujero negro que unas veces adopta la forma de una catástrofe natural, sobrevenida e impredecible, y otras la del resultado lógico al que te arrastra una población perezosa, estúpida y manirrota que se endeuda por encima de sus posibilidades. Claro que sí, guapi.

Apencar. No queda otra. Apencar con doña Cristina, la amante de Teruel (o más bien de Ginebra, porque ni tonta ella ni tonto él).

Por ir cerrando el flashback, parecía en aquellos años del crack (en sus varias acepciones) que nuestros mandantes se sentían impelidos a actuar, remodelar, diseñar. A darnos argo, una refundación del capitalismo o una campaña cuñada, un rescate ciudadano o un par de dimisiones, lo que sea, un anuncio de Punset, argo por el amor de dios, argo. Se metían la mano al bolsillo y ponían cara de consternación ante las cifras del paro o de desahucios, pero ¿qué han sacado, de ese bolsillo, en estos nueve años? A eso voy. Stay tuned, achos.

EL GRAN PLAN GENIAL INFALIBLE FABULOSO DIVINO DE LA MUERTE

Pues eso, que nueve años después, con la gran marea democrática del 15M de por medio, con el país bullendo de iniciativas políticas plebeyas, desde la PAH de tu barrio hasta los 71 diputados de ese artefacto mestizo llamado Unidos Podemos (con sus fallos, decepciones y limitaciones, sí, ya nos los sabemos todos, nos repiten la lista completa todos los días en todos los medios, pero que ahí -y en los mayores ayuntamientos del pais- está), con unas cifras de crecimiento y empleo irrisorias y un panorama internacional más oscuro que la sartén de asar castañas, con el bipartidismo muerto y enterrado y un gobierno rengo apoyado no en una sino en dos muletas (por una banda el PSOE, por la otra Ciudadanos), los Rajoy boys nos dedican una mirada como de puerta de iglesia, de salida de misa, de mi vida por un vermú. De a ver qué quiere éste ahora.

Y por fin, nueve años después, la mano sale del bolsillo, se abre, y lo que hay dentro (redoble) es un plan, uno genial, infalible, inoxidable. Para cerrar la crisis de régimen sin puntos de sutura, sin tiritas, sin ni siquiera un chorrico de Betadine. Un gran plan fabuloso y divino de la muerte que consiste en… (momentos de silencio dramático): apencar. Tachán. Apencar. Apencar es bien. Apencar es el futuro. Apencar o Venezuela. La gente moderna apenca. Europa nos exige apencar. Y los mercados. Y tu abuela en su lecho de muerte. Cada vez que alguien se niega a apencar, dios mata un gatito.

Según el DRAE,  “apencar” admite dos acepciones: “apechugar” (cargar con alguna obligación) y “trabajar mucho”, ésta en su uso coloquial. Qué casualidad, justo los objetivos de estosololoarreglamosentretodos.org (no os molestéis en pinchar, porque tras unos pocos años y después de haber dilapidado nada menos que 4 millones de euros, la web decidió tirar la toalla). El origen etimológico del verbo, aun con alguna disensión entre los lingüistas, parece ser “penca” o “ penco”, que otra vez según el DRAE significa “caballo flaco o matalón”. Y, vaya, a veces estas aventuras filológicas pedantes merecen la pena, porque no me digáis que no es perfecto ese símbolo, para el régimen del 78 en vigor, ese Rocinante en el que solo creen sus propias pulgas, entre trago y trago. Y no será por falta de márketing: a bombo y platillo anuncian en el hipódromo que este purasangre marcaespaña nos va a sacar por cuerpo y medio de la crisis a poco que le apostemos.

¿Y bien? ¿Le apostamos o qué? A simple vista el bicho da cosica. Más que régimen parece dieta. Le puedes contar las costillas pero las moscas no. Cojea, claro, porque incluye dos marcos legales, uno para la familia Borbón, otro para las demás. Promete una red de garantías sociales, pero están obsoletas, remendadas y llenas de boquetes. Apenas puede con el peso muerto de sus diputaciones y cabildos ( 22.000 millones de euros y 60.000 empleados), por no hablar de sus 17.621 aforados, 265 de los cuales, senadores ( 52 millones de euros en lo que se ha calificado como “ el departamento de corrección ortográfica y gramatical más caro del mundo”).

Además, carga con una alforja nueva que le comba los lomos:  la reforma, con estivalidad y alevosía, del 135. Bajo ese cuero reciente florecen los parásitos privatizadores, que como sabemos reblandecen todas las patas del estado de bienestar. Por lo demás el penco buena cara no tiene. Es tuerto del ojo izquierdo. Va con la lengua fuera. Entre mosquitos, pulgas y garrapatas, no se sabe si el que anda es el caballo o sus parásitos, ni quién toma las decisiones. El jockey dice que está  tomando medidas urgentes ahora sí que sí de verdad de la buena que me muera si miento, pero así a ojo no se ve caer ningún chupóptero, jamás. Cuando señalas a alguno especialmente voraz, especialmente visible, y le pides al jinete que, por mera humanidad, lo despegue, te sale con que habrá podido meter la pata, pero no la mano, una idea-fuerza (ni una cosa ni otra en realidad) que se repite más que el -ejem- chorizo . De meter el  aparato picador-chupador nada se comenta.

Miradlo. Es el penco. El súper híper mega plan. Apencar. No queda otra. Apencar con doña Cristina, la amante de Teruel (o más bien de Ginebra, porque ni tonta ella ni tonto él). Apencar con Trillo en el Consejo de Estado. Apencar con las dos reformas laborales, derechos nuestros que ya no volverán. Apencar. Con un paro estructural (el que Fátima Báñez no puede maquillar) del 18%. Con la plusmarca de Occidente de desigualdad económica (adiós, clase media). Con 73 desahucios al día. Con 12.000 millones de euros de recortes en Sanidad, 9.000 en Educación y 5.000 en servicios sociales.

Apencar. Bajarte del caballo y tirar tú de él. Con los  60.000 millones de euros perdidos en el rescate bancario,  los 5.000 del de las autopistas de peaje y los 2.600 del de Florentino Pérez. Con los AVE entrando sí o sí en superficie con l a determinación de los tresporcientos.

Y ya en plan pro: apencar como un murciano. La cuna de este deporte. Con el  récord de riesgo de pobreza y el tercer peor dato en educación. Con 35 de sus 45 municipios afectados por casos de corrupción. Con el presidente Pedro Antonio Sánchez bajo investigación judicial por nada menos que  cuatro delitos de corrupción política en el Caso Auditorio y tres en el Púnica. Coger al penco y subírselo a la chepa. Con  los 30 millones de euros de agujero del aeropuerto sin aviones. Con nuestro Mar Menor herido de muerte por la oligofrenia ladrillera de los veinte años de partido único. Y con la consejera de Medio Ambiente, Adela Martínez-Cachá - imputada en el Caso Guardería- montada en tó lo alto. Apencar con todos ellos. Y con sus aparatos picadores-chupadores. Ése es el plan fetén.

EL PLAN B

Si no te gusta el plan a (del verbo apencar), hay uno be, que viene, pongamos, de bozal. Si no quieres apencar como un buen españolito, igual acabas frente al juez. El rocín tiene herraduras inoxidables: ley mordaza y código penal, Audiencia y Fiscalía, e interpretaciones creativas de los delitos de injurias a la corona, enaltecimiento del terrorismo, contra la libertad religiosa y contra el honor. Si paras un momento de apencar, y se te ocurre contar un chiste en Twitter, igual te citan en la Audiencia Nacional. Que te citen en la Audiencia Nacional es el nuevo negro:

Sentencias relativas a delitos de terrorismo

Sentencias relativas a delitos de terrorismo

(no me digáis que no es flipante cómo se ha disparado la cosa

desde que ETA dejó las armas. Datos hasta febrero de 2016)

Bueno, voy cerrando ya. Por si aca. Que tengo hijos y tal. ¿Idea-fuerza? Apencar. Apencar como proyecto ideológico avanzado, el de PP-PSOE-C’s para todos ustedes. Apencar, parafraseando a Margaret Thatcher, es TINA (There Is No Alternative). Y a Tina no se la contradice. ¿O sí?

Pues claro que sí. De mil maneras. No pensemos solo en la crónica institucional, en esa problemática portavocía plebeya que encarnan compañeros míos como Íñigo, Irene, Alberto, Carolina, Pablo o Ada (sin ningún orden en particular). La negativa a apencar es una valentía cotidiana, una resistencia autónoma y ubicua que actúa tan digna o más en el AMPA de un cole público de barrio que en los pasillos del Congreso. O sobre las vías del tren que corta todos los martes la Plataforma Prosoterramiento de Murcia. O defendiendo desde asociaciones y sindicatos los servicios públicos. O -cómo no-  poniendo el cuerpo entre la comitiva judicial y la puerta de un vecino amenazado de desahucio, gracias a la PAH. O denunciando con la Coordinadora Antirrepresión la deriva totalitaria que están tomando las herraduras enrobinadas de nuestro estado, en nuestra Región. ¿Que si discutimos? Madre mía si discutimos. Pero nos une un NO más grande que el cielo, al triste mandato de apencar con todo. Tal vez no haya alternativa, pero pardiez si hay alternativas. Muchas, primo.

A modo de colofón voy a echar mano cómo no de mi bagaje político venezolano. Un cierre musical. El gran clásico llanero, “Caballo viejo”, del inmenso Simón Díaz (no, no es de Julio Iglesias, VAYA), que acaba así:

El potro da tiempo al tiempo

porque le sobra la edad,

caballo viejo no puede

perder la flor que le dan

porque después de esta vida

no hay otra oportunidad.

¡Te tomamos la palabra, Simón!

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