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REGIÓN DE MURCIA

Carta abierta a Jordi Évole

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Hola compañero Jordi, aunque no tengamos relación personal te considero una persona que luchas a través de los medios de comunicación desde una manera profunda, que nos conciencia y que desvela las causas de la realidad y nos indigna !¿Cómo te van a querer los poderosos de este mundo?! Tengo que reconocerte que se me encoge el corazón cada vez que me llega por las redes sociales la posibilidad de que “Salvados” deje de emitirse. Necesitamos esos iconos de la verdad, la justicia y la libertad, los enriquecidos no quieren que se despierten conciencias ni sensibilidades. Quieren dejar las cosas como están.

Te agradezco el programa del otro domingo acerca de la guerra en Siria, sobre el DAESH, de una manera especial y te explico por qué. Hemos ido a diversos campos de refugiados en Grecia, Katsicas, Ritsona, Lampedusa en Italia y otros muchos, y adquirimos un compromiso con algunas familias en Ritsona, todas ellas procedentes de Alepo, que nos pidieron desde el dolor profundo que no los olvidáramos. Nos pidieron: “Por favor, no nos olvidéis, por favor no nos olvidéis”. Tengo clavado en lo más profundo de mí ser sus miradas llena de ternura, de amistad, de impotencia por estar en campos de refugiados en condiciones penosas después de huir de los horrores de la guerra y de su travesía, de esa mirada, que en cierto sentido, ponía su esperanza en nosotros. Le dijimos que no los olvidaríamos, por lo que hemos vuelto allí y creado la asociación 'Amigos de Ritsona', y nos dedicamos a colaborar con los refugiados allí donde estén y según nuestras posibilidades y nuestras limitaciones.

Hemos hecho charlas de conciencia, de sensibilización, de denuncia... y recientemente hemos denunciado el incumplimiento del gobierno español con la acogida de refugiados, que no ha llegado ni a 2.000 de los 17.000 a los que se comprometieron. Pero luchamos contra algo terrible, contra el tiempo que va silenciando esta realidad. Ya no se habla en nuestra sociedad de los refugiados, y a veces me siento mal, muy mal, porque creo que esa promesa de llevar su dolor a nuestro entorno no lo estamos haciendo, les estamos fallando. La maldita situación de Cataluña ha acabado por sepultar este sufrimiento en España. Tu programa ha servido para poner de nuevo esta realidad en las pantallas y que las redes sociales se activen. Si te soy sincero, este programa me ha venido muy bien personalmente, porque nos permite pasar del silencio a la voz, a darle sonido e imagen a su dolor. Aunque no sé por cuánto tiempo.

Compartir contigo Jordi y con mucha gente esas experiencias en estos campos de refugiados. Primero, tengo que decir que ya no los llamamos refugiados, porque ya tienen nombre, vida e historia, ellos están en nuestro corazón y nosotros en el suyo, son amigos y hermanos y fueron ellos los que tuvieron la iniciativa, nos abrieron sus tiendas, nos sentaron en su mesa, compartían la poca comida que tenía con nosotros, nos abrieron sus vidas, nos enseñaron algunas fotos, algunas de ellas quemadas o mojadas, de cuando no había guerra, de su familia, de sus amigos, de sus fiestas, pero, también nos enseñaron fotografías de muertos, de destrucción, de la huida, lo contaban con lágrimas, te sobrecoge lo que cuentan, no sabes qué decir ni hacer. Yo tenía una imagen de ellos y unos sentimientos antes de conocerlos personalmente, lo veía a través del plasma, lo leía en los periódicos y lo escuchaba en la radico, pero, todo te cambia, cuando los conoces, cuando ellos te quieren y tú los quieres, tu vida cambia, hay un antes y después. Muchas veces, me preguntó qué será de ellos, de ese niño que jugaba, que era revoltoso y me preguntó con angustia y lleno de emoción ¿Dónde estarán? ¿Cómo estarán? ¿Qué será de sus vidas? Qué injusto después de sufrir la guerra, la violencia, las torturas, la muerte de seres queridos, de hijos, encontrarse encerrados, con concertinas,  alambradas, deportaciones, recelos, indiferencia, rechazo. Me duele, en especial, el rechazo de obispos, alertando de que pueden ser terroristas, maleantes, “no trigo limpio”. Yo, que soy sacerdote católico y muchos de ellos musulmanes y el cariño, la amistad y la fraternidad estaba siempre presente. A la gente que los rechaza les diría que convivieran con ellos una semana y seguro que los entenderían y los acogerían.

Son muchos recuerdos, Jordi, los que siguen presente: recuerdo a esa madre amamantando a su hija, mirándola con ese cariño tierno de madre, mezclado de incertidumbre de preguntarse si podrá darle una futuro de seguridad, paz y educación. Recuerdo a ese adolescente que tuvo un gesto violento y le llamé la atención, lo cual provocó que viniera hacia mí, lleno de ira, pero ese rostro fue cambiando y de alguna manera decreciendo en edad, hasta que llegó y se abrazó y empezó a llorar como un niño de un año. Esa criatura había visto violar a su madre y a su hermana a manos del DAESH, para posteriormente degollarlas en su presencia. Esa criatura necesita abrazos, no barreras ni rechazo. Recuerdo cuando te contaban que con motivo de los bombardeos, los niños heridos, que gritaban de dolor porque les había alcanzado la metralla, no tenían posibilidad de atención médica y alguien por piedad, cogía una almohada y los ahogaba para que dejaran de sufrir, no me quiero imaginar los que sufrirían los padres. Los hospitales están destruidos, eran objetivos militares. Un médico pediatra se quedó como opción para atender a los niños heridos, murió porque una bomba alcanzó el hospital. O ese padre que se hundió la barcaza, él llevaba tres hijos cogidos, pero uno se les escapó y vio cómo su hijo le gritaba, le llamaba y se ahogaba y no pudo hacer nada porque tenía a sus otros dos hijos abrazados.

Podría seguir contando tantas historias, no por levantar el morbo o encoger el corazón, y no quiero olvidar que ellos quieren morir en la tierra que los vieron nacer. Gracias por el programa porque nos ha permitido reactivar la voz, ese grito que rompe ese silencio de los que han provocado la guerra por los gaseoductos, por acabar con Siria, por ese DAESH potenciado y armado por Arabia Saudí, Estados Unidos, Inglaterra e Israel, sin obviar que en el otro bando está el gobierno sirio, Rusia e Irán. Al final, mueren y sufren la gente sencilla, los civiles que lo único que quieren es vivir, que les dejen vivir y vivir en paz, ¿tan difícil es esto?

Bueno, me despido y te agradezco tus programas que nos ayuda a entender las causas y, por tanto, como decía antes, nos indigna.  La pregunta es cuándo convertiremos la indignación en lucha y esperanza. Seguro que cuando llegue el próximo septiembre se nos encogerá el corazón de pensar que han quitado Salvados. Un abrazo

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