eldiario.es

Menú

REGIÓN DE MURCIA

Criadas y señoras

- PUBLICIDAD -
Cristina Morano

Cristina Morano

Hay que transformar el ojo para verlo. Alguien mira el monte cercano y ve un paisaje hermoso. Puede que intente ir allí a pasar unos días y quiera saber quiénes viven o qué ríos lo atraviesan. Para querer, además, matar en el centro de ese paisaje, hay que entrenar la mirada, hay que realizar el esfuerzo de considerarse reyes sobre la tierra que se pisa, dueños de vidas. La cacería es lugar habitual de conversación entre señores y señoras.

Es fruto de generaciones y generaciones de pensamiento-dueño aquel que piensa que puede tomar aquello que doble con sus manos o que sus ascendientes doblaron con sus manos: viñas, animales, pueblos. Y una vez realizada la metamorfosis, hay que guardar ese matiz en los herederos, hay que educar en esa soberbia. Cuando a sus pequeños le regalan un perrito, ciertas madres y padres son precisos:

–Cógelo –les dicen-.

Y cuando hablan de las criaturas que viven bajo su techo:

-Mis hijos.

Así nos enseñan, a los que no tenemos nada, que aunque sea de poco, podemos ser Dueños, propietarios. Amos.

Y los amos no se rebajan a converger, ni a pactar, ni a ceder a otros. Los amos entienden que lo que está fuera de su piel son criados. Leyes, mentiras, dinero, extranjeros, comida, planetas… Para el amo, las cosas están ahí para usarlas.

Vemos a los ricos cenando con ostentación y algo se remueve dentro de nosotros: Yo o mis hijos comeremos ahí algún día

Tú también puedes ser amo, nos dicen. TUS hijos, TU país, TU familia, TU puesto de trabajo. Cógelos. No permitas que nadie interfiera. Que no te juzguen, hombre. Que tú eres el que manda. Reuniones, ¿quién necesita reuniones? que los criados hagan su trabajo. Pensar un nuevo país… ¡Pero qué se han creído! Que piensen los sirvientes.

Y ellas, además: No recuerdo, no lo sé, no tomo decisiones en casa, no leo lo que firmo… Se ocupa mi marido. (Marido/ servidor/ cliente –les pagan sus gastos ¿no?-)

Y esa íntima convicción de que somos los amos de algo va bajando escalafón tras escalafón, hasta los más pobres. Ya se encargan los medios, los anuncios, los propios amos. Votamos a quien nos confirme que poseemos el país, el mundo. A quien subraye nuestra vanidad. Vemos a los ricos cenando con ostentación y algo se remueve dentro de nosotros: Yo o mis hijos comeremos ahí algún día. O los hijos de mis hijos. Yo tendré avión privado, merca, guardaespaldas, obras de arte. O los hijos de los hijos de mis hijos. Me defenderé de quien quiera repartir, cobrar, cambiar el mundo.

Los golpistas del 23F que fueron a la cárcel tenían un trato especial en estancias privadas y marisco y mujeres cada semana.

Blesa se otorgó un sobresueldo en forma de tarjeta black porque su nómina normal en Bankia era demasiado poco para un señor como él.

Cuando Rajoy se quedó en minoría esperó, leyendo el Marca, que vinieran a proponerle pactos.

Cuando le preguntaron a Pedro Antonio Sánchez, Presidente de la Región de Murcia, cómo había llegado a saber las deliberaciones de los fiscales de su caso, se negó a contestar a los periodistas (criados).

La diputada del PP, Fabra, al votar la última reforma laboral, como supo que muchos pobres iban a perder el subsidio de paro, dijo: Que se jodan. (Está claro que los amos no son “seres sintientes”).

Pero que se jodan, sí; que se jodan los pobres, los que no tengan nada. Salvémonos nosotros solos, que somos los que molamos más. Somos los dueños del mundo, los propietarios.

Ah, lector: ¿podría enseñarme sus posesiones?

*Cristina Morano es escritora, diseñadora gráfica y miembro de la Coordinadora de CambiemosMurcia

- PUBLICIDAD -

Comentar

Enviar comentario

Enviar Comentario

Comentarios

Ordenar por: Relevancia | Fecha