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REGIÓN DE MURCIA

¡Dejad que suba la marea!

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No siempre tuvimos derechos, no siempre los enfermos tuvieron médico ni cama de hospital que los acogiera, y como muchos saben, aún resuenan por nuestra Huerta los pasos de aquellos heroicos practicantes que andaban de casa en casa haciendo lo que buenamente podían. No siempre los ciudadanos tuvimos derechos y hemos aquí de recordar que la Humanidad tuvo que aguardar hasta la mañana del 26 de agosto de 1789, para que gracias a la inteligencia y la decisión de los diputados de la Asamblea Constituyente francesa, se publicara la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, y un poco más para que Olympe de Gouges publicara los Derechos de la Mujer y la Ciudadana.

Debemos saber de dónde venimos porque no siempre tuvimos derechos. La Declaración de Alma Ata de 1978 proclamó la protección de la salud como un derecho humano fundamental. La declaración final de la Conferencia mostró su preocupación por la desigualdad entre personas y países, por la relación entre salud y desarrollo socioeconómico y por el derecho de los ciudadanos de participar en los asuntos sanitarios. Se hizo mención expresa a la necesaria educación sanitaria, a los problemas de alimentación, al acceso al agua potable, a las vacunaciones necesarias y a los medicamentos esenciales. Además, se instó a los gobiernos a iniciar y sostener programas de Atención Primaria configurados en un amplio Sistema Nacional de Salud (SNS).

Este SNS, nuestra sanidad pública, esa marianne que tanto bien nos ha hecho, que nos ha acogido y cuidado, que tan indisolublemente forma parte de nuestras vidas, con todo lo bueno y también con sus cosas peores. Siempre abierta a la reforma sincera, al nuevo impulso y a la construcción permanente. Por obra de una política del negocio, involutiva e insolidaria, hasta cuando actúa, ya fuera de tiempo, que solo acierta a hacer guiños electoralistas que se quedan en tristes muecas, esta sanidad ha sido dañada y con ella todos nosotros hemos resultado perjudicados en nuestro patrimonio común y en nuestra salud.

El Gobierno ha emprendido una salida insolidaria de la crisis aprobando medidas que han conducido a un empeoramiento de la salud de las personas

Sin embargo, con el transcurso del tiempo se hace cada vez más patente la firme disposición de la comunidad por defender sin fisuras el derecho universal a salud y a la educación. Las mareas; la marea blanca, la verde, la naranja, en estos años de adversidad y a veces desesperanza han resultado esenciales para mantener la cohesión ciudadana en la difícil defensa de sus derechos. Cuando se ha visto amenazado hasta el exterminio un hospital emblemático como es el Rosell en Cartagena, o también cuando se ha amenazado la salud de todos con los recortes, ha subido la marea. La marea blanca, en una confluencia de profesionales y usuarios, ciudadanos todos, conscientes, en defensa de la sanidad pública universal. Una marea blanca de nuevo en marcha.

Pero además, la sanidad pública que deseamos no es solo la que recibe el público, como quieren algunos, porque no somos público sino ciudadanos, por lo que deseamos una sanidad democráticamente pública que no solo está destinada a todos los ciudadanos de la comunidad, que no solo se financia con impuestos justos y progresivos sino que se lleve a cabo por organizaciones sanitarias sin ánimo de lucro, democráticas, destinadas al interés general y con participación ciudadana que vele por su mejor funcionamiento.

Dejadme que insista, finalmente, en las consecuencias de haber emprendido el Gobierno una salida insolidaria de la crisis, porque se han aprobado medidas que han conducido a un empeoramiento de la salud de las personas. Cuestiones como el copago, el empobrecimiento general, el aumento de los costes del transporte, las peores condiciones de alimentación y vivienda han repercutido especialmente en los sectores más frágiles como los ancianos y empeorado el acceso a la salud.

Dije al principio que no siempre tuvimos derechos, pero también hemos aprendido que podemos perder lo conseguido. También advertí en otro comienzo que era partidario de la poesía de José Agustín Goytisolo y lo sigo siendo.

 

“Claridad no te apartes

de mis ojos, no humilles

la razón que me alienta

a proseguir. Escucha,

detrás de mis palabras,

el grito de los hombres

que no pueden hablar

permanece conmigo, claridad”

¡Dejad que suba la marea!

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