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REGIÓN DE MURCIA

La Esteban, Paquirrín y otros personajes VIP

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¿Qué queréis que os diga? Tal y como está el patio de la política en España, me he enganchado al GHVIP. Y es que acaba subiéndome la tensión y no está el horno para bollos. Hay quien defiende que algunos de los que vemos este tipo de programas, intentamos evadirnos de la realidad y, sinceramente, cada vez estoy más convencida de que es así. Ahora van a salir a darme todos los culturetas que dicen tener de adorno la tele porque no la ponen, incluso los hay que ni la tienen, o aquellos que sólo le dan al botón para ver un documental, una buena peli o serie, o una tertulia política, que quién hubiera dicho hace unos años que a la gente le iban a interesar los programas sobre política.

Tengo que reconocer que mi curiosidad por este 'reality' ha ido descendiendo conforme han ido pasando los días, pero empecé viendo hasta el 24 horas. Me interesaba más el bruto que el contenido editado por Zeppelin para los resúmenes, galas o el debate.

Los últimos acontecimientos, provocados por la salida de Laura Cuevas, han dejado al descubierto la espontaneidad de Kiko Rivera, a punto de darse con el primo de la hija del ex mayoral de Cantora. Pero, ¿para qué los ponen juntos en la gala? ¿Para que se peguen? Sabíamos que el DJ tiene el dedo ligero, por sus calentones en twitter, pero nunca había sacado su vena de pandillero en un plató. Vamos que sólo le faltó cantar “Así soy yo”.

Centrándonos en su paso por la casa de Guadalíx, no pronuncia la palabra cárcel si lo matan. Este ser, que entró en concurso unos días después del elenco inicial, ha resultado ser el mismo mueble que esperábamos. No ha movido ni una ceja, ha vaciado la despensa y ha sufrido el rechazo de la mayoría de sus compañeros.

Quizá, eso y el mensaje de su novia que, viendo su cara, le preocupó en exceso, le hicieron abandonar a la primera de cambio. Y es que este muchacho, como dicen los andaluces, es un flojo. No porque se haya ido de GHVIP porque no lo quieren, sino porque cada uno de sus actos dentro y fuera de la casa así lo demuestran. Es el segundo concurso que Kiko abandona. Al parecer, está acostumbrado a estar sobreprotegido bajo las faldas de su madre, la cantante Isabel Pantoja. Y hablando de la Pantoja, ¿qué habrá pensado, en prisión, de que su niño del alma se meta en Gran Hermano y ponga la lupa de nuevo en ella? Pues sinceramente no lo sé, pero si hubiera sido yo, este se lleva una colleja al estilo de las de Amparo Baró, que en paz descanse, en 7 Vidas.

 

Os preguntaréis a santo de qué veo yo GHVIP. Pues, francamente, porque el Gran Hermano político me parece un aburrimiento

 

Las entradas de Chari, de la que no sé absolutamente nada, más allá de que fue concursante de GH12, y de la periodista del corazón venida a menos Ángela Portero, animan un poco el cotarro y nos hacen especular sobre en cuál de ellas pondrá el foco Belén Esteban, como ya hizo con Olvido Hormigos, esa ex concejala del PSOE de Los Yébenes, cuya intimidad defendimos las mujeres demócratas, cuando saltó el escándalo del vídeo, y que, al contrario de lo que esperábamos en su momento, nos dejó ojipláticas al comprobar que estaba deseando que los flashes fueran hacia su persona. Una mujer que se queja de los juicios que se hacen sobre ella y que se siente con derecho a juzgar a todo el mundo. Una señora que se las da de culta y preparada y acaba compartiendo casa con Belén y cía. Una madre que no para de hablar de lo mucho que quiere a sus hijos, y de lo importantes que son, y no para de ponerlos en el ojo del huracán con la excusa de ganar dinero para ellos. Trabajo lo llama ella, porque ahora resulta que ir a Gran Hermano es un trabajo, según Olvido Hormigos.

Belén Esteban no tardó en sucumbir a su provocaciones, así que se lió parda. La rubia de Paracuellos, con una personalidad aparentemente ciclotímica, se pasa el día en una montaña rusa emocional. Es una mujer amargada, que no soporta la crítica después de vivir 15 años en un plató; que más que 'la princesa del pueblo' se cree la reina del mambo con patente de corso para decirle a cualquiera lo que se le pase por la peineta, que no es la palabra que ella utilizaría. Una persona amarrada a su hija, cuya única finalidad en la vida es ir a Sálvame cada tarde para ganarse el pan. Sólo eso. Porque los años de televisión no le han aportado absolutamente nada. No ha sido capaz de aprender nada de nada. Ya me diréis quién con una oportunidad así, y el dinero que gana, no hubiera aprovechado para crecer como persona y cultivarse un poquito. Una mujer que ha superado una adicción y que es incapaz de salir del discurso “del problema que yo tuve”. Igual le vendría bien una charla con Pedro García Aguado y que la animara a ayudar a otras personas. Estoy segura de que le haría bien. Es una tirana que intenta salirse con la suya en cualquier situación, porque es a lo que está acostumbrada.

Luego, haciendo gala de esa frase que ha inmortalizado Gran Hermano de que “en la casa todo se magnifica”, tenemos a Víctor Sandoval asumiendo el papel de María Guerrero. Su vida es un drama sí o sí porque él lo vale. Es cierto que Sandoval ha tenido problemas sentimentales y económicos, pero ¿quién no los ha tenido o los tiene? Os aseguro que nunca serán como los suyos por muy dramáticos que os pongáis, a no ser que aparezca un Nacho Polo en vuestra vida. Él es un ir y venir emocional, pero hay que reconocer que está dando momentos increíbles. Su dominio de la televisión y su capacidad para sacar a todo el mundo de quicio le están alzando como uno de los posibles ganadores, porque, según los expertos en el reality, Sandoval representa toda la esencia de este concurso de convivencia.

Y si estos personajes, dignos de una sitcom, os parecen poco VIP, los demás ni os cuento. Un torero al que conocen en su casa, una ex nuera de Raquel Bollo, un italiano sacado de ‘Mujeres y Hombres y Viceversa’, una colaboradora del debate de GH15, un dios de ébano conocido por ese programa de aventuras en pelotas llamado ‘Adán y Eva’, una rubia macarra y gamberra famosa por participar en ‘Gandía Shore’ y Los Chunguitos de los que esperábamos mucho cachondeo y fueron expulsados a los cuatro días por hacer comentarios homófobos.

Así que con todo lo que acabo de soltar, os preguntaréis a santo de qué veo yo GHVIP. Pues, francamente, porque el Gran Hermano político me parece un aburrimiento, aunque el nivel de cotilleo pueda ser similar. Porque twitter, esa red social de 140 caracteres, se ha convertido en una jauría insoportable de seres que critican e insultan todo el rato, como si les fuera la vida en ello, y porque bastantes miserias veo a diario para no darme el capricho de desconectar con estas frivolidades, que no dejan de ser un reflejo de parte de la sociedad.

Por cierto, los datos de audiencia hablan por sí solos, el programa hizo un 29,7 % de share en la última gala. Lo vieron más de 4 millones de espectadores.

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