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REGIÓN DE MURCIA

Hágase la civilización

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Víctor Israel y Roger Casement, personajes de El sueño del celta de Mario Vargas Llosa, discuten en un pasaje del libro sobre el concepto de Civilización.

Para uno, la Civilización es algo que se impone por la fuerza. Es la victoria de Occidente sobre los pueblos analfabetos y salvajes del otro lado del mundo.

Para el otro, se trata de respetar “la propiedad privada y la libertad individual”.

Vargas Llosa sitúa esta conversación a finales del siglo XIX, en plena fiebre del caucho, pero en 2016, la idea de Civilización sigue sin estar definida.

No obstante, la consideramos una cualidad inherente a nuestras sociedades desarrolladas. La asociamos con el buen comportamiento, con el urbanismo y el sentido común. Como dejar salir a la gente del metro antes de entrar uno mismo, por ejemplo.

La Civilización a gran escala se relaciona con conceptos más amplios, como lo es la defensa de los Derechos Humanos. Los occidentales somos tan civilizados que admitimos nuestros propios errores y creamos una sociedad transnacional para no cometerlos de nuevo. Las Naciones Unidas es el Valhalla de la Civilización. Los guardianes constantes de los valores cívicos. Menos mal que existe. Menos mal.

La Civilización nos tiene henchidos de orgullo. Ahora miramos hacia atrás y nos avergonzamos del imperialismo occidental de nuestros antepasados. La barbarie a la que se sometió a gentes lejanas, ese complejo evangelizador del mundo desarrollado. Víctor Israel y Roger Casement vivían en un mundo en el que las empresas extractoras de caucho explotaban a miles de indígenas bajo la excusa de estar ayudando a su Civilización.

Pero ahora somos mucho más civilizados que antes. Ahora vivimos en un mundo diferente. Menos mal.

Ahora vivimos en un mundo en el que la ONU tarda 6 años en reconocer su carga de responsabilidad por el brote de cólera que mató a alrededor de 9,500 personas en Haití, un país ya diezmado por el terremoto que había sufrido poco antes. Hubo que esperar a que un estudio realizado por un asesor de derechos humanos de la ONU, en el que se denunciaba el silencio de la organización, se filtrase al The New York Times.

Ahora vivimos en un mundo en el que un autócrata como el presidente turco Erdogan emplea como amenaza una potencial apertura de fronteras para permitir el paso de refugiados hacia Europa

Ahora vivimos en un mundo el que la tercera economía de Europa, mantenida en gran parte por el trabajo de inmigrantes, desea abandonar la Unión Europea para, entre otras razones, poder recuperar el control de sus fronteras nacionales. Según The Economist, las zonas que experimentaron un aumento de más del 200% en población extranjera entre 2001 y 2014 registraron una mayoría de votantes del leave en un 94% de los casos.

Ahora vivimos en un mundo en el que un autócrata como el presidente turco Erdogan emplea como amenaza una potencial apertura de fronteras para permitir el paso de refugiados hacia Europa. Una amenaza, porque rompería el acuerdo firmado por ambas partes para ‘devolver’ a Turquía a los refugiados que lleguen a Grecia.

Leyendo El sueño del celta, uno se siente aliviado de que esas cosas que cuenta ya no pasen. Aliviado de que hayamos alcanzado el “estadio de progreso material, social, cultural y político propio de las sociedades más avanzadas”.

Menos mal que ahora vivimos en un mundo distinto.

Ufff… ¡menos mal!

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