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Identidad local en Murcia: promesa electoral

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Igualdad social, representatividad popular y participación democrática. Nuevos principios parecen definir los incipientes movimientos sociopolíticos que empiezan a tocar tierra. El momento parece idóneo para preguntarnos qué elementos de discusión social deben acompañar el proceso que permita avanzar hacia los objetivos de transformación democrática.

La regeneración política está en marcha y en la Región de Murcia permea hasta los diversos rincones de su geografía. Los ciudadanos de los pequeños pueblos murcianos se levantan demandando el protagonismo que la historia les ha arrebatado durante muchos años. Numerosas generaciones han visto reducidas las posibilidades de desarrollo de sus pueblos, reprimidos frente al inmovilismo territorial de los grandes municipios murcianos (Murcia, Cartagena, Lorca, Caravaca, Mula…).

La organización municipal de la Región de Murcia, apenas modificada desde tiempos de la reconquista cristiana (¡!), agranda aún más el desfase administrativo con la realidad social de los pueblos murcianos. La brecha entre las comunidades rurales y sus representantes políticos es abismal en muchos de los pueblos –ahora llamados pedanías- incluidos en casi la totalidad de los 45 municipios de la Región, que triplican en superficie la media nacional española. La provincia de Ávila, por ejemplo, quintuplica el número de municipios de la Región de Murcia, con casi 9-10 veces menos de población y menor superficie de la provincia.

 

La pertenencia a una identidad local es un recurso social clave y necesario para alcanzar los valores de solidaridad e igualdad

 

El contexto de perturbación social es visto como la oportunidad de los pequeños pueblos para la toma de posesión de su soberanía popular, fijándose para ello en los nuevos movimientos políticos que abogan por incrementar la representatividad. Si no reducimos la gran distancia que separa a representantes y representados de los pequeños pueblos, difícilmente se podrá involucrar a estas sociedades rurales en la toma de decisión de los asuntos más elementales de su entorno. La cercanía física, social y hasta emocional de los cargos públicos con la población local favorece el desarrollo de acciones más acordes con las necesidades locales, al tiempo que facilita el control popular de sus responsabilidades y facilita la participación democrática.

La reforma de las instituciones no debe olvidarse esta vez de definir una estructura regional con niveles administrativos más acordes a las competencias y, sobre todo, a las identidades locales de las comunidades sociales de los pueblos una región como la murciana, eminentemente rural hasta hace sólo varias décadas. Más allá de los repetidos problemas de centralismo municipal de recursos y servicios, del desequilibrio presupuestario periferia-centro, y de las viejas (y seguramente justificadas) peticiones segregacionistas -con los más claros ejemplos de El Palmar, El Algar o La Palma-; se plantea la necesidad de que la población sea la protagonista en definir sus propias políticas locales.

Lejos de implicar un mayor gasto presupuestario, la nueva estructura municipal podría servir de revulsivo hacia el dinamismo económico y social del entorno. No en vano, los pequeños municipios son los que menos deuda proporcional han generado. La adaptación a la realidad local de políticas sociales y urbanísticas define instrumentos de desarrollo local más acordes con el territorio y su problemática. Además, su consideración de entes administrativos permite concebir un acceso más fácil y directo a instituciones y ayudas públicas.

La identificación de lo local con lo municipal permite ser referente de custodia de cultura local frente a los omnipresentes impulsos de la globalización hacia su desaparición. La pertenencia a una identidad local es un recurso social clave, necesario para alcanzar los valores de solidaridad e igualdad social que definen estos nuevos movimientos políticos. Los integrantes del grupo social toman consciencia y desarrollan lazos culturales compartidos y de participación, fortaleciendo así su pertenencia al mismo.

Una nueva democracia se construye sobre un territorio equilibrado socialmente. El empoderamiento de la política por el pueblo no será tal sin una revisión del latifundismo municipal murciano acorde a las realidades socioculturales y las identidades locales. La revisión del territorio de la Región de Murcia, requiere ser elevada a alternativa política.

José Martínez Sánchez es especialista en ecología rural

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