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REGIÓN DE MURCIA

Instantes

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Mientras algunos han buscado incansables la permanencia imperecedera de las ideas, de los sistemas y de la existencia, otros han perseguido alcanzar en toda su intensidad el instante, su  belleza  y su transcendencia.

Esa necesidad  de permanecer de algunos, choca cada vez más con una realidad  difícil de comprender, de conservar, pero también de modificar y  transformar. Apenas nada resulta, como  ha enseñado  Bauman, suficientemente sólido. Al mismo tiempo, los centros de decisión se han ido alejando de la ciudadanía y marcan  la naturaleza y el ritmo de los cambios.

El sueño democrático se ve otra vez amenazado y un nuevo despotismo, ya en la era digital, impone la razón de su fuerza. Probablemente, en el futuro se encuentren caminos más eficaces que los  actuales para mejorar el control democrático, mientras tanto habrá que explorar, entre otras, la idea de recuperar el valor del instante.

Esta reflexión por recuperar el instante no puede substraerse  ni es ajena a las dificultades por cambiar el todo, no es sino una llamada a otra estrategia en tiempos difíciles, en tiempos diferentes. Los cambios pueden venir  de una multitud encadenada de valiosos instantes. Es una llamada a la fuerza del destello. El instante puede ser vital, biográfico, individual, familiar, pero también ciudadano, grupal, social, cultural y político.

Quien mejor define la estrategia del instante es Luciano Concheiro (`Contra el tiempo´, Anagrama, 2016). “El instante tiene una potencia subversiva gigantesca. Es una experiencia temporal que es capaz de contrarrestar la velocidad a la que estamos sujetos. Permite huir del tiempo actual y de la lógica de la aceleración que arrastra todo tras de sí.”

El interés del instante lo podemos apreciar mejor cuando se contraponen las actitudes de unos y otros. De esta manera, nuestro  político que no dimite y que cuando se plantea hacerlo no es sino en el marco de una táctica de la autoperpetuación quedará, para su desgracia,  para siempre  en nuestro recuerdo. Más aún,  cuando su acción se compara con instantes heroicos de la Historia, esos momentos estelares que tanto apreciaba Zweig.

Los centros de decisión se han ido alejando de la ciudadanía y marcan  la naturaleza y el ritmo de los cambios

¡Cuanto deben  aprender  estos funcionarios del poder de los instantes de la Historia! Por empezar por uno épico, recordaré el instante de la muerte de Sócrates, inmortalizado por el relato de  Platón y el cuadro de Louis David. El filósofo, que había mantenido que cultivar las virtudes era más importante que el culto a los dioses, se dio muerte a sí mismo de forma decidida cuando fue condenado a beber la cicuta por su falta de piedad religiosa y por corromper a la juventud. Magnífico y honroso el instante de Sócrates que ha llevado a miles de jóvenes a interesarse por la filosofía y a reconocer a los hombres verdaderos.

¿Cómo no recordar aquí la trascendencia del instante de la votación por la Asamblea Constitucional francesa el 26 de agosto de 1789 de la declaración de los derechos del hombre y el ciudadano? ¿Y el instante de aquella noche que salimos a la calle a millones para defender a la democracia del golpe de estado? ¿Y el instante del general Gutiérrez Mellado que no se doblegó a los golpistas? ¿Y  el instante en que mi compañero L.M.  una tarde de clase en 1980 se atrevió a interpelar al catedrático más influyente de la Facultad y defendió valerosamente la dignidad de los estudiantes?

Todos recordamos instantes de dignidad, de unión, de fraternidad. También instantes alegres, porque como dice Concheiro,” una buena fiesta es otra forma de revuelta”. La recuperación del juego como diversión y de nuestro tiempo como nuestra mayor pertenencia, esa desaceleración consciente  del tiempo,  como una forma de insumisión.

Pero existen otros instantes. Hace apenas unos días pude asistir a lo que se conoce como Taller de Salud Mental del círculo de Salud de Podemos. El taller denominado así por los problemas que allí se tratan y lo que tiene de herramienta social y política, se hizo en la calle, en una plaza pública, a las puertas del Cuartel de Artillería.

La asistencia fue moderada, unas 70 personas, ciudadanos y ciudadanas que debatieron, que deliberaron libre y apasionadamente sobre aspectos organizativos, clínicos y políticos de la enfermedad mental. Participaron cualificados profesionales, enfermos, familiares y otros ciudadanos. Se habló de trabajo en la comunidad, de apoyo mutuo, de medicalización, de asociacionismo y de respeto a la dignidad de los enfermos.

Cuando ciudadanía consciente se reúne en una plaza pública y delibera sobre  temas que le interesa, se genera un instante. Se creó un instante de vida en aquella calle, instante  que como ocurre con frecuencia,  no recogieron  los cartógrafos oficiales del Reino (`El cartógrafo´, Juan Mayorga).

El tiempo es nuestro y nuestra la responsabilidad de crear, de disfrutar instantes que desafíen la grisácea y monótona realidad de aceleración, producción y consumo  del turbocapitalismo.

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