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REGIÓN DE MURCIA

Murcia de espaldas a Mursiya

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Hace ya tiempo que se demostró que las raíces de la cultura nazarí que floreció en Granada fueron plantadas en Murcia; hablamos de una cultura tolerante, abierta al otro, que permitió los reinados de Ibn Mardanish primero -el rey Lobo- y de Ibn Hud después, el emir musulmán derrotado por los cristianos. Todo el mundo con sensibilidad histórica es consciente de esto, pero, ¡ay! Ese es un material escaso en esta Región, al menos en la Vega Media del Segura.

Ahora se acerca la posibilidad de derrocar otro virreinato, el de los que nos han gobernado los últimos 20 años. Durante mucho tiempo han logrado convencer a la ciudadanía de que esta es una tierra en la que lo único que se puede hacer es apoyar al jefe, porque ese seguidismo les arrojará unos exiguos réditos económicos, ocultando una realidad palpable: que Murcia tiene un enorme potencial turístico y patrimonial que atraería a personas de todo el mundo para disfrutarlo.

Que se sepa, que como se ha visto en Cartagena, la cultura da dinero

Me refiero a la herencia medieval que poseemos. Yo, como humilde guía en ese campo, conozco a las personas que vienen aquí de otros países, a las que solo se les enseña nuestros tesoros barrocos, magníficos por otra parte. Pero les aseguro que esas mismas personas ‘se caerían de culo’ si pudiesen contemplar, debidamente acondicionado, todo lo que tenemos en las inmediaciones de nuestra capital: por ejemplo, los restos árabes de Monteagudo. Es decir, por falta de cultura, nuestros hasta ahora gobernantes están limitando el crecimiento económico de nuestra ciudad desde hace demasiado tiempo.

Gracias a esta estrechez intelectual, el pueblo llano ignora que buena parte del paro aquí existente desaparecería si dejásemos de destinar todos los huevos a la misma cesta, y nos dedicásemos a poner en valor –dudosa expresión- lo que tenemos aquí, que no tienen otras partes del mundo. Porque esos americanos que arriban a Cartagena están muy acostumbrados al despliegue barroco que observan en Murcia, dado que lo pueden contemplar ya en su cercana Sudamérica.

La posible venta del seminario de San Fulgencio o la cesión gratuita de bienes públicos como el colegio de El Carmen son expresiones palpables de ese mismo cerrilismo intelectual, que solo conduce a la penuria económica. El ‘talibanismo’ ideológico, por el que se rasgan tanto las vestiduras al hablar de otros países, es lo que tiene. Entonces, que se sepa, que como se ha visto en Cartagena, la cultura da dinero. Y en nuestra capital la gente viviría más desahogada si nuestros gobernantes, aparte de ir a misa los domingos, leyesen algo de vez en cuando.

Ignacio Benedicto es periodista y guía turístico

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