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REGIÓN DE MURCIA

Papeleta difícil

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Panorama electoral plural y con más elementos atractivos que nunca: incertidumbre, actores nuevos... da la impresión de que, por primera vez en algún tiempo, tenemos la posibilidad de que nuestro voto sea decisivo en un sentido más intenso.

Observo a mi alrededor las opciones. Tengo mis preferencias, como todo el mundo, pero encuentro elementos interesantes en casi todos. Vamos por partes.

Echo un vistazo a Ciudadanos y me interesa mucho su programa económico. Se nota la mano de Luis Garicano, alguien cuyas opiniones sigo de cerca desde hace años: el primero que habla de desenladrillar la inversión pública –no casa mucho con lo de ‘partido del IBEX’-que le atribuyen-; parece que estos sí apuestan de verdad por impulsar la ciencia, y su propuesta de contrato único es interesante. Pero yo no puedo con Albert Rivera, catalán jacobino, que además ha tenido tratos con los tardofalangistas.

Vamos con UPyD. El personaje Rosa Díez me provoca una alergia digna de la unión de ácaros y gramíneas bajo una misma bandera, pero sin su querella por lo de Bankia jamás habríamos visto a un juez meter las narices en tamaña fosa séptica. Servicio impagable. RIP.

¿El PSOE? Parece haber confundido la renovación con el casting, ha sido cómplice de todo lo feo del bipartidismo. Sus prácticas políticas en Murcia tienen un sesgo dinástico feo. Su federalismo es de cartón piedra y no satisface a nadie, parece más un rompeolas que una sala de estar. Su política de infraestructuras para con Murcia, si alguna, es mejor olvidarla. Pero su apuesta por la igualdad aparece creíble, casi de arriba abajo. Aunque sigo preguntándome por qué un partido de la oposición no saca a la luz la situación en el Registro de la Propiedad de Santa Pola.

Expongo mis dilemas porque sospecho que somos muchos en una tesitura parecida

Casi se me olvida Izquierda Unida. Sabemos que están ahí, pero el radar de las propuestas propias no les reconoce. Se les supone vivos. Han hecho su trabajo, pero fallan en el intento de transmitir impulso renovador. Estadísticamente hablando, son un dato truncado.

Hay cosas de Podemos que me gustan. Sin ellos o sin alguien parecido, seguiríamos con una campaña viendo a los mismos de siempre discutiendo siempre de lo mismo. Carolina Bescansa me gusta mucho, pero el discurso de Pablo Iglesias me parece una especie de Monedero pasado por el ecualizador. Por otra parte, dan la impresión de ser capaces de afrontar el paquete territorial con una mente más abierta que los socialistas. Comunican mejor que piensan, y su programa económico... ¿he dicho programa económico? Perdón, me he equivocado. Terminarán por aprender, pero no puede saberse cuánto ni cuándo.

Me pongo benévolo y busco, y encuentro, cosas interesantes hasta en el PP. Su candidato a la alcaldía de Murcia me evoca el Cantar del Mío Cid: “Dios, que buen vasallo, si oviesse buen señor”. Por lo menos el hombre seguro que sabe lo que es pasar regularmente por un cajero automático, todo un avance para su partido en la ciudad. El mismo PP de aquel alcalde de Fortuna condenado una y otra vez, y cuyo partido nunca se atrevió a hacer nada al respecto hasta días después de la confirmación del Supremo. Por poner un ejemplo del vasto repertorio de práctica política levantina que nos circunda. Por cierto, ¿dónde están aquellos carteles de “agua para todos”?

Expongo mis dilemas porque sospecho que somos muchos en una tesitura parecida, con estas u otras dudas. El voto se convierte en un acto cada vez menos determinado a priori por las ideologías y más por las propuestas y por los talantes. Malo para los políticos profesionales que viven de agitar las banderas, y complicado para la mayor parte de los ciudadanos. Tal vez vivificador para la democracia en su sentido más profundo.

Creo que en la necesidad de resolver este conjunto de disyuntivas se expresa lo complejo de ir a las urnas en estos momentos. Las ambivalencias de razones y de emociones que concurren en cada uno de nosotros nos sitúan ante un acto lleno de madurez: escoger entre males menores, o si se quiere, optar entre propuestas llenas de claroscuros. Es necesario ir a votar y votar por algo –y por alguien, ahí está el problema-, aunque terminemos haciéndolo con poca convicción, insatisfechos, tal vez incluso repartiendo nuestros votos entre listas diferentes según el ámbito de la elección. No se puede eludir esta papeleta.

 

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