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REGIÓN DE MURCIA

Servilismo y ferrocarril

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Cuando visitaba otras provincias, no necesariamente más pobladas que la nuestra, y contemplaba sus modernos servicios de cercanías, su red electrificada, sus estaciones con renovadas instalaciones o sus decentes trayectos de larga distancia, siempre me preguntaba: ¿qué ocurre con la Región de Murcia (la séptima provincia en población de un total de cincuenta) para que seamos la “tonta del bote”?

Semejante abandono secular adoptó tintes de tragedia cuando en el 2003 se produjo el accidente de Chinchilla. Un Talgo chocó con un tren de mercancías provocando 19 muertos y 65 heridos. Sólo entonces el Ministerio se decidió a modernizar el obsoleto método telefónico que todavía organizaba nuestro tráfico ferroviario de vía única. Mejoras a golpe de accidente. Si no, es muy posible que todavía hoy 'disfrutáramos' de semejante anacronismo.

Podríamos echarle la culpa al ministro de turno, a los mandamases de RENFE, pero en la búsqueda de culpables para tan nefasto servicio nos faltaría un elemento explicativo básico que con la polémica del AVE y su llegada a la ciudad de Murcia se muestra más evidente que nunca.

En estos lares, los servilismos de todo tipo mueven más voluntades que las necesidades de la ciudadanía

Observar al partido en el poder cumpliendo las órdenes que le vienen de Madrid cuando antes se manifestaba junto a las plataformas (se ve que lo de representar a los murcianos es secundario); a unos empresarios alineándose sin rechistar con las mismas posturas (tampoco es de extrañar ya que su presidente llegó a pedir el voto para 'PAS'); a unos colegios profesionales que parecen velar más por las consignas de “arriba” que por la calidad de unas obras de dudoso diseño a tenor de las pesquisas del fiscal (nada raro cuando algunos miembros de dichos colegios son diputados o simpatizantes populares), nos muestran inequívocamente a una triste realidad explicativa: en estos lares, los servilismos de todo tipo mueven más voluntades que las necesidades de la ciudadanía.

De otra forma sería imposible entender que hayamos estado décadas y décadas aceptando sistemáticamente y sin rechistar las migajas que nos ofrecían ministros de uno u otro signo. Porque, desengáñense, el actual proyecto del AVE es sólo eso, un “regalo” de consolación donde nos eliminan un par de pasos a nivel y luego, a esperar sentados a que nos terminen el soterramiento en no sé bien qué década.

Y es que hablar de plazos nos resulta tremendamente familiar. Nos suena a Camarillas, a corredor Mediterráneo, a variante de Alcantarilla, a electrificación, a desdoblamiento, a tantas y tantas promesas que se llevó el viento mientras practicábamos la genuflexión y el “si bwana”. Así, ¿quién puede confiar hoy en cualquier compromiso futuro del Ministerio o de Renfe?

Su credibilidad es nula y de ahí deriva el conflicto actual. Pero descubiertas las cartas, los murcianos tenemos la oportunidad, gracias a la creciente movilización social y a las minorías mayoritarias en los ayuntamientos, de salir por primera vez de esta espiral que sólo nos ha traído tercermundismo ferroviario. Aunque sólo sea por probar, mientras las “fuerzas vivas” siguen a lo suyo, no estaría mal dejar de lado el servilismo por primera vez. A lo mejor hasta descubrimos que nos va mejor.

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