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REGIÓN DE MURCIA

La Unión Europea y la verdad absoluta

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"La Unión Europea está como la Unión Soviética de los años 80, a punto de romperse", decía hace algunos días el oligarca ruso Konstantin Malofeev, uno de los millonarios mejor relacionados con el Kremlin. La comparación me llamó la atención y me hizo reflexionar. No sé si Malofeev tiene razón, pero sí tengo claro que la Unión Europea (UE) se enfrenta a un cambio inevitable sea cuál sea el desenlace del Brexit.

Pero retrocedamos en el tiempo. Los problemas que ahora arrastra la Unión Europea comenzaron hace nueve años en Estados Unidos, donde a mediados de 2007 estallaba la burbuja inmobiliaria. El efecto dominó afectó a Europa de lleno, y a día de hoy puede decirse que la economía europea ha pagado un precio más alto que la de Estados Unidos.

Tras su aparición al otro lado del Atlántico, el virus invade la zona euro y se extiende desde Irlanda a los países del sur de Europa. Llega acompañado de una drástica disminución del PIB de la zona euro. ¿Tratamiento?: no existe un mecanismo de defensa efectivo. Todo el entramado sobre el que se sustenta el euro se construyó para periodos de bonanza, no para hacer frente a una crisis. La economía europea sufre entonces un colapso sin precedentes en la historia reciente. El símbolo de esa crisis es Grecia.

Aunque la mayoría de los países han logrado controlar la situación, la crisis financiera reveló una amarga verdad: ante los verdaderos problemas, la UE deja de hablar con una sola voz. Esta incapacidad de reaccionar como una verdadera unión ha vuelto a ser evidente con otra crisis, la crisis de los refugiados.

Aunque la mayoría de los países han logrado controlar la situación, la crisis financiera reveló una amarga verdad: ante los verdaderos problemas, la UE deja de hablar con una sola voz

Éste es el escenario en el que cada vez más se hacen oír quienes quieren otra UE o, simplemente, quienes no la quieren. El Reino Unido, que nunca ha llegado a identificarse totalmente con el proyecto europeo, lidera hoy esas voces y se ha convertido en símbolo del nuevo colapso europeo, en este caso un colapso político.

Pero calma, porque una hipotética salida del Reino Unido no supondrá ni muchos menos un Armagedón económico ni tampoco tiene por qué provocar el final de la Unión Europea. Un proceso de salida tomaría años, y casi con seguridad los británicos acabarían suscribiendo un acuerdo comercial con el resto de la UE, lo que significa que Londres tendría que adaptarse a gran parte de la legislación europea, por lo que la soberanía recuperada por el Reino Unido no sería más que una ilusión.

Otra cosa es el estado famélico en el que quedaría el proyecto europeo sin el Reino Unido, ya que vería mermada todas sus capacidades, incluida la militar, pues en esa hipotética UE amputada sólo Francia contaría con un Ejército realmente fuerte.

Lo cierto es que tanto la salida como la permanencia conducen a un cambio en el modelo europeo. Ya no se pueden acallar las voces que proponen otra Europa. Se les acusa de euroescépticos, pero ellos dicen que no lo son, que simplemente creen en otra Unión Europea. ¿Se puede creer en otra UE? Parece que sí se puede. En países de Europa del Este, como Polonia, hay políticos que aseguran que Europa y sus subsidios han traído menos ventajas de las que los ciudadanos piensan, y piden cambiar de rumbo.

La verdad absoluta de que la Unión Europea es buena y positiva se ve por primera vez cuestionada. De hecho, muchos británicos ya la cuestionan. Así las cosas, pienso en España. Me gustaría saber si ser parte de la UE nos ha beneficiado tanto como creemos. No sólo se trata de hacer números, sino que habría que ir más y abordar un debate más profundo. ¿Merece la pena cuestionarse una verdad absoluta? 

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