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REGIÓN DE MURCIA

De retretes, imputados e investigados

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A lo largo del tiempo, como consecuencia de un proceso de evolución lingüística, la palabra "retrete" adquirió de pleno el significado de "aposento para orinar y evacuar el vientre", como adición o derivación de su significado original, hoy prácticamente olvidado: "Cuarto pequeño en la casa o habitación, destinado para retirarse".

El caso de "retrete" no es el mismo que el del cambio de "imputado" por "investigado" en la legislación vigente y en el espacio concreto de la corrupción política. Son distintos pero se parecen mucho, pues ambos se insertan, aunque no lo parezca, en el mismo campo semántico.

Probablemente la palabra "retrete" en su acepción más actual se utilizó originariamente como eufemismo. Procedente del latín "retractum" (lugar retirado) para derivar al catalán o provenzal "retret" y acabar en el castizo y hoy también desusado "retrete". Y es que las lenguas tienden a designar de manera indirecta aquello que es considerado sucio, perverso, mal visto o socialmente deleznable.

Por eso determinadas palabras que originalmente actúan como eufemismos (adquiriendo significados adicionales y para evitar otras) acaban convirtiéndose también, con el paso del tiempo, en tabúes y necesitan, a su vez, ser sustituidas.

Esta es la razón de que determinados significados no sean directamente reflejados y hayan tenido a lo largo de la historia significantes tan diversos, que se han solapado y han compartido espacio y tiempo.

Retrete, letrina, excusado, inodoro, lavabo, servicio y hasta el francés "toilette" o, para mejor entendimiento, el inglés "Water-closet" (armario o gabinete de agua), después sólo Water (por economía lingüística) y, finalmente, nuestro váter (con su tilde y todo) son términos que responden o ejemplifican lo apuntado anteriormente.

Determinadas palabras que originalmente actúan como eufemismos acaban convirtiéndose también, con el paso del tiempo, en tabúes

El problema surge cuando alguien intenta forzar esa evolución natural con un determinado cambio terminológico, produciéndose la percepción unánime de que hay una pretensión obscena en el planteamiento. Este se observa, entonces, como burdo y ofensivo para la inteligencia colectiva de los ciudadanos. Si además se plasma en una ley, el esperpento está servido.

El primero (retrete) supone una evolución de la lengua, natural y frecuente, por decoro colectivo. El segundo (investigado) es una modificación forzada y escapista, diseño y consecuencia de mentes perezosas y sinvergonzonas.

La palabra imputado ha modificado su significado jurídico hasta convertirse socialmente en una calificación condenatoria, mas allá de la presunción de inocencia, de la naturaleza del asunto o cargo que se imputa y de la sentencia que sobre el mismo se pudiera producir. Esto es así.

Pensar, sin embargo, que cambiando "imputado" por "investigado" se modifica o distrae la conciencia colectiva y el desprecio ciudadano sobre los hechos que subyacen, es como defender que cuando alguien se dispone a defecar no está en proceso de cagar, sea en el "retrete" o en el "servicio".

Así, ya no habrá imputados en las listas. El PP ya no llevará imputados en sus listas porque todos se llamarán "investigados". Quienes hacen estos planteamientos tan inteligentes no se han percatado de que esto no se soluciona con perífrasis o eufemismos, pues "la con perdón" huele aunque no la llames por su nombre.

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