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Ibn Arabi, el viajero de los mundos (II)

Ilustración Ibn Arabi

“Existen tantos caminos a Dios como alientos en los seres”, dejó escrito Ibn Arabi.

Para el místico murciano todas las creencias tratan de aproximarse a una única divinidad, cada cual con su visión. Y todas lo logran, de manera parcial.

“Lo que lo hace enormemente actual y capaz de conectar con todas las corrientes de pensamiento modernas es la unidad que concibe en la diversidad de creencias”, afirma Pablo Beneito, profesor del Departamento de Traducción e Interpretación de la Universidad de Murcia y presidente de MIAS-Latina.

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Ibn Arabi, el viajero de los mundos (I)

Ilustración Ibn Arabi

“Velad por no estar atados a una creencia concreta que niegue las demás, pues os veréis privados de un bien inmenso (…) Dios es demasiado grande para estar encerrado en un credo con exclusión de los otros”.

Estas palabras fueron escritas en el siglo XIII por el místico, pensador y poeta musulmán Ibn Arabi (conocido también como Ben Arabi), nacido en la Murcia islámica de 1165.

Viajero inagotable (recorrió Al-Ándalus, el norte de África, Turquía y Oriente Medio), vivificó el sufismo, la corriente mística islámica que aboga por la profundización en el propio yo como modo de llegar al conocimiento de lo divino.

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¡Viva Zapata!

Diego Mateo Zapata por Rubén Bastida, estudiante de Ilustración de la Escuela de Arte de Murcia

A los pies del altar mayor de la iglesia de san Nicolás de Bari, una tumba contiene los restos de uno de los hombres más famosos en la España de la Ilustración: el doctor Diego Mateo Zapata.  Se trata del extraño y curioso caso de un condenado  por la Inquisición  por judaizante cuya tumba hallamos en lugar de privilegio en un templo católico. Esta singularidad tan chocante excita nuestra curiosidad.

Nunca un científico murciano había sido alabado y admirado en vida del modo en que lo fue Zapata, calificado en su tiempo como “el médico de la época” , “el médico de moda”, “raro ingenio del siglo XVIII”, “el último escalón de la perfección médica”, etc.  

¿Por qué la ciudad que fue su cuna y en la que reposan sus restos  apenas lo recuerda?

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Elisa Séiquer: un salto sobre el tiempo

Elisa Séiquer por Teresa Arroyo, estudiante de Ilustración de la Escuela de Arte de Murcia

'Juego de muchachos', de Elisa Séiquer, es una escultura a la que hay que rodear varias veces para poder apreciarla en toda su belleza: su composición sólida, equilibrada y al mismo tiempo frágil y dinámica; sus huecos, su volumen. Dos niños desnudos y delgados se agarran por las muñecas y tiran el uno del otro en direcciones opuestas, cruzando sus piernas. Es una escena alegre aunque ninguno de los dos esboza más de media sonrisa. Están concentrados en su juego.

La escultura fue colocada en 1982 en los jardines del Malecón, en Murcia, y desde el primer momento atrajo a vándalos homínidos que le dieron golpes y la mutilaron. Siete años después fue retirada y guardada en un almacén municipal, donde durmió el injusto sueño de los justos mientras los vándalos antes descritos proseguían con su vida y, suponemos, corrían por las calles. Séiquer aún vivía. En 2008, doce años después de la muerte de la autora, el Ayuntamiento de Murcia restauró la escultura y la colocó en el Jardín de Isaac Peral -lamentablemente conocido como 'de las Tres Copas'-.

Aunque no es una obra que muestre el estilo más característico de Elisa Séiquer (Murcia, 1945-1996), el recorrido de 'Juego de muchachos' podría ser una metáfora del reconocimiento -y del no reconocimiento- de la escultora. Sus inquietudes vitales y artísticas en mitad de un triste letargo cultural, sus ideas de libertad en plena alienación de la dictadura franquista, su condición de mujer en un país machista y, en definitiva, su presencia en un mundo hostil, no fueron suficientes obstáculos para ella gracias a su carácter fuerte y a su anhelo por experimentar; a su necesidad de formularse preguntas sin descanso.

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En los dominios del rey Lobo

Rey Lobo

Mohamed ibn Mardanis (1124-1172), conocido como el rey Lobo por su astucia diplomática y militar, convirtió Murcia -entonces Mursiya- en capital de un reino cuyo territorio dominó el sureste peninsular de Cuenca a Almería durante los segundos reinos de taifas. Llevó la ciudad a un esplendor político y comercial inéditos, y logró mantener a raya durante 25 años la feroz expansión almohade. Aunque el esplendor de su mundo fue breve, sus ruinas aún pueden contemplarse en muchos lugares de la ciudad.

Ibn Mardanis nació en Peñíscola en el 1124, en el seno de una familia aristocrática de muladíes (cristianos convertidos al Islam en el siglo VIII). Algunos sostienen incluso que su apellido podría derivarse de Martínez.

Su ascenso político coincide con la decadencia del Imperio Almorávide, entre cuyas cenizas, ayudado por la fortuna y por su arrojo, logró abrirse paso.

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