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REGIÓN DE MURCIA

Las redes sociales se imponen a los carteles y los coches con megafonía

Analizamos la pugna electoral entre partidos políticos en las redes sociales y repasamos algunos datos

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La actividad de los tuiteros en las elecciones andaluzas fue reflejo del voto

En esta campaña no se está oyendo tanto como solía la megafonía de los coches lanzando mensajes políticos en las calles de las ciudades. Tampoco las paredes quedan literalmente tapiadas de carteles como en otros tiempos sucedía. Los candidatos de los distintos partidos, en vez de grandes mítines, buscan actos más atomizados, casi familiares, en recintos pequeños. El mismísimo presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, quizá escarmentado por el escaso poder de convocatoria que demostró en abril durante su última visita a Murcia, apoyó ayer a José Ballesta y Pedro Antonio Sánchez en un formato mini. En oposición a esto, un nuevo elemento ha entrado en juego y los partidos tratan de utilizarlo de la manera más eficaz posible: las redes sociales.

Son clave para llegar a los votantes más jóvenes. Obama fue el primero en utilizarlas exitosamente en su campaña. Luego llegaron a España, donde, según los especialistas, su introducción en el campo de la comunicación política fue bastante desacertada: Los políticos, en vez de comunicarse con los usuarios, que es la gran ventaja de Twitter o Facebook, se dedicaron a llenar sus perfiles con vacíos mensajes de propaganda que eran percibidos por la gente como spam.

Al parecer, se ha aprendido la lección: Esta, sin duda, está siendo la campaña de las redes sociales. Las cosas siguen sucediendo (o, mejor dicho, escenificándose) en la calle y en los platós de televisión, pero es en la red donde las noticias corren como la pólvora, ya sea la falsa foto de Albert Rivera como joven skin head o la del candidato socialista de Meruelo (Cantabria) posando desnudo y con sus partes pudientes ocultas por una rosa para sugerir transparencia.

También en Murcia la campaña digital ha cobrado gran protagonismo con webs dinámicas y constantemente actualizadas; con uso de canal Youtube y de cualquier otra herramienta que internet ponga a mano.

En términos reales, sin embargo, hay que decir que los números son más bien discretos, lo que obliga a reflexionar sobre la verdadera influencia de las redes sociales a la hora de recabar votos.

Podemos es sin duda la fuerza que con más éxito se mueve en lo digital. En la Región de Murcia, cuentan con 8.680 seguidores en Facebook y 4.090 en Twitter.

El tirón de Ciudadanos es más humilde en este campo: 1.797 seguidores en Facebook y 3.531 en Twitter. UPyD, por su parte, apenas cuenta con 427 seguidores en Facebook, cifra que mejoran en Twitter: 2.681.

PSOE y Ganar la Región de Murcia no desdeñan tampoco las redes sociales. Los socialistas tienen 2.120 seguidores en Facebook y 2.856 en Twitter. Por su parte, la formación de izquierdas que presenta a José Antonio Pujante como candidato a la presidencia de la región acumula 2.833 seguidores en Facebook y 1.712 en Twitter.

El Partido Popular es el que, a tenor de los números, con más despreocupación utiliza el mundo digital. Los populares cuentan con sólo 1.756 seguidores en Facebook. Además, si el usuario introduce en la red social “Partido Popular Murcia” aparece una página no oficial que define a la formación como “negocio local”, algo que, estando como están las sensibilidades en cuanto a temas de corrupción, puede causar mal efecto. En Twitter, el PP cuenta con 2.117 seguidores.

En cualquier caso, se trata de cifras minúsculas en comparación con la totalidad del electorado. No es de extrañar, pues, que los partidos sigan recurriendo a lo de toda la vida. Por ejemplo: A Daniel Ruiz, candidato de VOX a la presidencia regional, se lo puede uno encontrar en la calle, frente a su sede, repartiendo él mismo propaganda electoral. Y Pablo Iglesias, que tan buen estratega de la comunicación es, animó a sus seguidores en el mitin que dio en Murcia “a conseguir cinco votantes cada uno antes del día 24”. Esto en algo recuerda a las viejas cadenas de mensajes con supuestas bendiciones o maldiciones de santos. Técnica ancestral donde las haya: Su origen es medieval.

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