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REGIÓN DE MURCIA

El rector de la Universidad de Murcia se enfrenta al PP en defensa de la comunidad universitaria

José Orihuela ha leído un manifiesto en el que apela a la unidad de la comunidad universitaria en unos momentos en los que "el país se nos cae a pedazos": "Hemos llegado hasta aquí tras un proceso de mercantilización de los servicios y patrimonios colectivos"

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José Orihuela, rector de la UMU, leyendo el manifiesto en el campus de La Merced

José Orihuela, rector de la UMU, leyendo el manifiesto en el campus de La Merced

El rector de la Universidad de Murcia no ha tardado en reaccionar a las declaraciones del portavoz del Partido Popular de la Región, Víctor Martínez, que le acusó de no estar a la altura de la institución que representa por querer "entrar en campaña". Martínez añadía que se trataba un "hecho inédito", y le decía a Orihuela que si quería participar del debate político, tendría que haber pedido que se le incluyera en las listas "de algún partido afín".

De ese modo respondía el PP a un vídeo de la UMU en el que el rector, José Orihuela, afirmaba que "todos los partidos, excepto el PP", habían aceptado el plan de financiación plurianual puesto encima de la mesa por la universidad pública de Murcia. Orihuela también advertía del posible colapso financiero de la centenaria institución docente murciana en uno o dos años, si no se mejoraba la financiación.

Esta mañana, en un acto en defensa de la universidad pública, el rector de la UMU ha leído un expresivo manifiesto en el que defiende su derecho a salvaguardar los intereses de la institución docente, de sus alumnos y de toda la comunidad universitaria. El discurso de José Origuela puede leerse íntegramente aquí:

Discurso del rector de la UMU en defensa de la universidad pública

Universitarios y amigos

He venido a reunirme con vosotros para hacer un llamamiento a la unión de la comunidad universitaria. Si alguien me hubiera dicho en los noventa, que yo tendría que vivir como rector lo que me ha tocado vivir, no lo habría creído.

La historia practica juegos muy curiosos, y hemos llegado hasta aquí tras un proceso de mercantilización pautada en relación con los servicios y patrimonios colectivos que tantas décadas había costado edificar con nuestro esfuerzo y el de las generaciones precedentes.

El país se nos cae a pedazos. Y el problema en nuestra Región adquiere una gravedad sobresaliente, pues a los gravosos y desalentadores casos de corrupción de la clase política, se une el hecho de que, a golpe de recorte, parece existir un plan para arrebatarnos el empleo, la paz, la libertad y la dignidad como universitarios.

Vengo a pediros que si las bombas nos dejan sordos, al menos no lleguen a silenciarnos. Yo hablaré. Yo lo haré por todos nosotros, pero necesito sentir vuestro calor a mi lado en estos tiempos de tribulación.

Se dice por ahí, con mucho cinismo y muy mala intención, que si soy el rector de tal o cual opción política. Vengo oyendo esa cantinela desde antes de las elecciones al Rectorado. Pero yo no soy el rector de ningún partido, y no me pronunciaré en clave política, en contraste con esos fanáticos de la macroeconomía o estos talibanes de la eternidad, que parecen tener mucha idea sobre la educación murciana, pues llevan tiempo tejiendo afanosamente su telaraña de información.

Pero no puedo permitirme el confort individual que produce la negación de los hechos, las evidencias y los sucesos. Y como hemos visto, -ayer me pronuncié institucionalmente en la web de la Universidad de Murcia-, todos los partidos políticos, excepto el Partido Popular, han apoyado públicamente el Plan de Financiación Plurianual de la Universidad de Murcia. Un plan en el que, responsablemente, asumimos un porcentaje importante de la subvención en función de objetivos de eficiencia. El partido en el Gobierno regional dice, por el contrario, que la financiación actual es adecuada. Una financiación que conduce a la quiebra de la Universidad de Murcia en un par de años como mucho.

Tal vez reconducir el presupuesto de la Universidad de Murcia a unos niveles que permitan su funcionamiento armónico resulte incompatible con mantener la rentabilidad que exigen sus redes clientelares. Pero eso no tiene nada que ver con el buen gobierno que los ciudadanos demandan. La Región necesita universidades públicas y de calidad. Y esa es nuestra misión.

Soy consciente de que anunciar catástrofes ya no resulta creíble. Pero ninguna moratoria virtual y hedonista nos separará del tiempo y del territorio real que ocupamos, en el que, o tomamos las riendas de nuestro destino común, o algunos individuos ajustarán el yugo con que atenazar a nuestros hijos después de este academicidio programado.

Debo reiterar que lo que a nuestros gobernantes les parece normal, a nosotros nos conduce a la quiebra. Pueden acusarme de alarmista, o de partidista. Lo harán, lo están haciendo ya. También pueden amenazarme. Lo están haciendo ya. ¿Debo, entonces, permanecer callado, queridos compañeros y alumnos? ¿Debería ser complaciente y consentidor para poner a salvo mi reputación de las voces y opiniones conniventes con los que tienen en sus manos la gestión del dinero público? ¿debería quedarme inerte ante tanta mentira pública y tanta corrupción, permitiendo que con la verdad nadie pueda dar un paso, mientras que con la mentira se pueda lograr la navegación interplanetaria? ¿soy yo, somos los universitarios de la universidad pública, los que tenemos el monopolio de la violencia verbal y la irresponsabilidad institucional, o lo son aquellos otros que condenan a nuestros hijos al desempleo, la emigración y la desesperanza, amén de un futuro amedrentado a los trabajadores de la Universidad?

En la puerta de esta honorable facultad, la historia nos observa con atención. Séneca decía que las revoluciones se alimentan de la represión. Ojalá todo este sufrimiento emerja de repente como un supercreador de colectividad. Vamos a apretar las filas, amigos míos. Hagámoslo con valentía, ya que nada debemos temer con la verdad en nuestros corazones. Somos muy fuertes si nos mantenemos unidos. Es el momento de resistir y de reaccionar. Y, si al final nos derriban, que nos pillen de pie y bien cogidos de la mano.

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