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España, potencia europea en cabezas de caballo en la cama

A uno de los fiscales anticorrupción de Murcia le han entrado en casa dos veces. Los ladrones no buscaban dinero; buscaban información sobre la lucha contra la corrupción. Lo extraordinario del caso es que los delincuentes no disimularon su objetivo: no se llevaron la tele de plasma ni dinero en metálico, no tocaron nada salvo el ordenador y la caja en la que guardaba el teléfono móvil. Querían mandarle un mensaje. A su manera estaban dejándole una cabeza de caballo en la cama. Como en El Padrino.

La historia la contaba esta semana en la Cadena Ser Manuel López Bernal, el fiscal superior de Murcia que impulsó la investigación contra el presidente de la comunidad y que ha sido relevado. "Yo creo que la mayoría de los fiscales anticorrupción siente una cierta desprotección. Al menos, los compañeros con los que he hablado dicen sentirse así. Y lo que no puede ser es que al final los perseguidos seamos los fiscales que luchamos contra la corrupción por delante de los corruptos", explicaba López Bernal.

Que te dejen la cabeza de tu caballo en la cama es complicado: no todo el mundo tiene un caballo en casa. Por eso se han inventado otras formas de hacer llegar recomendaciones a quienes osan cruzar la línea: los aventurados que denuncian la corrupción dentro de su partido no son escuchados y, si continúan con sus impertinencias, son crucificados; en las empresas, el ostracismo o el despido son la respuesta; los poderes económicos se filtran en los medios, etc.

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Salir o no salir de un grupo de whatsapp

El otro día tomé una de las decisiones más arriesgadas que se pueden tomar en la vida: abandoné un grupo de whatsapp. Lo hice un martes de madrugada para pasar desapercibido pero en el grupo quedó el rastro que me delata: "Iker Armentia salió". Pensaba que esta osadía me crearía muchos problemas, pero estoy relativamente bien: me acogí a un programa de protección de testigos, ahora vivo en Tucson, Arizona, y me llamo Mike Roberts.

Puedo asumir las consecuencias de mis decisiones, sé lo que me pasará si dejo de ir al curro por las mañanas o provoco un magnicidio, pero abandonar un grupo de whatsapp me suscita una gran inquietud. ¿Se lo tomarán mal? ¿Dejarán de saludarme y no me hablarán nunca más en la vida? ¿Me convertiré en un paria social? ¿Me descuartizarán y mandarán mis pedazos por correo a los medios de comunicación?

Abandonar determinados grupos de whatsapp en los que te han incluido contra tu propia voluntad produce una sensación extraña: hace que te sientas culpable con gente a la que apenas conoces. Mi ama se ha enfadado o un colega ha pillado un berrinche, bueno, ya se les pasará o ya lo arreglaré, pero ¿y esa gente desconocida con la que apenas hablo qué pensará de mí? ¡Dejadme volver al grupo, por favor! ¡En realidad no fui yo! ¡Fue mi hija mayor que me cogió el móvil!

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Guía de artimañas para reabrir una central nuclear en España

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La central nuclear de Garoña

La central nuclear de Garoña debía cerrar en julio de 2013 pero lo hizo a finales de 2012 porque no era rentable. La empresa Nuclenor (participada por Iberdrola y Endesa) tomó la decisión pocos días antes de que empezara el nuevo año que amenazaba con impuestos millonarios para el combustible nuclear "hasta el punto de llevar a Nuclenor a entrar en causa de disolución y en situación concursal", según palabras de la propia empresa.

Garoña cerró un año después de cumplir sus 40 años de vida útil. Los riesgos derivados de su antigüedad, su papel residual en la generación de energía en España  y el vencimiento de la vida útil recomendaban echar la persiana.

Zapatero pudo haber aprobado el desmantelamiento definitivo de Garoña en 2011, pero lo evitó y autorizó una prórroga de dos años. Los suficientes para no molestar a las eléctricas y permitir que el PP –que llegó a la Moncloa en 2011– comenzara la larga marcha hasta el despropósito que hemos vivido esta semana.

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El peligro de terminar como Pérez-Reverte y Javier Marías

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Arturo Pérez-Reverte

Con un bote de ansiolíticos y una cadera pocha crucé el pasado año el rubicón de los 40, esa edad en la que se supone que hay que mirar hacia atrás y hacer balance de lo vivido para tomar impulso hacia lo que llaman madurez y que no se sabe muy bien qué es. No soy especialmente partidario de visitar el peligroso parque de atracciones de Conócete A Ti Mismo: conocerse a uno mismo no trae más que problemas y… ¿quién de verdad no se conoce a sí mismo a estas alturas? Si tengo que elegir, prefiero la siesta a la terapia. Es más barata.

Y sin embargo desde hace un tiempo empiezo a notar una perturbación en la Fuerza que me preocupa. Ocurre de repente, de forma involuntaria. En el cumpleaños de algún crío se habla de que ya no se trabaja como antes y que ahora lo primero que quieren saber es a qué hora se sale del trabajo, y los políticos, madre mía, los políticos antes eran unos tipos serios, no este desmadre de la tele, y además son todos unos ladrones, y ese sobrino que ha pencado cinco y pasa de todo, solo piensa en salir los fines de semana y llega a las mil a casa y... Y ahí estoy yo, en silencio, hasta que me sumo con entusiasmo a la orgía de los lamentos: "¿Pero a esas horas qué hay abierto? ¡En qué tugurios andarán!".

Esto es más viejo que Sócrates –"los jóvenes hoy en día son unos tiranos, contradicen a sus padres, devoran su comida y le faltan el respeto a sus maestros"–, pero no deja de ser patético –y adictivo y reconfortante– que para justificar cierto sentido a nuestra existencia tengamos que arremeter por defecto contra los que vienen por detrás, contra las nuevas expresiones políticas y culturales, contra las nuevas formas de relacionarse, contra todo lo que no sea nuestro pasado criogenizado en una nostalgia perfecta. Y falsa.   

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El mundo en el que vive el 1%

Cuando al presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, un periodista de TVE le preguntó en Davos por el encarecimiento de la factura de la luz, contestó que "todo el mundo se acuerda cuando sube". En España un 11% de los hogares se declaran incapaces de calentar su vivienda en invierno, son cerca de 5 millones de personas afectadas, según el estudio de ‘Pobreza, vulnerabilidad y desigualdad energética'  realizado por la Asociación de Ciencias Ambientales. Ignacio Sánchez Galán ha acumulado más de 100 millones de euros de salario en los 15 años en los que lleva al frente de Iberdrola. Gana alrededor de 26.000 euros brutos al día.

Después de que el ministro Guindos anunciara una modificación de la Ley Hipotecaria por la sentencia europea sobre las cláusulas suelo, el presidente de Bankia, José Ignacio Goirigolzarri, explicó que "España ha tenido y tiene el mejor mercado hipotecario del mundo". "Es verdad que ha habido gente que ha tenido problemas, desahucios, etc. Pero solo afectan al 1%-2% de los hipotecados", añadió. Según el Banco de España, el fraude bancario de las cláusulas suelo puede alcanzar hasta los 4.200 millones de euros. Para Bankinter, la cifra podría alcanzar los 7.500 millones de euros.

Alrededor de un millón de personas (856.388 de los principales bancos) fueron engañados por entidades bancarias en la mayor estafa que ha conocido España en las últimas décadas: las preferentes. El coste de dinero público para rescatar a los bancos españoles ha sido de 41.786 millones de euros, mientras miles y miles de familias han sido desahuciadas. Esta semana por primera vez han entrado en la cárcel banqueros que participaron en el saqueo de las cajas de ahorro. 

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A los curas pederastas los tienen que juzgar los jueces, no los curas

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El exvicario general de Gipuzkoa Juan Kruz Mendizabal

La escena empieza en una comisaría de policía de Boston en 1976. En una de las salas, dos niños dibujan en unos papeles, mientras un cura intenta convencer a la madre para que no denuncie al religioso que ha abusado de ellos. Lo consigue. El abusador sale con paso rápido por la puerta y monta en la parte trasera de un coche junto al emisario que ha mandado la Iglesia. El coche arranca y desaparece.

Así es el comienzo de ‘Spotlight’, la oscarizada película el pasado año que relata la investigación que llevó a cabo un equipo de periodistas del Boston Globe sobre los abusos sexuales que habían sufrido decenas de niños y el encubrimiento de las autoridades religiosas de la ciudad.

Lo que viene ahora no es una película. 1994. Burgi, Navarra. Es de noche en el campamento de los scout. Un chaval de 13 años se despierta sobresaltado en su tienda de campaña. Alguien le está tocando los genitales mientras se masturba. El chico está paralizado. No sabe qué hacer. Comienza a gritar “agua, agua” y golpea la tienda y finalmente sale de un salto y se enfrenta al abusador, un religioso de 32 años que es monitor del campamento. Al día siguiente, regresa a casa con sus padres. Más adelante los monitores se reúnen con el chico y sus padres, y les dicen que es su palabra contra la del cura, que lo niega todo. Y se comenta que si los abusos se hacen públicos tendrá consecuencias, la prensa, etcétera, y eso también le podría perjudicar. Él llora del disgusto. Los abusos no trascienden.

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El simulador de voz de Urkullu que nos alegró la Nochevieja

Urkullu durante el mensaje de fin de año (el de verdad)

El pasado 31 de diciembre fue uno de los días más divertidos de 2016 en Euskadi pero al lehendakari Iñigo Urkullu no le hizo ni puñetera gracia. Durante unas pocas horas los teléfonos móviles de muchos vascos se llenaron de felicitaciones personalizadas del lehendakari: Urkullu te felicitaba por tu próxima boda, Urkullu recordaba aquella anécdota antológica de tu cuadrilla en las fiestas de Elantxonbe o Urkullu reconocía que esa pasada noche se le había ido la mano con los chupitos de Jäger y te deseaba un feliz año con un descacharrante “joder, qué resaca, Dios”.

No era Urkullu, por supuesto. Urkullu es un lehendakari abstemio que brinda con agua y no tiene ni idea de lo que pasó en Elantxobe o de si te casas en abril. Se trataba de una aplicación desarrollada por  el grupo Aholab de la Universidad del País Vasco (UPV) que permitía algo tan sencillo y maravilloso como escribir un texto de no más de 500 caracteres y te devolvía un audio con la voz de Urkullu, un poco más robotizada y sosa de lo habitual pero con la voz de Urkullu. Milagro. Y risas. Un ejemplo:

Lendakariaren mezu bat filtratu da. @ttunttunbrigade behintzat aipatzen ditu. Bada zerbait... pic.twitter.com/PmZjjrLiDD

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Elogio de la pereza

Aparentemente hay cierto consenso en que 2016 ha sido un año de mierda. Donald Trump al frente del Imperio, el Brexit, la ultraderecha abriéndose paso en Europa, la claudicación del PSOE para darle el Gobierno al PP, etc. Y, sin embargo, de la pocilga que ha sido este año siempre se puede sacar alguna lección, incluso de los personajes más inesperados. Es el caso de Mariano Rajoy. No entraré hoy a valorar sus planteamientos políticos (ya los hemos criticado con dureza en esta columna a lo largo de los últimos años): hoy toca hablar de su actitud vital. En concreto, de su actitud para gandulear sin rubor; su capacidad para afrontar con despreocupación los retos del día a día; su capacidad para no hacer nada cuando todo el mundo le pide a gritos que haga algo.

Sí, he de reconocer que en este sentido Rajoy me ha ganado. Frente a los apologetas de la hiperactividad y la necesidad imperiosa de estar supermotivados y buscar un sentido a la vida en la entrega personal al trabajo, Rajoy ha demostrado que se pueden conseguir los objetivos del curro esforzándose lo justo y necesario. Él decidió, en contra de las reglas básicas de las biblias de autoayuda sobre éxito personal, que lo mejor era quedarse en la zona de confort y no arriesgarse. Así que para seguir gobernando Rajoy permaneció sentado y se fumó un puro mientras sus rivales políticos se destrozaban. Y algunos todavía siguen descuartizándose.

Rajoy nunca será invitado de ponente a uno de esos cursos de motivación que ahora organizan las empresas para someter -todavía más- la voluntad de sus empleados. Rajoy parece, en esencia, un tipo feliz al que no le gusta hablar del trabajo después del trabajo. Aunque Mariano Rajoy puede holgazanear a gusto porque es uno de los pocos españoles que no tiene jefe. Él es el jefe. Para la mayoría es algo más complicado.

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Nos quieren en soledad, ¿nos tendrán en común como a los sioux?

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Tal día como hoy hace exactamente 150 años el teniente Bingham y el sargento Bowers eran enterrados junto al Fuerte Phil Kerney. El fuerte había sido levantado por el Ejército de los Estados Unidos en la última frontera del norte del país para proteger de los ataques indios a las caravanas que cruzaban Wyoming camino de las montañas de Montana, donde se había despertado la fiebre del oro. Los dos oficiales habían muerto en una emboscada india tres días antes, después de que un destacamento fuera atraído con señuelos a una trampa mortal planificada por el gran jefe sioux Nube Roja.

Unos días después unos 2.000 guerreros indios volverían a la carga y esta vez decenas de soldados del Fuerte Kerney morirían descuartizados y con las cabelleras arrancadas, en una batalla conocida como la Masacre de Fetterman que supondría una derrota inédita en la conquista de las naciones indias que los blancos habían iniciado siglos antes. Los indios ganaron aquella guerra y forzaron al Gobierno de Estados Unidos a aceptar sus condiciones: varios fuertes fueron abandonados y se cerró la ruta que cruzaba el territorio indígena.

El sometimiento definitivo de las pueblos indígenas que vivían en las Grandes Llanuras llegaría más tarde, pero "el gran jefe guerrero Nube Roja fue el único indio capaz de afirmar haber vencido a Estados Unidos", escriben Tom Clavin y Bon Drury en ‘El corazón de todo lo existente’. ¿Cómo lo había logrado Nube Roja?

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La última pataleta cipotuda de las élites se llama posverdad

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La palabra del año para el diccionario Oxford es posverdad. Según explica el diccionario, posverdad es lo “relativo a circunstancias en las que los hechos objetivos son menos influyentes en la opinión pública que las emociones y las creencias personales”, una definición que podría tallarse en piedra a la entrada de las facultades de Publicidad. Posverdad, esa palabra tan pija -que es mucho más ampulosa que la desgastada palabra mentira- se ha puesto de moda en 2016 por la victoria de Trump o el Brexit, pero hace más de 30 años que Eskorbuto ya cantaba a la posverdad sin necesidad de dárselas de politólogos: “La mentira es la que manda, la que causa sensación, la verdad es aburrida, ¡puta frustración!”.

Al parecer, el término se usó por primera vez en 1992 -¡qué mayor posverdad que el fraternal descubrimiento celebrado en la Expo de aquel año en Sevilla!- cuando Steve Tesich escribió que “nosotros, como pueblo libre, hemos decidido libremente que queremos vivir en una especie de mundo de la posverdad”. El argumento en el que se está insistiendo estos días es más o menos el siguiente: en la recién estrenada era de la posverdad la verdad no es relevante para la ciudadanía y las redes sociales, en especial Facebook, se han convertido en máquinas de propagar las mentiras de los políticos populistas y de los medios que los apoyan. La gente prefiere confirmar sus ideas a contrastarlas con la realidad. La pasión se ha impuesto a la razón. Léannos a nosotros o estarán perdidos.

Al parecer todo esto es nuevo, pero lo nuevo es que a la lista habitual de las víctimas de la posverdad se han sumado las élites políticas y mediáticas. Hasta ahora era el stablishment quien imponía su relato con mayor o menor dificultad, utilizando las técnicas más refinadas de la posverdad y distribuyéndola en dosis adecuadas, pero ahora son los políticos ‘serios’ y los medios ‘serios’ los que la están sufriendo. Han perdido el monopolio en la comunicación y, como es lógico, protestan. De ahí el alboroto que están montando. Iñigo Lomana lo llama Ataque de Pánico de los Emisores Legitimados.

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