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En Asia hay playas: traduciendo a Susana Díaz

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Este domingo Susana Díaz lucha por la secretaría general del PSOE. Ante la confusión que ha surgido sobre uno de los epígrafes dedicados a la cultura en su programa electoral (titulado 'Cultura y desarrollo económico'), ofrecemos aquí unas claves para desentrañar su significado párrafo a párrafo.

Cultura y desarrollo económico (son dos de los ingredientes básicos para conseguir una exitosa carrera de corrupción en España y la razón por la que todo político quería tener algo parecido a un Guggenheim en su ciudad para fardar con otros alcaldes y hacerse unos ahorrillos en comisiones ilegales, que las vacaciones en Bali no se pagan solas y los niños tienen que ir a Estados Unidos a estudiar).

La cultura determina la sociedad y la civilización y nos hace más libres y más felices (y consigue que la candidatura de Susana Díaz escriba su programa electoral a las primarias socialistas con la profundidad de un capítulo de 'Peppa Pig'). Pero en el siglo XXI la cultura debe ser parte del desarrollo económico (vamos, que la cultura nos hará libres y felices pero en pleno auge neoliberal no queda otra que mercantilizarla y dejar que se impregne de la lógica del mercado, lo que nos hace menos libres y menos felices).

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¿Tiene sentido viajar en la actualidad?

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Réplica del autobús de Christopher McCandless en Healey, Alaska

La foto la manda un colega que está viajando por Alaska estos días. En la imagen aparece el autobús en el que  Christopher McCandless vivió en soledad sus últimos días, atrapado por la crecida del río Teklanika. McCandless era un chaval que había decidido dejarlo todo tras graduarse en la universidad. "Se cambió el nombre, entregó los 24.000 dólares que tenía ahorrados a la caridad, abandonó su coche y la mayoría de sus pertenencias y se fundió el dinero que le quedaba en la cartera", escribe Jon Krakauer en ‘Into the wild’, el libro que después sería popularizado por la película de Sean Penn.

McCandless lo dejó todo y dedicó el resto de su corta vida a vagabundear y viajar a dedo por Estados Unidos conviviendo con los perdedores del sueño americano. Tuvo trabajos ocasionales y emprendió incursiones en la naturaleza que seguían esa tradición tan norteamericana de buscarse a uno mismo en la comunión con lo salvaje. "Hace dos años que camino por el mundo. Sin teléfono, sin piscina, sin mascotas, sin cigarrillos. La máxima libertad. Un extremista. Un viajero esteta cuyo hogar es la carretera", escribía McCandless en su diario camino de Alaska.

En la foto que manda el colega, sin embargo, hay algo que no encaja. El entorno del autobús no parece un lugar demasiado recóndito: hay una especie de valla a la derecha, un cartel colgado en un árbol del fondo y, sobre todo, está plantado un tronco con señalizaciones que apuntan irónicamente a la casa de Sarah Palin. Ese no es el autobús de McCandless. En un vistazo rápido por Google descubro que se trata de una réplica que hay en el pueblo de Healey. 

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Un tractor para mirar a otro lado

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El portavoz del PNV, Aitor Esteban, comparece ante los periodistas en el Congreso de los Diputados

Contaba hace un tiempo Alfonso Alonso que cierto día se le acercaron unos conocidos del PNV muy preocupados con la eclosión de Podemos. “Algo tendréis que hacer, que vienen los de Podemos”, le soltaron a Alonso y el exministro les recomendó que votaran al PP. Alonso soltó la anécdota en un mitin de la campaña de las elecciones generales del 26J. Votar al PP era la opción útil para frenar a los indignados, les venía decir, como si votar al PNV no lo fuera. Y también lo es.

Sobre el acuerdo PP-PNV de esta semana se han subrayado las necesidades cruzadas de ambos partidos como motor del pacto, como si fueran dos partidos condenados a la discordia, antagónicos, el agua y el aceite. Y es cierto que ambos se necesitan en el Parlamento vasco y en el Congreso de los Diputados -o mejor dicho, han decidido que se necesitan-, pero el acuerdo es también la plasmación de un espacio político compartido en favor del poder establecido y la visión empresarial de la vida, y contra las alternativas a las recetas neoliberales que llegan de Europa.

Portavoces de ambos partidos han pronunciado estos días con insistencia la palabra “estabilidad” para justificar el acuerdo. El portavoz del PNV en el Congreso, Aitor Esteban, parecía citar a Montoro cuando hablaba del peligro de mandar un mensaje nefasto a Europa y a los mercados. Unos son nacionalistas españoles y otros son nacionalistas vascos; unos, conservadores y otros, democristianos, etc. Tienen marcadas diferencias, sí, pero ambos se sientan en la misma mesa del establishment contra los cambios. En eso son aliados ahora mismo.

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Después de que me hayan matado, no me olvides

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Lápida que recuerda a trece de los alaveses asesinados en Azazeta

A Antonio García Bengoetxea se lo llevaron un día de mediados de septiembre de 1936. Dos hombres vestidos de caqui y boina roja le esperaban en el portal de al lado. Antonio llegó a casa, los dos hombres le siguieron por detrás y al poco rato se lo estaban llevando arrestado. Araceli, una de sus hijas, tenía 6 años: "No nos dejaban que mi padre nos diera un beso, así que cogí a mis hermanos y fui por la calle Zapatería para que nos diera un beso, y no nos dejaron".

Araceli se emociona recordando el día que los fascistas se llevaron a su padre. En sus manos tiene una pequeña foto familiar en cuyo reverso su padre dejó escrito un mensaje a su madre: "Cuánto te he querido Marcela mientras he vivido. Eres joven todavía. Yo no te pido nada más que dos cosas: cuida lo mejor que puedas a nuestros hijos y dales una educación lo mejor que puedas. Y la otra es que después de que me hayan matado, no me olvides".

Al padre de Araceli lo asesinaron un grupo de falangistas, requetés y guardias civiles hace hoy 80 años. Junto a él cayeron fusilados otros quince alaveses. Son conocidos como los 16 de Azazeta. El 31 de marzo de 1937 los sacaron de la cárcel de Vitoria tras firmar su puesta en libertad, pero los fascistas no los liberaron: los trasladaron en camiones hasta el monte de Azazeta donde fueron asesinados.

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¿Gran Coalición? Sí, la de los vascos

Iñigo Urkullu saluda a Alfonso Alonso

El tiempo ha dado la razón a quienes auguraron en las elecciones vascas de septiembre que el PNV terminaría pactando con el PP y el PSE. El propio Urkullu marcó la frontera durante la campaña cuando para azuzar el miedo al cambio alertaba de que EH Bildu y Podemos estaban dispuestos a pactar para desalojar al PNV de Ajuria Enea. En la omisión del resto de partidos se entendía tácitamente que Urkullu no veía con disgusto apoyarse en el PP y el PSE para evitar ese desalojo, pero en público Urkullu evitó expresar sus preferencias: anunciar en plena campaña el advenimiento del buen rollo con el PP hipercentralizador, corrupto y recortador de Rajoy hubiera sido de una enorme torpeza política.

Finalmente ese guion se ha cumplido. En noviembre Urkullu llegó a un acuerdo de coalición con el PSE, y esta semana lo ha hecho con el PP firmando el pacto de los presupuestos para 2017 en Euskadi. La Gran Coalición Vasca –PNV, PSE, PP– ya está oficialmente en marcha, aunque de facto lleve tiempo atendiendo a los deseos de los grandes intereses económicos del Oasis Vasco. 

Kutxabank está gobernado por PNV, PSE y PP y se ha convertido en el banco que más desahucia en Euskadi y en el más criticado por las plataformas antidesahucios por las dificultades para alcanzar acuerdos justos. Kutxabank ha recurrido condenas por el uso de cláusulas abusivas y ha ignorado las quejas por la utilización de los tipos IRPH. En manos de la Gran Coalición Vasca, Kutxabank también ha ejercido de oficina ilegal de favores a amigos: esta misma semana han sido condenados por corrupción el expresidente del banco Mario Fernández y el exdelegado del Gobierno en Euskadi, Mikel Cabieces.

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Gora PETA

Portada del TMEO sobre la entrega de armas de ETA

El programa de humor de ETB 'Vaya Semanita' ha sido tan influyente en Euskadi que el vídeo del sellado de armas que ETA envió a la BBC hace tres años parecía inspirado en uno de sus sketches: dos señores encapuchados entregaban a dos verificadores un folio con la lista de las armas en una escenificación digna de corto amateur que animaba a difundir memes desternillantes por Twitter. ETA había pasado de dar miedo a dar risa.

Esta vez no ha habido sketch. El anuncio es mucho más importante –ETA ha anunciado el desarme completo e incondicional– y, por tanto, requiere de medios diferentes y al desarme se la ha puesto fecha de estreno como a las películas: el 8 de abril. Hasta entonces nos esperan tres semanas en las que no se va a hablar de otra cosa, que es lo que uno espera si quiere que el día D sea todo un éxito. A máxima expectación, máxima recaudación.

El anuncio de ETA es histórico –ya hay más días históricos que no históricos– y una gran noticia: ETA entregará las armas con las que amenazó y asesinó durante décadas. Pero con tanta grandilocuencia y solemnidad por parte de todos durante estas horas (y las que nos esperan), pareciera que ETA nos estuviera todavía haciendo un favor y tuviéramos que mostrarle cierto agradecimiento. "¿Cuántas Fantas más tenemos que pagar?", escribía Javier Vizcaíno.

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El juego de la piñata en un cumpleaños como metáfora del capitalismo canalla

En Vitoria ha surgido en los últimos años un nuevo modelo de negocio que arrasa entre las familias. Bajo el nombre de fiestaleku o denominaciones similares han abierto locales que se alquilan para celebrar cumpleaños infantiles. Cuesta una pasta alquilarlos y no dan abasto: como no andes listo, te quedas sin fecha para el cumple de tus hijos. Por alguna razón, los pisos en los que vivimos han dejado de ser lugares adecuados para celebrar cumpleaños. Son pisos demasiado pequeños para atender a todos los invitados, o pisos poco atractivos –no tienen zonas de juegos infantiles como los fiestalekus–, o sencillamente es una de esas características de la sociedad de consumo en la que vivimos: una nueva oferta crea una nueva necesidad. Si las comuniones se han convertido en minibodas, los cumpleaños son ahora minicomuniones.

El resultado es que todos los cumpleaños son muy parecidos, prácticamente iguales en estos cumpleañódromos tan cómodos y exitosos: cambian los protagonistas pero el decorado es el mismo, y con el paso de los años uno no termina de distinguir unos de otros en la memoria. Pensaba en todo esto el lunes en un cumpleaños al que nos invitaron unos amigos. Fue en su casa. En su piso. Con comida cocinada por ellos, con niños corriendo por el pasillo y desordenando cuartos, con gente trayendo sillas porque no había suficientes para todos. Un cumpleaños hogareño.

El caso es que los cumpleaños infantiles, como todos los ritos sociales, tienen una serie de patrones –la tarta, los regalos, cantar ‘zorionak zuri’, etc.– a los que se ha incorporado el juego de la piñata. Hasta donde yo sé, el juego de la piñata era bastante divertido: se colgaba una bolsa llena de caramelos, se le tapaba la vista a un niño con un pañuelo, se le daba tres vueltas sobre sí mismo para que perdiera la orientación y tenía varias oportunidades para reventar la bolsa con un palo. En una versión más divertida todavía, se ponían varias bolsas y en algunas de ellas se metía agua o harina.

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La irresistible adicción a un buen chute de nostalgia

Trainspotting Time Out

Renton, Spud y Sick Boy se bajan del tren en el mismo apeadero de las Highlands en el que se bajaron hace veinte años, frente a la montaña a la que fueron de excursión para espantar el mono de la heroína y terminar gritando que ser escocés es la basura más servil, patética y miserable jamás salida del culo de la civilización. Falta Tommy, murió enfermo de SIDA y han vuelto allí para recordar a su viejo amigo. 

Spud echa a andar con un ramo de flores amarillas en la mano. Renton y Sick Boy se quedan parados mirando al horizonte.

—Lo siento, lo estoy intentando con todas mis fuerzas pero no siento nada– suelta Sick Boy.

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España, potencia europea en cabezas de caballo en la cama

A uno de los fiscales anticorrupción de Murcia le han entrado en casa dos veces. Los ladrones no buscaban dinero; buscaban información sobre la lucha contra la corrupción. Lo extraordinario del caso es que los delincuentes no disimularon su objetivo: no se llevaron la tele de plasma ni dinero en metálico, no tocaron nada salvo el ordenador y la caja en la que guardaba el teléfono móvil. Querían mandarle un mensaje. A su manera estaban dejándole una cabeza de caballo en la cama. Como en El Padrino.

La historia la contaba esta semana en la Cadena Ser Manuel López Bernal, el fiscal superior de Murcia que impulsó la investigación contra el presidente de la comunidad y que ha sido relevado. "Yo creo que la mayoría de los fiscales anticorrupción siente una cierta desprotección. Al menos, los compañeros con los que he hablado dicen sentirse así. Y lo que no puede ser es que al final los perseguidos seamos los fiscales que luchamos contra la corrupción por delante de los corruptos", explicaba López Bernal.

Que te dejen la cabeza de tu caballo en la cama es complicado: no todo el mundo tiene un caballo en casa. Por eso se han inventado otras formas de hacer llegar recomendaciones a quienes osan cruzar la línea: los aventurados que denuncian la corrupción dentro de su partido no son escuchados y, si continúan con sus impertinencias, son crucificados; en las empresas, el ostracismo o el despido son la respuesta; los poderes económicos se filtran en los medios, etc.

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Salir o no salir de un grupo de whatsapp

El otro día tomé una de las decisiones más arriesgadas que se pueden tomar en la vida: abandoné un grupo de whatsapp. Lo hice un martes de madrugada para pasar desapercibido pero en el grupo quedó el rastro que me delata: "Iker Armentia salió". Pensaba que esta osadía me crearía muchos problemas, pero estoy relativamente bien: me acogí a un programa de protección de testigos, ahora vivo en Tucson, Arizona, y me llamo Mike Roberts.

Puedo asumir las consecuencias de mis decisiones, sé lo que me pasará si dejo de ir al curro por las mañanas o provoco un magnicidio, pero abandonar un grupo de whatsapp me suscita una gran inquietud. ¿Se lo tomarán mal? ¿Dejarán de saludarme y no me hablarán nunca más en la vida? ¿Me convertiré en un paria social? ¿Me descuartizarán y mandarán mis pedazos por correo a los medios de comunicación?

Abandonar determinados grupos de whatsapp en los que te han incluido contra tu propia voluntad produce una sensación extraña: hace que te sientas culpable con gente a la que apenas conoces. Mi ama se ha enfadado o un colega ha pillado un berrinche, bueno, ya se les pasará o ya lo arreglaré, pero ¿y esa gente desconocida con la que apenas hablo qué pensará de mí? ¡Dejadme volver al grupo, por favor! ¡En realidad no fui yo! ¡Fue mi hija mayor que me cogió el móvil!

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