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Polonia: un pequeño itinerario de la maldad

Campo de concentración de Auschwitz. |

El día 1 de septiembre de 1939 el ejército alemán, como primer paso en su intento por establecer un vasto imperio, invadió Polonia, comenzando oficialmente la II Guerra Mundial. No obstante, varios días antes de la fecha señalada había sido firmado por los ministros de Asuntos Exteriores de Alemania y la Unión Soviética un pacto de no agresión entre ambos países, en lo que se dio en llamar Pacto Ribbentrop-Molótov.

En ese tratado, que casi dos años más tarde sería violado por los nazis con su intento de conquista de los territorios soviéticos, contenía diversas formulaciones en las que ambos estados se comprometían a no participar en alianzas que fueran en contra o amenazaran los intereses del otro país, pero señalaba, además, en cláusula secreta, intereses territoriales tanto de nazis como de soviéticos en sus respectivas áreas de influencia. De este modo, Polonia pasaba a convertirse en la hamburguesa o el filete ruso (dependiendo de cual de los dos estados opinara) dentro del bocadillo que soviéticos y alemanes pretendían merendarse.

El espacio que en su día ocupó el gueto de Varsovia hoy está repleto de grandes rascacielos en los que se instalan muchas de las firmas líderes de la economía mundial. Sobre todos esos grandes edificios, no obstante, reina una mole oscura e inmensa que es llamada Palacio de la Cultura y de la Ciencia y que es, en realidad, un regalo envenenado que recuerda los muchos años de dominación de la Unión Soviética sobre Polonia. Del gueto en el que los nazis recluyeron a miles de judíos antes de su desaparición apenas quedan unos pocos vestigios.

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Safari: matar a un animal

Safari (Ulrich Seidl, 2016) - Ulrich Seidl Film Produktion GmbH

«Si un animal matara con premeditación, eso sería un reflejo humano». (Stanisław Jerzy Lec)

En el verano del año 55 a. n. e. se inauguró en Roma el impresionante teatro de Pompeyo, el cónsul de la República. Con ese motivo se celebraron unos Juegos en los que los romanos pudieron asistir, además de a representaciones teatrales o actuaciones musicales, a cinco jornadas de caza de animales salvajes en el circo. En la última de esas jornadas un grupo de hombres armados con lanzas se enfrentó a unos veinte elefantes. El filósofo y político Cicerón, que estaba entre los asistentes, relató en una carta a un amigo que en aquel espectáculo «la plebe alborotada mostró gran asombro, pero ningún placer». Asombro, por ejemplo, ante la precisión de uno de los hombres, cuya lanza atravesó el ojo y alcanzó los puntos vitales de uno de los elefantes, que se desplomó al instante. «¿Qué placer puede hallar un hombre de refinada cultura en que un débil ser humano sea despedazado por una fiera poderosa o en que un noble animal sea atravesado por una lanza?», se preguntó Cicerón.

El escritor y naturalista Plinio el Viejo también dio cuenta de ese día de caza en el libro VIII de su Historia Natural. Unas barreras de hierro impedían la huida de los elefantes; perdida ya la esperanza de conservar sus vidas, y «buscando la compasión del público, comenzaron a suplicar con una actitud indescriptible, llorando por ellos mismos entre lamentaciones, con tan gran dolor del pueblo que, olvidándose del general y de la munificencia desplegada en su honor, se levantaron todos llorando y abrumaron a Pompeyo con imprecaciones que él expió inmediatamente». En la carta a su amigo, Cicerón afirmó que era tan evidente la compasión del público «como la idea de que hay algún tipo de relación entre estos animales y el género humano».

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Philip K. Dick, un profeta para la modernidad

Philip K. Dick - El Corso

Philip K. Dick (1928-1982) es uno de los autores de ciencia ficción más carismáticos del siglo XX. Responsable de docenas de novelas y de más de un centenar de historias breves, algunas de sus obras más conocidas son El hombre en el castillo, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? -adaptada al cine como Blade Runner- o Ubik.

Su carrera como escritor se prolongó por tres décadas y pasó por distintas fases, cuyo colofón fue la denominada etapa mesiánica, que abarca tres títulos clave dentro de su producción: VALIS, La invasión divina y La transmigración de Timothy Archer.

El 20 de febrero de 1974, Philip K. Dick acudió a la consulta del dentista con el fin de que le extrajeran una de las muelas del juicio. Durante la intervención, le fue suministrada una cantidad considerable de pentotal sódico, un potente anestésico.

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Krazy Kat: un ladrillo relleno de rayos de luna

El primer impacto se produjo hace más de un siglo. El 26 de julio de 1910 The New York Journal publicó una nueva entrega de la tira cómica The Dingbat Family, una serie costumbrista para todos los públicos, pero de humor bastante gamberro. En la parte inferior de las seis viñetas, en una acción paralela a la principal, aparecían, muy discretamente, un gato y un ratón. En esa escena, el pequeño roedor atisba una piedra, se acerca a ella, la atrapa, apunta, dispara e impacta en la cabeza del gato. Un acto de violencia gratuita en el que se encuentra el origen de uno de los mejores cómics de la historia: Krazy Kat, del estadounidense George Herriman (Nueva Orleans, 1880 – Los Ángeles, 1944).

Meses después, el gato y el ratón –que nacieron casi como una forma de matar el tiempo que a Herriman le sobraba en su trabajo diario de ocho horas dibujando tiras cómicas– consiguen sus propias viñetas dentro de The Dingbat Family (más tarde conocida como The Family Upstairs). En octubre de 1913 ya protagonizan una tira diaria independiente, que obtiene un gran éxito gracias a su extrema simplicidad argumental y el dominio de la estructura del gag de Herriman. Fascinado por las aventuras de los dos animalillos (y los compinches que se iban sumando), el magnate William Randolph Hearst –dueño de los periódicos donde se publicaban las tiras– les concede toda una plancha dominical en 1916. Hasta su muerte en 1944, Herriman crearía cientos de tiras y planchas de Krazy Kat.

El argumento no puede ser más sencillo: Krazy Kat, un gato de género indefinido, está enamorado/a del ratón Ignatz, que odia a Krazy y rechaza sus afectos gatunos arrojándole ladrillos que este, en su inocencia, interpreta como signos inequívocos de amor; el agente canino Offissa Pupp, obligado por la ley y movido por el afecto (no correspondido) que siente por Krazy, se dedica a perseguir y castigar las agresiones del roedor. La historia de un perro enamorado de un gato/a, a su vez enamorado/a de un ratón. A partir de ese esquema narrativo, de una lógica tan sencilla como peculiar, Herriman creó infinitas variaciones durante más de 30 años.

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Olmo, el árbol de los pueblos

Antiguo Olmo de Aras (Navarra), muerto por la grafiosis.

Enrique Loriente Escallada (Santander, 1933-2000) dedicó buena parte de su vida a recorrer los paisajes de su tierra, Cantabria, pasando por ríos y bosques, valles y prados, desde la costa hasta las altas montañas, en lo que fue sin duda su gran pasión: la botánica.

En uno de aquellos viajes, en los que catalogó los más extraordinarios árboles que habitaban la región, y a los que dedicó diversas obras como Guía de los árboles singulares de Cantabria (1990), Loriente se encontró con la magnífica Olma de Polientes, en Valderredible. Era esta vieja Olma el centro político y social del pueblo y del valle. Bajo su sombra se realizaba el mercado, se celebraban los acuerdos y contratos, y en la corteza de sus dos enormes troncos se publicaban las noticias nuevas y las ordenanzas. Y es que este emblemático árbol, hoy día casi extinto, solía presidir desde tiempos inmemoriales las plazas de las villas y pueblos, era testigo de la vida diaria de cada habitante desde el día de su nacimiento, de sus trabajos y negocios, de sus descansos y charlas, hasta el día de su muerte. "Hasta que me vea pasar La Olma", nos contaba Loriente que solían decir los paisanos del lugar.

Olma de Polientes (1969)

Olma de Polientes (1969)

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Glidden contra la oscuridad

La dibujante Sarah Glidden. |

La dibujante estadounidense Sarah Glidden (Boston, 1980) acompañó en 2011 a dos amigos periodistas durante un viaje de dos meses por Turquía, Siria e Iraq. El objetivo era descubrir las consecuencias de la guerra de Iraq en Oriente Próximo en general y en los refugiados en particular. Seis años después vería la luz la novela gráfica Oscuridades programadas (Salamandra Graphic, 2017), un apasionante testimonio sobre la realidad de los refugiados de la zona y una aguda reflexión sobre el periodismo.

La narración comienza en diciembre de 2010, cuando Sarah Glidden decide emprender viaje a Oriente Próximo junto con sus amigos Alex Stonehill y Sarah Stuteville, fundadores del Seattle Globalist, un medio de comunicación constituido como organización sin ánimo de lucro, un periódico independiente que busca informar sobre problemas que los medios mayoritarios ignoran. Completa el grupo Dan, amigo de la infancia y excombatiente en Iraq cuya experiencia y visión aporta un punto de vista tan diferente como desconcertante en algunos momentos. 

En esa época, tres millones de refugiados iraquíes habitan en Siria y Jordania. Son poblaciones surgidas de un conflicto que inició Estados Unidos pero, tras la elección de Barack Obama como presidente, los estadounidenses han dejado de lado el conflicto para centrarse en sus propios problemas. Los periodistas buscan conocer el alcance real de la guerra de Iraq y su impacto a través de testimonios más personales, saber quiénes son los refugiados y cómo la guerra cambió sus vidas.

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Una avispa con peluca

Foto amberes 'avispa con peluca'

En julio de 1974, la casa Sotheby's de Londres anunció la inminente subasta de un artículo extraordinario. Se trataba de un capítulo perdido de Alicia a través del espejo, obra del polifacético autor inglés Lewis Carroll (1832-1898) y continuación de la alabada Alicia en el País de las Maravillas, clásico de la literatura infantil. El catálogo decía así:

La Propiedad de un Caballero.

76. DOGDSON (C.L.) «Lewis Carroll». GALERADAS DE UN FRAGMENTO SUPRIMIDO DE «A TRAVÉS DEL ESPEJO», extractos 64-67 y secciones del 63 y el 68, con revisiones autografiadas en tinta negra y nota del autor en tinta púrpura acerca de que el amplio pasaje debe ser omitido.

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Una piedra en el zapato de Henry D. Thoreau

Henry David Thoreau. |

Este mismo año, concretamente el pasado 12 de julio, se han cumplido 200 años del nacimiento del pensador y activista norteamericano Henry David Thoreau. Personaje cuya obra ha  venido siendo reivindicada desde posturas (en un principio) un tanto antagónicas, las cuales oscilan desde el anarquismo o el ecologismo radical,  al patriotismo  yankee más conservador (si cabe) y nostálgico, pasando por la simpatía y adscripción de cierto sector neo-ruralista y consumidor de  últimas tendencias. Dos siglos después, como es lógico, su figura ha llegado hasta nuestros días un tanto difusa y mitificada. Puede que estos sean motivos suficientes para comprender esa falta de homogeneidad existente entre algunos de sus más acérrimos seguidores.

Tal figura suele ser recordada y representada por sus dos obras más famosas; bien la del rebelde y agitador que plantó cara a su implacable gobierno ( La desobediencia civil, 1848); o bien como la del hombre que dio la espalda a la civilización para encerrarse en una pequeña cabaña, vivir como un ermitaño y disponer sólo de los recursos que el propio medio le ofrecía ( Walden. Life in the Woods, 1854). Siendo ciertas ambas representaciones, este misticismo ha tendido a olvidar, por ejemplo, que su insumisión solamente le hizo pasar una noche en la cárcel (por fortuna y gracias a su mecenas y mentor Ralph Waldo Emerson sería prontamente liberado) y que la famosa cabaña del lago Walden estaba lo suficientemente a mano como para (en caso de extrema necesidad) poder acercarse a por víveres al pueblo. Lo que es indiscutible, y principal motivo por el cual su legado permanece vigente a día de hoy, es que Thoreau fue un pionero. Su inconformismo resultó ejemplar, su insumisión al gobierno fue obstinada y decidida. Curioso y estudioso de todo aquello que le rodeaba, antibelicista y adalid de los derechos sociales, incluso vaticinó, en plena revolución industrial, que ese nuevo modelo de producción y consumo deterioraba el medio y era a todas luces deshumanizador.

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90%

La discusión política.|

En septiembre de 1953 tuvo lugar en Filadelfia la XI Convención Mundial de Ciencia Ficción (en la que se entregaron por primera vez los Premios Hugo). Entre los participantes se encontraba Ted Sturgeon, que presentaba su novela Más que humano. En su intervención, Sturgeon señaló que la ciencia ficción era el único género que era evaluado teniendo en cuenta sus peores ejemplos:

«Cuando la gente habla de la novela de misterio, menciona El halcón maltés y El sueño eterno. Cuando habla de western, se señalan Camino de Oregón y Shane. Sin embargo, cuando se habla de ciencia ficción, se habla de “esas cosas tipo Buck Rogers” y dicen que “el noventa por ciento de la ciencia ficción es basura”. Bueno, tienen razón. El noventa por ciento de la ciencia ficción es basura. De hecho, el noventa por ciento de todo es basura, es el diez por ciento que no es basura lo que importa, y el diez por ciento de la ciencia ficción que no es basura es tan bueno o mejor que cualquier cosa que se haya escrito».

La «ley de Sturgeon» se condensa en un contundente «el noventa por ciento de todo es basura». Una formulación similar se encuentra en la primera novela de Rudyard Kipling, La luz que se apaga (1890), cuyo protagonista dice: «En todas las circunstancias, recuérdalo, las cuatro quintas partes del trabajo de todos deben ser malas». Los porcentajes varían pero la idea de fondo es la misma: la gran mayoría de las cosas que se producen son una auténtica basura, ya sean poesías, series de televisión, experimentos de física cuántica, libros de filosofía o artículos de opinión.

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"Evasión y juego son las dos palabras clave que me han convertido en músico"

El pianista Marco Mezquida en el Rvbicón. |

Marco Mezquida (Menorca, 1987) ha dejado de ser, a sus 30 años, una de las grandes promesas del jazz en España para convertirse en una realidad indiscutible. Formado en música clásica y moderna al mismo tiempo, posee una sólida base que le permite expandir su creatividad a través de la improvisación libre de dogmas y etiquetas. Su trayectoria es abrumadora: cuenta con más de cincuenta discos en su haber, entre proyectos propios y colaboraciones con otros músicos; ha tocado en más de veinticinco países de cuatro continentes; y, además, es profesor de música en el Liceu y la ESEM de Barcelona. Su agenda nunca está vacía. Viene de la Ciudad Condal, se va a Zaragoza y de ahí a Madrid, pasando antes por Huesca.

Aprovechando su participación en la cuarta edición del ciclo Raqueros del Jazz, para hacerle esta entrevista, que tiene lugar momentos antes de que suba al escenario para realizar la prueba de sonido. Le acompañan el baterista Ramón Prats y el saxofonista Eduardo Aurignac. Juntos forman M.A.P., el trío de jazz que, antes siquiera de haber sacado su primer trabajo, ya era aclamado por su apabullante directo. El disco estuvo a la altura de las expectativas y fue recibido como un necesario soplo de aire fresco en el panorama jazzístico nacional.

A pesar de su juventud, Mezquida es un tipo con las cosas claras y no se corta al hablar de todos los asuntos que se le plantean, siempre con el aplomo y la madurez que cabría esperar en alguien de más edad. Sabe que es joven, pero también a dónde va y lo que quiere. La música es un juego cuyo valor reside ahí, en jugar sin miedo y sin juicios previos.

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