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Marina Abramović: yo soy el objeto

Reproducción de la mesa que Marina Abramović empleó en 'Rhythm 0' expuesta en el Museo Tate Modern.

Durante sus años universitarios, la artista serbia Marina Abramović hubo de conjurar un perenne sentimiento de frustración. Sus repetidos esfuerzos para hacer de la pintura un cauce idóneo para sus emociones e ideas encontraron antes un obstáculo en aquélla que una aliada al servicio de la creación. Espoleada por una pulsión rupturista, Abramović renunciaría a la pintura y transformaría su cuerpo en el nuevo eje de su arte.

Rhythm es el título de una serie de acciones artísticas ejecutadas por Marina Abramović entre los años 1973 y 1974. Sonido y tiempo, consciencia e inconsciencia, son los dos binomios en que se enmarcan las performance que la configuran. En Rhythm 10, la artista es filmada mientras apuñala la superficie que media entre los dedos de su mano. Cada vez que yerra y se inflige un corte, cambia de cuchillo, así hasta lastimarse una veintena de veces. Es entonces cuando reproduce la grabación y procede a repetir tanto aciertos como errores. En Rhythm 5, Abramović se sitúa en el interior de una estrella de cinco puntas a la que acto seguido prende fuego. Allí mismo recorta su cabello y uñas y los arroja al fuego para, a continuación, tumbarse entre las llamas hasta perder la consciencia a causa de la falta de oxígeno. En Rhythm 2, consume dos psicofármacos prescritos para el tratamiento de la catatonia y la esquizofrenia.

Rhythm 0 es la última de las piezas de la serie Rhythm. Era el año 1974. El Studio Morra de Nápoles (Italia) facilitaría el espacio para su escenificación. El texto plasmado en una de las paredes de la sala explicitaba: "En la mesa hay setenta y dos utensilios que pueden usarse sobre mí como se quiera. Yo soy el objeto".

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"El mito de la Escuela nos domestica y prepara para ser consumidores pasivos y trabajadores flexibles"

Vicente Gutiérrez presentando el libro junto a José Manuel Rojo (izquierda) y Julio Monteverde (derecha). | Fotos: Lurdes Martínez

Vicente Gutiérrez (Santander, 1977) es el autor de 'La tiza envenenada. Co-educar en tiempos de colapso' (Textos (in) surgentes, 2016), libro recientemente publicado. Vicente Gutiérrez es, además, un agitador cultural santanderino con una dilatada y premiada obra poética. Es, asimismo, militante del Grupo Surrealista de Madrid con quien lleva colaborando años.

De formación matemático, de profesión, docente y de pasión, poeta, Gutiérrez se muestra en esta obra como un ensayista lúcido y perspicaz. En estas líneas nos habla, por supuesto, de su último libro, pero también de su experiencia educativa, de antipedagogía y de sus tesis contra la escolarización.

¿Por qué hay que leer La tiza envenenada? ¿Quiénes deberían leerla?

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Siete mares y una bahía: Jesús Pardo

El periodista, traductor y escritor cántabro Jesús Pardo.

«Tengo 89 años. Y nunca nadie me ha dado un premio así. Tampoco nunca me he presentado a ninguno. Es algo que considero que, si viene, ha de venir por sí sólo»

Con esta frase rompía el silencio un agradecido Jesús Pardo el pasado diciembre al recoger el Premio Honorífico de las Letras de Santander 2016, en la II Gala de las Letras de esta misma ciudad, celebrada en el Teatro CASYC.

Los asistentes, ensimismados, le escuchaban. «Esto es muy bonito», añadió, admirando la elegante estatuilla compuesta por letras que se le entregaba. «Prometo no usarlo como pisapapeles», bromeó divertido.

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Cuando los hechos cambian

El historiador británico Tony Judt. |

Cuando en 2008 fue diagnosticado con esclerosis lateral amiotrófica (ELA), también conocida como la enfermedad de Lou Gehrig, el prestigioso historiador británico Tony Judt (1948-2010) se refugió en su propia memoria: sus recuerdos, experiencias, ideas, fantasías…

A diferencia de otras enfermedades de carácter degenerativo, la ELA afecta fundamentalmente al sistema motor mientras que otras funciones superiores como la sensibilidad o la inteligencia se mantienen incluso en las fases más avanzadas del trastorno, añadiendo aún más dramatismo a una situación tan incómoda desde el punto de vista físico como insoportable en lo psicológico.

En estas condiciones, Judt recordaba hechos, personas o historias que debían ser lo suficientemente interesantes como para desviar la atención de su sufrimiento durante el día y lo suficientemente aburridas para ayudarle a conciliar el sueño por la noche: "La mejor forma de sobrevivir a la noche sería tratarla como al día". Sin embargo, "una pérdida es una pérdida y no se gana nada con un nombre más bonito. Mis noches son interesantes; pero podría vivir muy bien sin ellas", aseguraba en la primera de una serie de reflexiones publicadas por The New York Review of Books en 2010, meses antes de su muerte.

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William Morris o el odio a la civilización moderna

William Morris| Wikimedia Commons.

«Además de producir cosas hermosas, la pasión rectora de mi vida ha sido y sigue siendo el odio a la civilización moderna»

Cómo me hice socialista, William Morris (1894)

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La mujer y el voto en España

Mujer votando por primera vez en 1933.

«Los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de veintitrés años, tendrán los mismos derechos electorales conforme determinen las leyes». Artículo 36, Constitución de la II República Española, 1931.

Con este artículo de la Constitución de la Segunda República (capítulo III, «Derechos y Deberes de los españoles»), promulgada a finales de 1931, España se convertía en la primera nación latina que otorgaba iguales derechos electorales a hombres y mujeres. La concesión se enmarca en el cuadro de la ampliación de los derechos ciudadanos llevada a cabo y recogidas en el texto legislativo republicano.

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¡Cállese ya, Sra. Jenkins!

Florence Foster Jenkins.

Aparece en escena el pianista. Está nervioso, le tiemblan las manos. Es su primera vez en el Carnegie Hall, y teme que también sea la última. Entonces irrumpe ella que, ataviada de manera extravagante, oculta su rostro con un pañuelo de seda. Cuando cae el pañuelo, el piano comienza a sonar. La soprano entona sus primeras notas y el público se revuelve en sus asientos, tratando de contener la risa, hasta que no lo soporta más y estalla en una estruendosa y unánime carcajada. Un joven desde la tercera fila grita: «¡Cállese ya, señora Jenkins!». Es uno de los cientos de marines americanos invitados al evento. La diva continúa impasible su función. Florence Foster Jenkins tenía entonces setenta y cinco años, era millonaria y nunca había sabido cantar.

La última cinta del cineasta británico Stephen Frears, estrenada hace apenas unos meses, recrea los últimos meses de vida de la soprano. En el papel de la Sra. Jenkins, la laureada Meryl Streep, quien da vida magistralmente a la peor cantante de la historia. Le acompaña Hugh Grant, quien aún repitiendo su personaje de siempre, resulta bastante creíble como el marido inglés e interesado de la desentonada diva. El tercero en discordia es el pianista (Cosme McMoon), encarnado por Simon Helberg, actor conocido por interpretar al científico judío con pinta de mod de Big Bang Theory. Pero ¿de dónde demonios había salido aquella estrambótica dama que logró abarrotar el mítico auditorio neoyorquino aquel 25 de Octubre de 1944?

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Randy Newman: qué grande es ser norteamericano

Randy Newman en 1977. |

La noche del 18 de diciembre de 1970, el compositor y cantante estadounidense Randy Newman estaba viendo 'The Dick Cavett Show' en la televisión. Cavett conducía un debate sobre la segregación racial en el que participaban Lester Maddox (político del Partido Demócrata), Jim Brown (jugador negro de fútbol americano) y Truman Capote (periodista y escritor).

Maddox, segregacionista acérrimo, se hizo famoso en 1964 cuando, un día después de la entrada en vigor de la Ley de Derechos Civiles, impidió, armado con una pistola, que varios negros entraran en su restaurante Pickrick en Atlanta. En un momento del debate, Cavett llamó fanáticos a quienes, con sus votos, habían convertido a Maddox en gobernador del Estado de Georgia en 1967. Maddox se ofendió y abandonó el plató insatisfecho con las disculpas ofrecidas por Cavett.

Newman odiaba todo lo que defendía Maddox, pero le ofendía que al gobernador racista no le concedieran la oportunidad de mostrarse como tal. Y entendió que un habitante de Georgia pudiera sentirse ofendido por la forma en que fue tratado su gobernador. Newman detectó ahí un ejemplo del conflicto entre la gente sencilla de la América rural y los presuntuosos intelectuales de las grandes ciudades de la costa Este.

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K.V. Switzer, Marathon Woman

Kathrine Switzer corriendo el Maratón de Boston en 1967.

Kathrine Switzer se vio capaz, se preparó a fondo y se lanzó. Corría el año 1967, era un día gris de primavera en Boston; era el día esperado, el día del gran maratón. Desde pequeña, su padre, un militar estadounidense, le había inculcado la afición a correr regularmente. Su entusiasmo le llevó a incorporarse al equipo de atletismo de su universidad. Al cabo de poco tiempo, la maratón aparecía en su horizonte como un reto que asumir.

Con 42 kilómetros y 195 metros, la maratón es una de las pruebas de atletismo más exigentes. Desde su incorporación a las Olimpiadas en los Juegos de Atenas 1896, ha ido creciendo en popularidad, hasta el punto de que cada vez son más las ciudades del mundo que organizan una prueba anual de estas características. Desde 1897, Boston celebra cada primavera la que quizás sea la más importante de las ediciones no olímpicas del maratón, donde acuden corredores de todo el planeta para tratar de dejar su nombre grabado en el palmarés del certamen.

Kathrine Switzer nunca ganó la carrera, pero su nombre está ligado indefectiblemente a la historia de la disciplina y la relación de ésta con la mujer. Pues, en efecto, Switzer figura como la primera mujer en correr oficialmente, esto es, con dorsal, un maratón. Las dificultades inmanentes a la prueba no fueron los únicos obstáculos que hubo de superar.

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Sachsenwald: nazismo y porno

Adolf Hitler y Joseph Goebbels en los estudios de la UFA |

El cuerpo humano constituyó uno de los motivos estéticos preponderantes de la Alemania nazi. El desnudo fue exaltado en cada una de las disciplinas artísticas, inclusive la de más reciente aparición, el cine. Así lo atestiguan las películas nudistas 'Weg zu Kraft und Schönheit heiben' o 'Die Nacht der Amazonen', en las que el desnudo es exhibido sin el menor pudor.

Pero la actitud de los nazis hacia la pornografía fue muy distinta. Considerada una más de las «artes degeneradas», su producción, distribución y posesión estuvieron perseguidas por la ley, del mismo modo que lo estuvo la prostitución. Ello no fue óbice para que Reinhard Heydrich -jefe de la Gestapo entre los años 1934 y 1939- empleara el Salon Kitty, un conocido burdel, como instrumento de espionaje interno con la colaboración de jóvenes del Servicio Auxiliar Femenino de las SS.

Reinhard Heydrich (1904-1942) | Wikimedia Commons

Reinhard Heydrich (1904-1942) | Wikimedia Commons

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