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Gorka Hermosa: "La música clásica de este siglo pasará por la fusión"

Gorka Hermosa durante la entrevista concedida a la Revista Amberes. | Fotos: PABLO LOBO

Gorka Hermosa (Uretxu, Gipuzkoa, 1976) es un tipo sencillo, lo cual cobra más valor si se observa su trayectoria en el mundo de la música en su doble faceta de compositor e intérprete. Hermosa fue el primer acordeonista en tocar con una orquesta sinfónica en España, allá por 1998; sus composiciones para acordeón son de las más tocadas en todo el mundo; ha tocado con músicos de la talla de Jorge Pardo o Ara Malikian. Por otra parte, no descuida su faceta docente como profesor de conservatorio, donde, según nos cuenta, trata de romper algunos de los corsés protocolarios que aún perviven en un ambiente que, fiel a su nombre, no deja de ser muy conservador. A esto hay que sumar su labor investigadora, de la que han salido varios libros sobre música para acordeón que hoy son referencia. De formación clásica, su evolución artística le ha llevado a propiciar el encuentro con otras músicas, como el flamenco o el jazz, donde el acordeón, a priori, no jugaba un papel relevante.

Nos reunimos en un céntrico café de Santander para conversar sobre música, sobre su trayectoria y sobre el pasado, presente y futuro del instrumento que lo acompaña desde que contaba 12 años.

¿A qué edad empezaste a tocar el acordeón? ¿Fue tu primera opción?

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Luces y sombras: historia de la linterna mágica

La Laterna Magica (c. 1760) |

La linterna mágica fue un formato audiovisual con una notable resonancia cultural entre los siglos XVII y XIX. Durante esta última centuria se asistió a su consolidación como medio de comunicación de masas en un contexto de creciente industrialización. Este artefacto óptico se sustentaba en la proyección de imágenes y la reproducción sincrónica de sonidos para su exhibición ante una determinada audiencia.

La invención de la linterna mágica se atribuye al físico neerlandés Christiaan Huygens (1629-1695), quien en 1659 realizó un diseño de la misma cuyo original manuscrito se halla custodiado en la biblioteca de la Universidad de Leiden. En el documento se observan diez figuras macabras que, dispuestas sobre dos láminas de vidrio -una con esqueletos sin cráneo ni brazo derecho y otra con los cráneos y brazos ausentes en aquélla-, habrían posibilitado la manufacturación de una placa animada. Con todo, existen numerosos indicios de su posible existencia con anterioridad a esa fecha, si bien es cierto que se trata de casos sin verificar.

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El regreso de la utopía

Rutger Bregman durante su intervención en la conferencia TED | Bret Hartman / TED

Cuando el joven historiador holandés Rutger Bregman (Westerschouwen, 1988) comenzó a escribir sobre la renta básica a finales de 2013, no imaginaba el impacto que sus ideas estaban a punto de generar. En su ensayo 'Utopía para realistas', publicado originalmente en De Correspondent (medio holandés récord mundial de crowdfunding en periodismo), planteaba acabar con la pobreza y repensar el modelo de sociedad actual a través de tres propuestas revolucionarias: la renta básica universal, la semana laboral de 15 horas y un mundo de fronteras abiertas. Tras la edición del libro en Holanda, su traducción a veinte idiomas ahora (en castellano a cargo de la editorial Salamandra) y los experimentos iniciados en Finlandia y Canadá no han hecho sino expandir y avivar aún más el debate.

Rutger Bregman introduce su manifiesto planteando una serie de preguntas clave: “¿Por qué trabajamos más desde la década de 1980, a pesar de ser más ricos que nunca? ¿Por qué hay millones de personas viviendo en la pobreza cuando somos más que suficientemente ricos para erradicarla para siempre? ¿Y por qué más del 60% de nuestros ingresos dependen del país donde por casualidad hemos nacido?”. En un momento en el que muchos jóvenes de países ricos [los llamados millenials] viven ya peor que sus padres, ahogados en un mar de narcisismo e incertidumbre, propone mirar a largo plazo y recuperar la visión de la utopía para imaginar un mundo mejor que el que tenemos.

Parafraseando una mítica cita de la película El club de la lucha, Bregman observa que “la industria alimentaria nos proporciona comida basura barata con exceso de sal, azúcar y grasas, poniéndonos en la vía rápida hacia el médico y el dietista. El desarrollo de las tecnologías causa estragos en el empleo y nos envía de vuelta al consultor. Y la industria publicitaria nos anima a gastar dinero que no tenemos en trastos que no necesitamos para impresionar a gente a la que no soportamos”.  El capitalismo que favoreció el desarrollo económico y el progreso desde la Edad Moderna no es suficiente para superar los retos del siglo XXI. Hacen falta nuevas formas de impulsar nuestra calidad de vida y la solución pasa por la política para encontrar una nueva utopía.

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Muertos a la carta

Es un hecho: la verdad incomoda. Por eso, cuando la realidad nos sostiene la mirada fijamente y nos pone contra las cuerdas, es frecuente ignorarla. Evitarla, y seguir con nuestra vida, como si nada hubiera ocurrido. Como si aún estuviéramos vivos. 

Le Rêvè es un restaurante muy especial. A él acuden las almas vivas de gente muerta, pero que aún no saben de su condición. Los muertos son personas difíciles de tratar. Tienen un humor cambiante; al parecer, les gusta beber, charlar, y los juegos de azar. Tal vez les recuerde a la vida. Es por esto por lo que no debe de ser nada fácil comunicarles que ya no pertenecen a ella.

El Chef de este restaurante logra que sus comensales le cuenten su historia para llegar a comprenderse a sí mismos. A su situación.  Pero ¿cómo conseguir de pronto que alguien se abra lo suficiente como para contarle a un desconocido algo tan íntimo?

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Búsqueda y redención: el mito del Grial

En el siglo XII, la cultura caballeresca europea vivió una honda transformación. En el contexto de un renacimiento que resultaría crucial para la consolidación de la identidad occidental, el rol social de la caballería se vio sometido a un riguroso cuestionamiento por parte algunos de los más grandes eruditos del momento. El propósito de sus reflexiones no fue otro que resolver las obvias contradicciones entre las exigencias de la vida militar y el servicio a Dios. La Primera Cruzada (1096-1099) proporcionaría el pretexto por el que dotar de un sentido trascendental a la labor de un gran número de caballeros, que pondrían sus armas al servicio de la cristiandad para la conquista de Tierra Santa y la salvaguardia de los peregrinos que a ella acudieran.

La literatura medieval no permanecería al margen de estos cambios, y valores como el amor cortés o la defensa del cristianismo tendrían su plasmación en la denominada épica cortesana. Sus obras quedarían agrupadas en tres grandes ciclos, a saber: la Materia de Roma, la Materia de Francia y la Materia de Bretaña. La Materia de Bretaña, que versa sobre las hazañas del rey Arturo y los caballeros de la Mesa Redonda, acogería el desarrollo de uno de los grandes mitos de las letras europeas: el Grial.

La Tabla Redonda (c. 1405-1407) - Bibliothèque National de France

La Tabla Redonda (c. 1405-1407) - Bibliothèque National de France

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Pessoa, eterno viajero

«La vida es lo que hacemos de ella. Los viajes son los viajeros. Lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos».

Libro del desasosiego, Fernando Pessoa.

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El banquero anarquista: una sátira cualquiera

Ese 30 de noviembre en el que el agotado corazón de Fernando Pessoa se apagó en el Hospital de São Luis dos Franceses de Lisboa, su reducido entorno le recordó como el fascinante literato e intelectual inquieto que fue. Sin embargo, el resto de lisboetas, espectadores horrorizados de la nociva perspectiva en la que se veía sumido el poeta los últimos años de su vida, sólo llegó a rememorar al Pessoa mundano. Aquel individuo, deshecho tras su escritorio entre colillas y un hálito de alcohol que se dejaba apagar en su vagabundeo por la oscuridad de las tabernas de la capital portuguesa, yacía como abducido, privado ya de su mente brillante y lúcida; como tantas veces ha sucedido con otros tantos iconos artísticos, su propia virtud condenó al hombre y nos privó del genio. Tal y como nos susurraba Antonio Vega en  Se dejaba llevar, otro genio que ya entonces bordeaba continuamente el abismo, el peor pecado del hombre es dejarse llevar.

Se suele decir que las últimas palabras conocidas del genio lisboeta fueron: «No sé lo que me deparará el mañana». No sólo le deparó la muerte; afortunadamente, y con la publicación póstuma de sus obras firmadas mediante heterónimos, con el fin de usar registros literarios distintos creando a diferentes autores ficticios, nos ha sido descubierta a todo el mundo la brillantez de este «extranjero» que, como el Meursault de Camus, es arrastrado por su entorno. Y ello a pesar de que, a diferencia del singular protagonista de la novela icónica del existencialismo, Pessoa amaba su país por encima de todo.

No obstante, el escritor portugués llegó a publicar en vida algunos escritos, entre los que destaca por la vigencia de sus reflexiones y razonamientos un pequeño relato, cuento ensayístico no muy conocido sobre el individualismo, la sociedad política, el altruismo y el antagonismo entre la burguesía y la teoría libertaria:   El banquero anarquista. El texto vio la luz por primera vez en mayo de 1922, en el primer número de la revista literaria  Contemporânea. Su pequeña extensión y lo paradójico del planteamiento inicial -un acaparador, un prestidigitador de las finanzas que a su vez destaca por su alma ácrata y su actitud subversiva contra lo establecido- no nos debe inducir a menospreciar sus reflexiones. En esta «sátira dialéctica», como Pessoa mismo la denominaba, la broma jocosa que supone lo desconcertante de la conclusión reflexiva del protagonista no es un dislate, sino que sirve de hilo conductor para establecer una profunda reflexión sobre la libertad, la iniciativa individual frente al colectivismo social, o la igualdad natural y prefabricada, que evidencia lo absurdo del fanatismo en el posicionamiento político y, especialmente, muestra al lector la absurdez para Pessoa de «los grandes remedios» en tiempos de crisis.

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Quique González: "La música es mucho más que una terapia para mí"

El músico y compositor Quique González. | FOTOS: JOAQUÍN GÓMEZ SASTRE

Terminó el primer año de presentación de su décimo disco, Me mata si me necesitas, feliz y satisfecho junto a Los Detectives, la banda con la que lleva tocando los últimos cinco años. Quique González (Madrid, 1973) pide un gintonic, se explaya hablando de series y de cine, una de sus grandes pasiones, y no esquiva ninguna pregunta. Con veinte años de carrera profesional a sus espaldas, charlamos sobre su trayectoria, sus influencias, el tratamiento que recibe la música y la profesión de músico en España, así como la especial relación que mantiene con Cantabria desde hace más de una década.

La entrevista se realiza en el mítico Rvbicón de Santander, un bar que le es muy familiar. No en vano, junto al piano que preside el local ha compuesto varios de sus temas y ha pasado noches inolvidables el que es uno de los compositores y músicos de rock más respetados y queridos del panorama nacional.

Tus primeros trabajos fueron en un McDonald's de Londres y como animador turístico en un hotel de Mallorca, ¿qué aprendiste de esas experiencias?

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Entre la razón y la fe: 'Bacantes', de Eurípides

Bacantes es el título de la obra maestra de Eurípides (484/480-406 a.C.), el último de los grandes trágicos griegos. El poeta compuso este drama tardío durante su retiro en la corte de Pella, Macedonia, a la que había sido invitado por el monarca Arquelao I. Allí conocería la muerte, de modo que Bacantes sería estrenada con carácter póstumo en Atenas un año más tarde. Su hijo, Eurípides el Joven, se encargaría de la puesta en escena.

Bacantes tiene su origen en uno de los muchos mitos asociados a la figura del último de los dioses olímpicos: Dioniso. El eje de esta tragedia, como ya observara el académico Carlos García Gual, consiste en una superposición de antagonismos, a saber, «lo griego y lo bárbaro, lo masculino y lo femenino, la ciudad y el monte, la serenidad cívica y el frenesí báquico, es decir, lo apolíneo y lo dionisíaco, en el sentido de estos términos en Nietzsche». Pero por encima de todas estas contradicciones, sobresale el choque entre lo humano y lo divino.

El prólogo de la obra -recurso frecuente en la producción de Eurípides-, protagonizado por el propio Dioniso, advierte ya de la inminencia de este enfrentamiento. Desde el theologeíon, el espacio más elevado de la escena, el dios del éxtasis, recién llegado a Tebas, se complace en anunciar su voluntad de instituir su culto en la ciudad. Tebas no es un enclave cualquiera para Dioniso, que fue concebido en ella como resultado del rayo con que Zeus fulminó a su madre, Sémele, hija del rey Cadmo, fundador de la ciudad. Cadmo ha entregado el poder a su nieto, Penteo, quien se niega a honrar a Dioniso en sus libaciones, circunstancia que el dios no puede tolerar.

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Crucifijos y navajas

La última cena de los mendigos. | Films 59 - UNINCI - Producciones Alatriste

«¿Qué se me reprocha? En ese film me he quedado siempre corto en todo lo que podía decir. Mi heroína se encuentra más virgen en el desenlace que al principio» .

Luis Buñuel

No sabría que decirle, Don Luis, pues la historia le viene de lejos. Tan lejos como 1929, cuando una cuerda arrastraba lentamente a un par de curas por el suelo. Añadan al anecdotario que uno de ellos estaba interpretado por un Salvador Dalí exento de su bigote. Hablamos, en este caso, de Un perro andaluz, de Luis Buñuel y de la censura francesa. Este forzoso «idilio»  entre los censores y el director aragonés (que tan precozmente daría comienzo) sería una constante a lo largo de toda su filmografía. Da igual que fuera Francia, México, Italia o España, en los cincuenta años que estuvo detrás de la cámara, su estrábica mirada fue tan temida como admirada. Curiosamente (y no sería el único), Buñuel sabría usar con suma habilidad esa tensión entre lo que quería contar y lo que le era permitido. Esa estrecha repisa por la que tenía que transitar, daría lugar a todo un imaginario de símbolos y pequeños juegos visuales que poseían una fuerza que quizás se hubiese visto minimizada usando un lenguaje, si cabe, más explícito. Un universo tan particular que ha llegado a introducirse en nuestro léxico con el adjetivo de buñueliano.

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