Opinión y blogs

eldiario.es

La ciencia libre de Augusto González de Linares

Ilustración de Augusto González Linares. | SARA DOMÍNGUEZ

En 1872 Augusto González de Linares ganó la cátedra de Historia Natural en la Universidad de Compostela. En sus clases defendía la validez de una teoría entonces reciente, propuesta por el naturalista inglés Charles Darwin, según la cual todos los seres vivos proceden de un ancestro común y la selección natural actúa como motor de la evolución. González de Linares no tardó en recibir el siguiente anónimo, conservado en el Fondo Giner de la Real Academia de Historia:

Muy señor nuestro. El cuerpo escolar está escandalizado de tus esplicaciones (sic) heréticas, de tus quijotadas y de tus pedantescas elucubraciones. Galicia cuna de tantos sabios, tierra clásica de hidalguía, no necesita que un pasiego, un montañés salido de la nada venga a echárselas de Padre grave y de un Sócrates (...) Odiamos las doctrinas y las ideas de V. que son heréticas y condenadas por la doctrina de Jesucristo.

Es cierto que González de Linares era un montañés salido de la nada. Había nacido en Valle de Cabuérniga en 1845, se había educado en la escuela municipal de su pueblo, en los Escolapios de Villacarriedo y en el Instituto de Santander. Sus resultados académicos le permitieron matricularse en las universidades de Valladolid y Madrid, donde estudió Ciencias Naturales y Derecho. Tuvo su primer empleo en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid, como ayudante de mineralogía.

Seguir leyendo »

Matilde Camus, una voz en el tiempo

Ilustración de Matilde Camus. |

Los primeros cincuenta años se escriben de manera lineal. A partir de entonces, el tiempo empieza a girar sobre sí mismo y se ensancha. Matilde Camus supo de su vocación poética cuando era una adolescente de camino a las clases de Gerardo Diego en el instituto Santa Clara de Santander, pero sus versos, multiplicados una y otra vez en la oscuridad durante medio siglo, no vieron la luz hasta 1969. Para titular aquel primer libro le bastó un sustantivo en plural, 'Voces'. Fue el inicio de una bibliografía extensa que cruzó los restos del siglo XX durante cuatro décadas de vida literaria. Casi un libro por año. Todos concebidos en las habitaciones de una vida familiar tranquila en una casa de Cueto.

Aurora Matilde Gómez Camus nació en Santander en 1919. Huérfana desde los 28 días de vida por las complicaciones de un parto que arrastró lejos del mundo a su madre. Criada en un hogar donde el sol brilló siempre velado por una nube de tristeza. Rodeada por unas montañas de laderas verdes que quiso atrapar una y otra vez en sus poemas. Porque ningún territorio pide más poesía que la infancia. A Matilde Camus la educó su ama de llaves mientras su padre hacía guardias nocturnas en una farmacia de la cuesta de la Atalaya.

Santander es una pequeña capital de provincias con salida a un mar que le ensancha el horizonte. A Matilde Camus la ciudad de su niñez le bastó para vivir una vida que se fue más allá de los noventa años. En Cueto, donde hoy hay un museo que lleva su nombre, la niña que sería poeta esperaba al padre que volvía a casa con ojeras y un olor a fórmulas magistrales impregnado en la ropa.

Seguir leyendo »

El doctor Madrazo, un visionario inconformista

Ilustración del doctor Enrique Diego-Madrazo. | GERMÁN ALONSO

Hay personas que pasan por el mundo para contradecir a su época. Llegan antes de tiempo y, en consecuencia, la época no sabe dónde ubicarlas. Desafían a sus contemporáneos, se rebelan contra la lentitud del presente, luchan contra la tozudez que les niega la razón. Pierden, por supuesto. Pero a través de su derrota abren nuevos caminos e iluminan zonas de sombra que hasta su llegada se habían mantenido en penumbra. El futuro, que es el lugar al que pertenecen, se encarga de rescatar su memoria del olvido y los declara imprescindibles.

Enrique Diego-Madrazo fue uno de esos hombres imprescindibles que nacen en la época equivocada. Al doctor Madrazo, como fue conocido y como le recuerda la historia, casi nunca le dieron la razón, pero eso no le impidió seguir argumentando en el desierto contra una sociedad que era incapaz de advertir la llegada de un tiempo nuevo que empezaba a dejarla atrás.

Madrazo fue cirujano, profesor, pedagogo, sociólogo y dramaturgo. Fue también una de las pocas personas que en la España de finales del siglo XIX se sumó contra la opinión general a las nuevas corrientes científicas que estaban a punto de cambiarle la cara al mundo.

Seguir leyendo »

Alonso de Alvarado, mariscal y capitán del Perú

Ilustración de Alonso de Alvarado. |

En 1554 Alonso de Alvarado es un capitán vencido que huye a lomos de un caballo. Hace solo unas horas que ha perdido la batalla de Chuquinga ante las tropas sublevadas de Hernández Girón. Lleva una herida de arcabuz en el cuello, pero se mantiene erguido sobre la grupa del animal. En Nazca lo ven pasar, escoltado por treinta caballeros, camino de Lima, en silencio y con el rostro alucinado de alguien que acaba de asistir a la escena final de su vida. Cuando consiga llegar a Lima se encerrará en su casa y se negará a pronunciar palabra. En lo que a él respecta, y a efectos prácticos, ha muerto durante la batalla. Los médicos que lo atienden diagnostican que Alonso Alvarado, corregidor de Cuzco, mariscal del Perú, explorador y fundador de ciudades, está enfermo de melancolía.

En 1535 Alonso de Alvarado es el primer español que se adentra en la selva amazónica del Perú. Lo hace al mando de veinte hombres, siguiendo las directrices de Francisco Pizarro. La expedición remonta los Andes y llega al territorio de los Chachapoyas. Los indígenas, que sufren desde antiguo la dominación del imperio Inca, reciben de buen grado a los españoles. Creen que son enviados de los dioses que han venido para liberarlos. Les entregan oro y plata. Alvarado regresa a Lima, recluta más hombres y vuelve a la selva para establecer una alianza con los nativos y fundar la ciudad de San Juan de la Frontera de Chachapoyas.

La vida de Alvarado, nacido en Secadura, en la comarca de Trasmiera, en el año 1500, no puede trazarse fuera del contexto de la conquista española del Perú. Como todos los hombres que participaron en ella, Alvarado cometió atrocidades. Espoleado por la ambición exploró, luchó contra una tierra extraña en la que engendró hijos mestizos, venció, fue vencido, conquistó y fue conquistado. Quizás en los últimos años de su vida, nublados por la locura, alcanzó a comprender que no moría en una tierra extraña.

Seguir leyendo »

Juan de Herrera, el arquitecto que diseñó el Renacimiento español

Ilustración de Juan de Herrera. |

[La historia comienza con un niño que observa una casa. El niño se llama Juan de Herrera. La casa está en Movellán. La escena transcurre en un día inencontrable durante la primera mitad del siglo XVI. Si uno observa la casa, y uno puede hacerlo, porque la casa todavía existe, resulta difícil entender por qué el niño le presta tanta atención. Hay dos respuestas. La primera es obvia: porque vive en ella. La segunda es interesante: porque está aprendiendo.

Sabemos muy poco de la infancia de Juan de Herrera. Nació en Movellán en 1530, en una familia con raíces en la aristocracia local. Ninguna biografía nos habla de los primeros años de su vida, pero no hay infancia que no pueda rastrearse en el carácter y los trabajos del adulto que crece a partir del niño. Su carácter fue inquieto. Sus trabajos, sobrios y austeros.

[El niño mira el tejado a dos aguas y los dos pilares que sostienen la fachada. Intuye la viga sobre la puerta de entrada. Recorre la casa intentando distinguir los muros de carga de los simples tabiques que separan las habitaciones. Busca el hueco en la pared por donde asciende la garganta de la chimenea].

Seguir leyendo »

Consuelo Berges, la fuerza de las convicciones

Ilustración de Consuelo Berges. |

Son alrededor de 50 personas. Caminan arrastrando los pies, con la mirada clavada en el suelo que pisan, como si les diera vergüenza alzar los ojos al cielo, como si supieran, instintivamente, que los vencidos ya no tienen ese derecho. No hablan entre ellos. No tienen nada que decirse. Conocen el camino. Dejan atrás los últimos valles de Gerona y entran en Francia. En un par de horas llegarán a Portbou, donde serán detenidos por una patrulla francesa. No opondrán resistencia. No pueden. Es el mes de febrero de 1939. Son los republicanos españoles, que marchan al exilio.

Consuelo Berges se deja conducir, como el resto de sus compañeros, hasta un prado en las afueras de la ciudad. Ignora el destino que le aguarda, pero hace tiempo que el destino ha dejado de ser un problema. Tiene hambre y frío y su única preocupación es sobrevivir a la noche al raso que se le viene encima. Sabe de sobra que, para los desamparados, no hay futuro más allá de la última calada a un cigarro que pasa de mano en mano y que fuma únicamente para que la brasa le caliente un poco los dedos.

Al día siguiente las autoridades francesas trasladan en tren a los refugiados españoles hasta el departamento del Alto Loira. Durante una parada en Perpiñán, Consuelo Berges se escabulle junto a varios compañeros. ¿Pero adónde escapa un extranjero que no puede regresar a su país? Transcurren horas hasta que los gendarmes los encuentran. Dos días después llegan a Le Puy-en Velay, donde Berges y otros 600 españoles huidos del fascismo son encerrados en un campo de internamiento, a la espera de que Francia, que se asoma a la II Guerra Mundial, decida qué hacer con ellos.

Seguir leyendo »

Juan de la Cosa, de Santoña al Nuevo Mundo

Ilustración de Juan de la Cosa. |

Lisboa, 1488

El navegante Bartolomé Días regresa a Portugal después de haber alcanzado las Indias a través del Cabo de Buena Esperanza. Es el primer europeo que consigue semejante hazaña. Del Atlántico al Índico a través de tormentas y de aguas desconocidas, una nueva ruta entre occidente y oriente sin necesidad de atravesar el Mediterráneo y Oriente Medio, dominado por los turcos. Protegido por la multitud de curiosos que se reúnen en el puerto para ver de cerca el barco del héroe, hay un marino santoñés llamado Juan de la Cosa que estudia cada detalle con atención. Ha sido enviado a Lisboa por los Reyes Católicos con una misión que no admite errores: obtener toda la información posible del viaje portugués y regresar con ella a Castilla.

De la Cosa es un hombre experimentado en el mar. Ha navegado por el Mediterráneo y se ha adentrado en el océano Atlántico, el lugar más temido por los navegantes de la época, hasta las Islas Canarias y las costas del África Occidental. De su infancia y su juventud no sabemos prácticamente nada. Ni siquiera tenemos constancia exacta de la fecha de su nacimiento, en algún momento entre 1450 y 1460, en Santoña. Las primeras referencias históricas de su existencia son las que lo sitúan en Lisboa, en calidad de espía al servicio de la Corona, recorriendo los bares del puerto, en el estuario del Tajo, para conocer el trazado de un viaje que obsesiona a los Reyes Católicos.

Seguir leyendo »

Concha Espina, el refugio de la escritura

Ilustración de la escritora cántabra Concha Espina. |

Se llama María de la Concepción Jesusa Basilisa Rodríguez-Espina y García-Tagle, tiene ochenta y seis años y está a punto de adentrarse a ciegas en el misterio de la muerte. Hace más de quince años que perdió la vista, pero no ha dejado de escribir. Utiliza un cartón pautado sobre el que va dejando con cuidado su caligrafía invidente. Después alguien le lee en voz alta las notas, y sobre ellas corrige. Si considera que una palabra no es exacta detiene la lectura y escarba en su memoria en busca del adjetivo correcto o el verbo preciso. Si le preguntan, responde que esa exigencia es la que le ha permitido abrirse camino en una literatura de hombres.

Su última obra es una novela de amor titulada sencillamente así, Una novela de amor. Como en el resto de su producción gira en torno a un conflicto amoroso que coloca a los protagonistas de frente a un cruce de caminos que marcará sus vidas. En el centro de las tramas que vertebran las novelas de Concha Espina siempre hay una elección dolorosa entre el deber y el deseo. En La Esfinge Maragata, por la que recibió el Premio Fastenrath de la Real Academia Española, una joven debe decidir entre un matrimonio de conveniencia y el amor de un poeta de quien está enamorada. En Altar Mayor, por la que ganó el Premio Nacional de Literatura, el protagonista, Javier, se debate entre el amor por su prima Teresina y la obediencia a una madre que pretende casarlo con una joven de una posición social más elevada.

Las revoluciones estéticas han pasado de largo por la obra de Concha Espina, que en su juventud abrazó el realismo decimonónico y permaneció siempre fiel a una forma de entender la literatura esposada a la tradición. Ni el modernismo ni las vanguardias ni la experimentación consiguen descabalgarla de los principios que dominan su obra desde que en 1888 publicó con seudónimo sus primeros versos en El Atlántico de Santander.

Seguir leyendo »

Pero Niño, el corsario de Buelna

Ilustración de Pero Niño, el Conde de Buelna. |

A finales del siglo XIV el Reino de Castilla se extiende de norte a sur y de este a oeste a lo largo de la Península Ibérica. Comparte fronteras y tensiones con otros cuatro reinos, Navarra, Aragón, Portugal y Granada. Y mira al mar desde el Cantábrico, el Mediterráneo y el océano Atlántico. La corona castellana es el resultado de siete siglos de terreno ganado a los musulmanes, de luchas dinásticas, guerras civiles, alianzas y sangre. No es un lugar apacible, pero es el lugar adecuado para un hombre ambicioso, capaz de aprovechar las convulsiones políticas a su alrededor para hacerse un hueco en la historia. 

Pero Niño nació en algún lugar cerca de Valladolid en 1378. Solo nueve años antes, en 1369, Enrique II de Trastámara había derrotado en la batalla de Montiel a su hermanastro Pedro I el Cruel, último rey de la casa de Borgoña. La guerra civil, una más, terminó con la cabeza de Pedro I ensartada en una pica que fue llevada en procesión por las principales ciudades del reino.

El ascenso al trono de la casa de Trastámara resultará trascendental para la familia de Pero Niño. Sus padres, Juan Niño e Inés Lasso de la Vega, pertenecían a linajes nobles con más pasado que presente y futuro, pero su suerte cambió cuando Juan I decide nombrar a Inés Lasso nodriza del príncipe heredero, el futuro Enrique III el Doliente. De esta manera, Pero Niño recibirá una educación cortesana junto al joven que, en unos años, se convertirá en el hombre más poderoso del reino.

Seguir leyendo »

Pedro Velarde, el héroe en su pedestal

Ilustración de Pedro Velarde realizada por Daniel Pérez, alumno de la Escuela de Arte de Puente San Miguel.

Madrid es el escenario de una batalla que se libra calle por calle. A primera hora de la mañana decenas de ciudadanos anónimos se han levantado en armas contra los ocupantes franceses al advertir que estos pretendían sacar del país al infante Francisco de Paula. Sucede espontáneamente. Alguien grita: ¡Que nos lo llevan! Y después: ¡Muerte a los franceses! Y antes de que los franceses se den cuenta ya hay patrullas organizadas por los barrios del centro, hombres y mujeres armados con piedras, navajas y tijeras, desde la Puerta del Sol a la calle de San Bernardo, que buscan soldados enemigos sobre los que descargar su frustración y su furia. Durante todo el día la sangre correrá por la ciudad. Es el 2 de mayo de 1808.

La noticia de la sublevación ciudadana se extiende por todo Madrid. Lo que comienza siendo una algarada en la Puerta del Sol se convierte rápidamente en una emboscada que amenaza con encerrar en territorio hostil al ejército más poderoso del mundo. Madrid grita y se retuerce. Un grupo de presos de la Cárcel Real pide bajo juramento que les dejen salir para combatir al enemigo. El alcaide, que ve venir un motín, acepta y 94 presos se dirigen a la Plaza Mayor, donde se hacen con un cañón y defienden su posición. Se combate cuerpo a cuerpo contra soldados franceses que mueren apuñalados, mordidos y pisoteados, que caen sobre las piedras de la calle con los ojos abiertos de par en par y el uniforme cubierto de escupitajos.

Hay gritos, carreras, disparos, polvo. Entre la humareda de los cañones surgen hombres que se lanzan navaja en mano contra jinetes que reparten sablazos. Goya lo pintó en 'La carga de los mamelucos', Galdós lo describió en los 'Episodios Nacionales'. Se avanza, se retrocede, se lucha y se muere en cada esquina. El ejército español, mientras tanto, permanece al margen. Son las órdenes de la Junta Central, controlada por la Corona, que Napoleón maneja a su vez desde Bayona. En las afueras de Madrid, el mariscal Murat se propone sofocar la rebelión con 30.000 soldados que no tardarán en unirse a los 10.000 militares franceses que ya pelean contra los madrileños.

Seguir leyendo »