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Pero Niño, el corsario de Buelna

Fue uno de los más destacados almirantes al servicio de la corona de Castilla. Sus acciones contra los piratas en el Mediterráneo y contra los ingleses en el Atlántico le valieron ser nombrado Conde de Buelna.

La torre que lleva su nombre en San Felices de Buelna recuerda la figura del marino, que en 1405 partió desde Santander al mando de tres naves de guerra con las que saqueó la costa inglesa y llegó hasta la ciudad de Southampton.

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Ilustración de Pero Niño, el Conde de Buelna. | BEATRIZ CEA DÍAZ

Ilustración de Pero Niño, el Conde de Buelna. | BEATRIZ CEA DÍAZ

A finales del siglo XIV el Reino de Castilla se extiende de norte a sur y de este a oeste a lo largo de la Península Ibérica. Comparte fronteras y tensiones con otros cuatro reinos, Navarra, Aragón, Portugal y Granada. Y mira al mar desde el Cantábrico, el Mediterráneo y el océano Atlántico. La corona castellana es el resultado de siete siglos de terreno ganado a los musulmanes, de luchas dinásticas, guerras civiles, alianzas y sangre. No es un lugar apacible, pero es el lugar adecuado para un hombre ambicioso, capaz de aprovechar las convulsiones políticas a su alrededor para hacerse un hueco en la historia. 

Pero Niño nació en algún lugar cerca de Valladolid en 1378. Solo nueve años antes, en 1369, Enrique II de Trastámara había derrotado en la batalla de Montiel a su hermanastro Pedro I el Cruel, último rey de la casa de Borgoña. La guerra civil, una más, terminó con la cabeza de Pedro I ensartada en una pica que fue llevada en procesión por las principales ciudades del reino.

El ascenso al trono de la casa de Trastámara resultará trascendental para la familia de Pero Niño. Sus padres, Juan Niño e Inés Lasso de la Vega, pertenecían a linajes nobles con más pasado que presente y futuro, pero su suerte cambió cuando Juan I decide nombrar a Inés Lasso nodriza del príncipe heredero, el futuro Enrique III el Doliente. De esta manera, Pero Niño recibirá una educación cortesana junto al joven que, en unos años, se convertirá en el hombre más poderoso del reino.

Casi todo lo que sabemos de la vida de Niño lo sabemos porque él se encargó de que lo supiéramos. En una época que no solía preocuparse por la posteridad, Pero Niño se aseguró de dejar escrita su historia en El Victorial, una crónica de sus hechos y hazañas que se considera la primera biografía de la literatura española. La obra, redactada por Gutierre Díez de Games, un alférez que acompañó a Pero Niño a lo largo de toda su carrera militar, puede leerse como el gesto político de alguien que busca difundir entre sus contemporáneos una estudiada imagen pública a la altura de sus ambiciones, pero también como el ramalazo de vanidad de un hombre que posa para los siglos futuros. 

El Victorial, escrito por Gutierre Díez de Games, recoge los hechos y hazañas de Pero Niño. Se cree que se empezó a redactar en 1406, y que el grueso de la obra se escribió entre 1436 y 1448. Se le añadió un epílogo en 1453, tras la muerte de Niño. El manuscrito más antiguo, en la foto, se encuentra en la Biblioteca Nacional.

El Victorial, escrito por Gutierre Díez de Games, recoge los hechos y hazañas de Pero Niño. Se cree que se empezó a redactar en 1406, y que el grueso de la obra se escribió entre 1436 y 1448. Se le añadió un epílogo en 1453, tras la muerte de Niño. El manuscrito más antiguo, en la foto, se encuentra en la Biblioteca Nacional.

El Victorial presenta a Pero Niño como el protagonista de una novela de caballerías, un hombre que destaca en los torneos y las justas, que actúa guiado por un código de honor típicamente medieval y al mismo tiempo presenta rasgos que lo humanizan y nos permiten empatizar con él.

Su biógrafo se recrea en las hazañas, pero no oculta los fracasos. Gracias a su trabajo sabemos que la carrera militar de Niño comenzó cuando apenas era un adolescente y el recién coronado Enrique III lo envió a sofocar las revueltas que estallaron tras su proclamación. En el cerco de Gijón, con quince años, avanzó en primera línea durante la toma del castillo del conde de Noreña. Durante la guerra contra Portugal se destacó combatiendo a las órdenes de su mentor, el condestable Ruy López Dávalos.

La crónica de Gutierre Díez da cuenta, entre otras cosas, del primer matrimonio de Niño con Constanza de Guevara, con la que se casó en 1399. Constanza murió solo cinco años después, dejando a Pero Niño un hijo que tampoco habría de sobrevivirle. En Moby Dick, Ismael afirma que el mar da vida a los hombres que se mustian en tierra. A Pero Niño el mar lo encontró en mitad de la crisis desatada por la muerte de su esposa. A los 25 años dejó atrás la tierra firme para construir su fama sobre la cubierta de un barco.

A la caza de los piratas

A principios del siglo XV la piratería se había convertido en un serio problema para Castilla. El comercio marítimo crecía al mismo ritmo que el Mediterráneo se iba llenando de piratas que medraban gracias al saqueo de las naves comerciales. Enrique III encargó a Pero Niño que pusiera fin a la situación. Niño no tenía ninguna experiencia marítima y no sabía absolutamente nada de barcos, pero aceptó la misión. Recurrió a dos hombres experimentados, el sevillano Juan Bueno y el genovés Nicolaso Boneldos, y con dos galeras y una nao partió de Sevilla en 1404 para patrullar el Mediterráneo.

Niño estableció su base de operaciones en Cartagena, desde donde emprendió una lucha constante y a veces desigual con los piratas y con el complejo entramado de relaciones internacionales de la época. Sus primeras expediciones se saldaron sin botín ni gloria. Quizás por eso cuando oyó hablar de dos piratas que operaban juntos, el castellano Juan de Castrillo y el balear Arnau Aymar, los persiguió hasta Marsella, donde el papa cismático Benedicto XIII tuvo que intervenir personalmente para evitar que Pero Niño entrara con sus barcos en una ciudad soberana que tenía intención de defenderse. Fue su primer contacto con la telaraña de alianzas europea: el Papa, como la corona de Aragón, protegía a los corsarios que operaban contra Castilla; al mismo tiempo, los intereses de la corona castellana le obligaban a ceder ante el pontífice.

Pero Niño destacó desde su juventud por su habilidad con las armas. Su biógrafo cuenta que era experto en el uso de la espada y la ballesta y que cobró fama venciendo en numerosas justas y torneos.

Pero Niño destacó desde su juventud por su habilidad con las armas. Su biógrafo cuenta que era experto en el uso de la espada y la ballesta y que cobró fama venciendo en numerosas justas y torneos.

Desde Marsella, Pero Niño llegó hasta Cerdeña siguiendo la ruta de Castrillo y Aymar. Allí se encontró con un nuevo obstáculo diplomático: los sardos se habían rebelado contra la corona aragonesa, que gobernaba la isla y utilizaba a los piratas para sofocar la rebelión. Para mantener las apariencias, el gobernador de Alguier dio carta blanca a Niño para que atacara al pirata Juan de Olzina, que se ocultaba en Cagliari con un barco capturado a unos comerciantes sevillanos. La cosa terminó en incidente internacional. Olzina se había convertido en el protegido del gobernador de Cagliari, que en aquellos momentos negociaba la paz con los rebeldes sardos. El barco de Olzina, que estaba siendo utilizado para transportar a los negociadores, fue saqueado y desvalijado por Pero Niño y los sardos utilizaron el incidente para romper las conversaciones de paz.

Cansado de fracasos y sin haber capturado a un solo pirata, Pero Niño navegó hacia las costas del norte de África, donde no había sutilezas porque solo había enemigos. Allí cambió de estrategia y pasó de perseguir corsarios cristianos a saquear naves musulmanas. En un asalto a una galeaza del rey de Túnez sufrió una herida en el pie que derivó en una infección que estuvo a punto de costarle la vida. Cuando los médicos le informaron de que había que amputar, Niño se cauterizó a sí mismo la herida con un hierro candente, conservó el pie y siguió su campaña por las aguas de la Berbería. Después de varias incursiones sin éxito regresó a Cartagena y puso fin a su aventura en el Mediterráneo.

Las campañas del Atlántico

La estancia en tierra fue breve. En 1405 y en el contexto de la Guerra de los Cien Años, el rey firmó una alianza con Francia y encargó a Pero Niño una campaña de hostigamiento contra las naves inglesas. El antiguo cazador de piratas reconvertido en corsario se dirigió a Santander para armar una escuadra de guerra. Durante semanas el puerto de la ciudad fue un hervidero de actividad. Decenas de soldados cántabros fueron enrolados en las tres galeras de guerra que el futuro Conde de Buelna condujo rumbo al Canal de la Mancha.

Niño estableció su nueva base de operaciones en la ciudad francesa de La Rochelle. En su primera incursión saqueó el estuario de La Gironda. Allí puso en práctica por primera vez la estrategia que lo haría conocido entre la marinería atlántica: ataque relámpago, saqueo, incendio y vuelta a la base de operaciones para definir un nuevo objetivo.

En La Rochelle, Pero Niño conoció a Charles de Savoisy, un caballero francés exiliado con el que se alió para combatir al enemigo común. Savoisy, como Niño, miraba un puerto inglés y veía una presa. Después de fracasar en el asalto a Portsmouth, Niño y Savoisy saquearon Cornualles y la isla de Portland, donde derrotaron a un contingente de cuatrocientos soldados ingleses.

Savoisy, sin embargo, se negó a participar en la siguiente operación trazada por Niño, que se propuso atacar la ciudad de Poole cuando supo que allí se ocultaba el corsario Harry Pay, viejo enemigo de la corona de Castilla. El francés consideraba el asalto demasiado arriesgado e intentó hacer desistir a su socio, que no quiso saber nada de contemporizaciones y esperas.

En 1405 Niño partió desde Santander con tres naves de guerra rumbo al océano Atlántico. Allí se convirtió en uno de los más destacados almirantes castellanos gracias a sus acciones de corso contra los ingleses.

En 1405 Niño partió desde Santander con tres naves de guerra rumbo al océano Atlántico. Allí se convirtió en uno de los más destacados almirantes castellanos gracias a sus acciones de corso contra los ingleses.

No fue la primera vez, y no sería la última, que Pero Niño se empeñaba en un ataque contra la opinión de sus aliados y consejeros. Como Savoisy había previsto, la operación se complicó con la llegada de refuerzos ingleses. El francés, que esperaba en las cercanías de Poole, acudió al rescate y la flota hispano-francesa consiguió una sufrida victoria. En cuanto a la venganza sobre Harry Pay, tuvo que ser aplazada porque el inglés no se encontraba en la ciudad aquel día.

Durante el viaje de vuelta a La Rochelle, Pero Niño propuso un cambio de rumbo para remontar el Támesis hasta Londres. Una vez más los franceses se negaron, considerando que la propuesta era demasiado temeraria. Ante la insistencia del almirante castellano condujeron la escuadra hasta Southampton e hicieron creer a Niño que aquello era la capital de Inglaterra. Ni Pero Niño ni Díez de Games, su cronista, descubrieron el engaño, y vivieron el resto de su vida convencidos de haber emulado la hazaña del almirante Fernando Sánchez de Tovar, que en 1380 arribó con una flota de veinte galeras hasta Gravesend, en las afueras de Londres.

Su última campaña en el Atlántico, el verano siguiente, propició el encuentro con Harry Pay que había sido pospuesto en Poole. El inglés escapó después de una larga batalla en alta mar que se decantó del lado inglés cuando la nave capitana al mando de Niño quedó aislada de la flota castellano-francesa por un cambio de viento. En una de sus últimas acciones, Pero Niño saqueó la isla de Jersey, a la que impuso un tributo anual que Castilla nunca pudo llegar a cobrar. Después de aquello se retiró a Brest, donde repartió los bienes saqueados entre la tripulación. En la Bretaña francesa recibió una carta de Enrique III, que lo reclamaba de nuevo en Castilla.

La escena no se encuentra recogida en El Victorial, y por eso mismo somos libres de imaginarla: desde la cubierta de su nave capitana en el puerto de Brest, Niño contempla el océano sobre el que ha construido su leyenda de hombre de tierra adentro convertido en almirante y corsario. Tiene solo 27 años y nunca, a lo largo del medio siglo que todavía le queda por vivir, experimentará un instante más intenso que el que precede al segundo en el que se gira hacia el contramaestre y da la orden de poner rumbo a Santander. Así terminan sus días en el mar.

Otra vez en la Corte

Nada más regresar a Castilla, Pero Niño fue armado caballero por el rey. Para entonces Enrique III, apodado el Doliente por los problemas de salud que sufrió durante toda su vida, se encontraba ya en la antesala de la muerte. El monarca, compañero de juegos infantiles de Pero Niño, muere en 1406, a los 27 años, mientras preparaba una campaña militar contra el reino de Granada. Pero Niño se puso a las órdenes del regente, Fernando de Antequera, para luchar en una guerra que resultó poco fructífera para la corona castellana. Durante el resto de sus días vivirá lejos del mar, envuelto en las constantes luchas políticas que sacuden el reino.

Hay un último episodio de su vida que merece ser recordado porque sirve para ilustrar la magnitud del personaje. En 1409, después de una justa, Niño conoció en Valladolid a Beatriz de Portugal, una de las nietas del rey luso Pedro I. Gutierre Díez nos cuenta que el cortejo fue largo y se realizó según el ideal caballeresco, con cartas secretas, enviados furtivos y, finalmente, una proposición de matrimonio que la dama portuguesa aceptó con la condición de que Niño no cediera ante las dificultades que planteaba el enlace.

 La Torre de Pero Niño, en San Felices de Buelna, recuerda la figura del marino, que obtuvo del regente don Fernando el título de Conde de Buelna en pago por sus servicios a la corona.

La Torre de Pero Niño, en San Felices de Buelna, recuerda la figura del marino, que obtuvo del regente don Fernando el título de Conde de Buelna en pago por sus servicios a la corona.

Y Niño cumplió su palabra. Cuando el regente don Fernando se enteró del compromiso procuró romper el vínculo a toda costa porque necesitaba a Beatriz para su política de alianzas matrimoniales. Como los amantes se resistían a separarse, el regente tomó medidas drásticas: condenó a Pero Niño al destierro y encerró a Beatriz en el castillo de Urueña. Pero nada surtió efecto y tras un año y medio de negociaciones, y ante la perspectiva de perder para siempre a un militar de la experiencia de Niño, don Fernando cedió y permitió el matrimonio.

Sin embargo, la desgracia, que afila sus uñas contra la esperanza de los hombres, volvió a cruzarse en el camino del viejo almirante para dejarlo viudo solo unos años después. Se casó nuevamente con Juana de Estúñiga, con la intención de tener un hijo que heredara los títulos y posesiones que había acumulado a lo largo de su vida, entre ellos, el condado de Buelna. No lo consiguió y murió en 1453, en Cigales. La torre que lleva su nombre en San Felices de Buelna recuerda su vinculación con Cantabria, la tierra donde estableció su señorío y desde donde partió hacia el Atlántico un día de 1405, en busca de su lugar en la historia.

Los estudiantes del Ciclo Formativo de Técnico Superior en Ilustración de la Escuela de Arte número 1 de Puente San Miguel son los encargados de retratar, a través de distintas técnicas pictóricas, a figuras reconocidas en distintos campos como María Blanchard, Leonardo Torres Quevedo, Concha Espina, Juan de Herrera o Matilde de la Torre, dentro de la sección 'Cantabros con Historia'. En este caso, el trabajo de ilustración es obra de Beatriz Cea Díaz.

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