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ENTREVISTA | Carla Montero

"La historia la escriben los vencedores, pero el tiempo da voz a los vencidos"

"Hace nada la extrema derecha llevó a Europa a una gran guerra y parece mentira que no nos haya servido todavía de lección", asegura Carla Montero

La escritora madrileña publicó su novela 'El invierno en tu rostro', uno de sus trabajos más personales, el pasado mes de mayo

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Carla Montero

Carla Montero habla sobre su última novela, 'El invierno en tu rostro'.

Carla Montero nació en Madrid en 1973 y ser escritora no estaba en sus planes. Estudió Derecho por deber y empezó Historia, que aunque sí le gustaba terminó por dejarlo. De naturaleza volátil, ha querido dedicarse profesionalmente a muchas cosas, pero nunca pensó que terminaría con cuatro novelas, el Premio del Círculo de Lectores y seguidores en todo el mundo. Y todo en siete años.

Su última novela 'El invierno en tu rostro', publicada en mayo de este año, es uno de sus libros más personales. Tan personal que está basado en las vidas de varios de sus familiares que sufrieron en primera persona la crudeza de la Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial.

En el libro se relatan las historias de Lena y Guillén Álvarez, dos hermanastros que viven una historia paralela en los dos polos opuestos del conflicto bélico de nuestro país y posteriormente durante los acontecimientos de la guerra que asoló el viejo continente. Ella como enfermera de la División Azul y él en la resistencia contra el nazismo. Sus caminos se cruzan varias veces a lo largo de la historia enfrentándoles en situaciones extremas. Responde a las preguntas de eldiario.es durante su paso por Santander, hasta donde ha viajado para presentar la novela.

¿Cómo decidió iniciar su camino como escritora?

Fue accidental, nunca he sido una escritora con vocación de publicar, siempre escribía para mí. De hecho, me daba mucho pudor que otras personas leyeran lo que escribía. Pero bueno, animada por mi familia, presenté mi primera novela al Premio Círculo de Lectores, gané y a partir de ahí ya vino todo rodado.

¿Qué siente al saber que le leen hasta en países extranjeros?

Pues la verdad es que primero mucha sorpresa cuando tuve la primera traducción, porque uno piensa siempre que es más fácil conectar con la gente de su entorno y de su país y sin embargo saber que en sitios tan lejanos culturalmente como puedan ser Polonia o Serbia, o no tan lejanos como Alemania, Francia o Italia, también tengan interés por lo que una escribe genera sorpresa y orgullo también.

En el momento en que decidió retratar retazos de lo que vivieron sus familiares durante la Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial, ¿pensó en el reto que eso le iba a suponer?

Sí, la verdad es que sí, sobre todo porque yo quería hacerlo desde una posición totalmente imparcial, sin tomar partido por ninguno de los dos bandos porque además los dos están representados en mi familia y sí, tenía miedo de que eso me resultase difícil. Y luego también tenía miedo de no poder empatizar realmente con los personajes, que al final representan a miembros de mi familia. No poder comprender realmente qué es lo que les llevó a implicarse de esa manera cada uno en sus causas, a renunciar en muchos casos a su familia, a poner en peligro su propia vida. Eso ha sido un reto a lo largo de la novela.

Lo que yo he aprendido fundamentalmente de esta novela es que al final no importa cuál sea el color de tus ideas, lo importante es cómo eres como persona.

¿Qué personaje fue el que más le costó?

Cualquiera de los dos principales, tanto el personaje de la mujer, de Lena, como del hombre, Guillén. Como comentaba antes, están en posiciones ideológicas extremas, aunque luego a lo largo de la trama se van moderando. Ella empieza simpatizando con el franquismo, él es comunista, entonces para mí, desde un punto de vista más moderno, más moderado, me costó mucho dibujarlos, sobre todo intentar comprenderlos para que a la hora de definirlos resultasen creíbles y el lector también pudiese en un momento dado identificarse con ellos o no les resultasen personajes demasiado ajenos.

¿Qué mensaje le gustaría expresar con 'El invierno en tu rostro'?

Al final cada uno tiene que sacar sus propias conclusiones, en todo caso si hubiera un mensaje supongo que es el mensaje que yo misma he podido extraer en un momento dado y que reflejo en el epílogo de la novela, o en el apéndice final donde explico qué es lo que está basado en hechos reales y qué no. Y ahí mismo también digo que lo que yo he aprendido fundamentalmente de esta novela es que al final no importa cuál sea el color de tus ideas, que lo importante es cómo eres como persona.

Supongo que haberse criado en una familia cuyos miembros tuvieron que enfrentarse a las peores caras de todos los bandos habrá creado cierta perspectiva en usted. ¿Cómo le ha influido a la hora de valorar el panorama político actual del país?

Sobre todo ayuda a relativizar un poco las cosas, a darnos cuenta de que por mucho que nos parezca que actualmente la situación es muy dramática, muy terrible y muy extrema, como en casos pueda llegar a serlo, realmente basta con echar la vista atrás para darnos cuenta de que no hace tanto tiempo nuestros antepasados estaban viviendo situaciones verdaderamente difíciles, verdaderamente dramáticas, con su vida y la de los suyos en juego.

¿Considera la memoria histórica como una de las asignaturas pendientes en nuestro país?

Tanto como asignatura pendiente no. La historia la escriben los vencedores, pero el paso del tiempo también da voz a los vencidos y afortunadamente eso es lo que está pasando con los años: los vencidos también están poniendo las cosas en su sitio, se están equilibrando las balanzas y no creo que sea una cuestión pendiente en nuestro caso.

¿Qué piensa sobre el auge actual de extrema derecha en Europa?

Es precupante, y sobre todo lo que me parece increíble es que no hayamos aprendido de las lecciones del pasado. Hace nada la extrema derecha llevó a Europa a una gran guerra, a una de las guerras más cruentas que ha vivido la historia de la humanidad, y parece mentira que no nos haya servido todavía de lección. Espero que la cosa se quede aquí, en nada más que eso, un repunte, y no vaya a mayores. Bastaría con que repasásemos los libros de historia.

El drama que viven actualmente los refugiados de la Guerra de Siria tiene cierta similitud con los refugiados judíos en su libro. ¿Cree que se les trata del mismo modo?

No solo los refugiados judíos, es que también los españoles fuimos refugiados en Francia cuando terminó la Guerra Civil. Hoy tenemos un poquito más de humanidad de la que había entonces, o al menos otra forma de ver las cosas, también otras lecciones aprendidas. Creo que se les trata algo mejor. Por lo menos aquí, en la medida de las posibilidades, hay centros de acogida o hay cierta conciencia colectiva que igual entonces no existía. A los mismos refugiados españoles cuando salieron de España al terminar la Guerra Civil los recluyeron en playas de la costa francesa rodeadas de alambrados de espinos y custodiados por guardias senegaleses. Ahora hay cierta conciencia social para que si eso estuviera ocurriendo deje de ocurrir, que antes no pasaba. Algo se aprende.

¿Tiene planeados futuros libros?

Siempre hay ideas por ahí revoloteando. Ahora estoy totalmente inmersa en la promoción de este libro y también a veces conviene frenar un poquito, desintoxicarse de las historias y de los personajes anteriores con los cuales se convive intensamente durante casi dos años. Hay que sentarse, reflexionar y atrapar una de esas historias que siempre revolotean.

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