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Oportunidades para la paz: el movimiento antimilitarista en Cantabria

Protesta a favor de la objeción de conciencia frente al Gobierno Militar de Santander en 1986. | DESMEMORIADOS

El Consejo de Ministros del 9 de marzo de 2001 aprobaba un Real Decreto por el cual el 31 de diciembre de ese mismo año sería el último día de existencia de la mili obligatoria en nuestro país. A partir de entonces, España contaría con un ejército profesional. El decreto que suspendía, pero no derogaba la mili, acababa de hecho con una de las obligaciones más impopulares y denostadas por buena parte de la sociedad, rechazo que por diversas causas había estado presente desde el principio de su imposición. Del impacto que el servicio militar tuvo entre la juventud española da cuenta de la multitud de signos que ha dejado en la tradición de nuestros pueblos. El llamamiento a filas se constituyó en el signo del paso entre la mocedad y la edad adulta. 

La idea de objeción de conciencia al servicio militar no es ajena a la tradición. Durante toda la historia de la mili encontramos ejemplos de negativa a esta obligación por motivos económicos, de seguridad personal, o políticos, entre otros, aunque no sería hasta los años 70/80 del siglo pasado cuando se organizó la lucha aprovechando el mayoritario apoyo social a su abolición. Del mismo modo, los intentos de regular alguna forma de objeción de conciencia se dieron desde muy pronto, incluso durante el franquismo, donde se llegó a tratar en las Cortes sin éxito.

En España, el antimilitarismo se alimentó de un ambiente social propicio debido a la confluencia de varios factores, entre los que destacan el rechazo al servicio militar obligatorio, el movimiento anti-OTAN (de gran importancia para entender muchos de los acontecimientos futuros a nivel político-social y para comprender, en parte, el devenir del propio antimilitarismo, su fortaleza durante un tiempo y su posterior declive) y, finalmente, la oposición a la permanencia de las bases americanas.

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Contra el olvido institucional: cuatro décadas de solidaridad ciudadana con el pueblo saharaui

Embarque en el puerto de Alicante de la Caravana de Solidaridad con los Refugiados Saharauis en 1993. |

Las tres fotografías tomadas por Manuel Alcalde que constituyen el documento del mes presentan diferentes momentos de la que para Cantabria fue la primera Caravana de Solidaridad con los Refugiados Saharauis en la que participaba activamente. Las imágenes, que datan de febrero de 1993, hace ahora casi 25 años, muestran el embarque desde el puerto de Alicante hasta el de Orán (Argelia), la llegada a los campamentos de refugiados de Tinduf y un acto de bienvenida a la Wilaya de Aaiún (una de las divisiones organizativas que conforman dichos campamentos).

La iniciativa, protagonizada por organizaciones de solidaridad de ámbito estatal, contó en Cantabria con la coordinación del Comité de Solidaridad con los Pueblos-Interpueblos, que con la colaboración directa de nueve personas voluntarias se sumó a la empresa colectiva aportando un camión de gran tonelaje y dos vehículos todoterreno para transportar medicinas, alimentos, ropa y demás útiles.

Con unas características similares a la Caravana referida, distintas asociaciones de Amigos del Pueblo Saharaui ya habían entregado a la Media Luna Roja Saharaui, en marzo de 1990, material de ayuda humanitaria y vehículos de transporte. La historia de la solidaridad con este pueblo se remonta a los tiempos de la Transición española: ya en 1976 encontramos acciones, como una cuestación económica de Cáritas Española o el envío por vía aérea de toneladas de medicamentos y ropas para los campamentos de refugiados organizado por la Asociación de Amigos del Sahara.

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Los estudiantes y la larga travesía: de la postguerra al final de la transición

Alumnos de COU pegando un cartel contra la Selectividad en el curso 1978-79. | MARIANO CALVO

Con el final de la guerra civil y la implantación del nuevo régimen, el nacional-catolicismo se convirtió en el plan de estudios de los niños de la época. Se establecía que la enseñanza tenía que ser "confesional, patriótica, social, intelectual, obligatoria, gratuita, con separación por sexos y en castellano en todo el Estado". La educación se imbuía así de los rasgos distintivos del bando triunfante, enmarcada dentro de una política fundamentada doctrinalmente en el derecho de la victoria, según refería el propio Franco.

Los proyectos educativos de la República fueron abandonados y muchos maestros fueron condenados, depurados y obligados a abandonar su profesión. El ministro de Educación Nacional, hasta 1951, fue José Ibáñez Martín. La inicial disputa interna que se planteó entre Falange y la Iglesia española por el control de la enseñanza se saldó a favor de la segunda, que impuso su ideario y principios, en los que se abundará más adelante.

Sin embargo, a mediados de los cincuenta la situación estudiantil en nuestro país empezaría a cambiar. Los movimientos estudiantiles se convirtieron en uno de los principales aglutinadores del descontento de la juventud contra la dictadura. La llegada a la Universidad de los hijos de la emergente clase media aportó nuevos aires a la anquilosada vida académica española. En 1956 los enfrentamientos en Madrid, entre universitarios y miembros del Sindicato Español Universitario (SEU) pusieron de manifiesto el descontento que ya era evidente en los campus.

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Un blindado llamado 'Santander': Los españoles que entraron en París

Un blindado llamado 'Santander': Los españoles que entraron en París. | HÉCTOR HERRERÍA

El 24 de agosto de 1944 fue el último día en el que la ciudad de París estuvo ocupada por los nazis. Las tropas alemanas habían invadido oficialmente la mitad de Francia, incluyendo la capital, el 22 de junio de 1940, fecha en la que Adolf Hitler exigió que la firma del armisticio se realizara en el mismo vagón ferroviario en el que, 22 años atrás, Alemania había rendido armas a las tropas aliadas, concluyendo de ese modo la llamada Primera Guerra Mundial. El general Pétain, héroe francés en esa contienda, fue el artífice por parte gala de esa claudicación, formando a partir de entonces un gobierno, el de Vichy, que durante los años que siguieron colaboró abiertamente no solo con el Tercer Reich, sino también con la España fascista de Franco.

En la tarde del mencionado 24 de agosto, la población de París contempló alborozada cómo varios blindados ( half-tracks) conducidos por soldados con uniforme estadounidense, acompañados por integrantes de la Resistencia, avanzaban desde las afueras de la ciudad, siguiendo el curso del Sena, hasta llegar a la plaza del Ayuntamiento.

Sin embargo, aquellos soldados, en su gran mayoría, hablaban castellano en lugar de francés o inglés y en su uniforme americano lucían una pequeña bandera con los colores de la República Española. La misma bandera que adornaba los propios vehículos que conducían, que además llevaban escritos en la carrocería nombres tan netamente españoles como 'Guadalajara', 'Madrid', 'Ebro', 'Teruel', 'Don Quichotte', 'Jarama', 'Guernica', 'Brunete', 'Belchite' y 'Santander', entre otros. Se trataba de la avanzadilla de la 9ª Compañía de la 2ª División Blindada de la Francia Libre del General De Gaulle, conocida popularmente como la División Leclerc y formada casi íntegramente por republicanos españoles bajo mando francés.

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El nacimiento de una región: los orígenes de la autonomía de Cantabria

Presentación del Organismo Unitario para la Autonomía de Cantabria el 10 de agosto de 1977 en Cabezón de la Sal.

Tras la muerte del dictador se inició el proceso de democratización de la sociedad española, lo que conllevó la sustitución de los obsoletos instrumentos de control socio-políticos por otros más acordes a los nuevos tiempos. Entre otros muchos aspectos de interés puestos en solfa tras la nueva situación reaparecía -pues no era una cuestión nueva aunque lo pareciera por el tiempo que llevaba arrinconada- la cuestión territorial del Estado: cómo encajar los diferentes anhelos regionalistas y nacionalistas. No olvidemos que este tema se convirtió en uno de los caballos de batalla de los demócratas españoles para luchar contra el Estado opresor que soportaban durante demasiados años.

Fruto de todo esto, se incluyó en la Constitución española de 1978 la existencia de España como nación, junto con el reconocimiento de estatutos de autonomía para los diversos territorios del Estado. Como es bien sabido, esto se desarrolló a través de dos vías claramente diferenciadas: por un lado, las comunidades consideradas históricas (un reconocimiento a las reclamaciones más “fuertes” de Cataluña, Galicia y Euskadi, más la incorporación de Andalucía), a través del artículo 151, a quienes se les concedía mayores cotas de autogobierno y el reconocimiento de su singularidad cultural; por otro lado, el resto de las regiones, quienes irían por una vía más lenta y con menores reconocimientos, se acogerían al artículo 143 de la Constitución española. Por si la inclusión de Cantabria en este segundo grupo pudiera acarrear para alguien la sensación de un cierto fracaso, es preciso valorar el enorme esfuerzo que supuso su simple reconocimiento como autonomía, dadas las inercias “centralistas” o “castellanistas” existentes, no solo a nivel estatal, incluso en el propio ámbito  regional.

Alianza Popular se posicionó claramente partidaria de la anexión con Castilla, UCD estaba dividida entre los partidarios de la permanencia en Castilla y los autonomistas, algunos de los cuales pertenecían a la Asociación para la Defensa de los Intereses de Cantabria (ADIC). Desde la izquierda las posiciones estaban más claras, en general defendían la autonomía sin plantearse opciones nacionalistas de carácter más radical.

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El fin de la Agrupación Guerrillera de Santander: la resistencia que subió al monte

El día de la Merced de 1952 en la Prisión Provincial. En la parte superior, de izquierda a derecha, Elías Villegas 'El pollo', Ángel Morante, Julio Vázquez, Antonio Pérez Arenal y una persona sin identificar. En la parte inferior, Juan Prieto, Enrique González Zurita, Agudo y 'Manolete'.

Esta historia la empezaremos por el final. La fotografía fue tomada el día de la Merced de 1952 en la Prisión Provincial de Santander, un día de "fiesta", mientras estos hombres estaban a la  espera de ser juzgados. Es desconcertante verlos posar con cara sonriente y con gesto de orgullo y camaradería. Era un día especial en que se permitía la convivencia con sus hijos y fotografiarse. Esta foto es tanto una prueba de vida y de ánimo para las familias, cómo una manifestación de resistencia. Habían sido colaboradores de la Guerrilla, en concreto de la Agrupación Guerrillera de Santander y sus detenciones estuvieron relacionadas con su final.

Cuatro años antes, en octubre de 1948, Dolores Ibarruri, Francisco Antón y Santiago Carrillo, como máximos dirigentes del PCE, mantuvieron una reunión con Stalin, que les sugirió un cambio táctico: reducir las fuerzas guerrilleras, dejar unos cuantos grupos encargados de la protección de los organismos del Partido y empezar a infiltrarse en el sindicato vertical. O dicho de otra manera, esta estrategia no contaba ya con el apoyo de la Unión Soviética. La Segunda Guerra Mundial había acabado, el mundo se había dividido en dos bloques y España había quedado bajo la influencia de Estados Unidos. Las potencias aliadas, incluida la URSS, habían demostrado que no tenían intención de cumplir la promesa hecha al calor de la contienda bélica: apartar a los regímenes que habían apoyado a Alemania e Italia.

En ese mismo año la trayectoria de la Agrupación Guerrillera de Santander (AGS) ya había llegado a su fin, pero no por el "cambio táctico", sino por el agotamiento de la estrategia guerrillera debido al empuje de la Guardia Civil y la pérdida de contacto de los grupos guerrilleros con la estructura del Partido. Dudas, caídas e intentos fallidos de reorganización se encuentran en el balance de esos años de lucha.

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Curas rojos a Moscú

El semanario integrista ¿Qué Pasa? calificaba con la elocuente etiqueta de "curas progresistas" a los sacerdotes de la Diócesis de Santander que apoyaron la huelga en la factoría de Standard Eléctrica de Maliaño en febrero de 1967. Ni era la primera vez ni sería la última que algunos curas de Cantabria iban a apoyar las reivindicaciones de los trabajadores poniendo de manifiesto la existencia de una Iglesia militante en la oposición al franquismo.

Al finalizar la guerra civil, la Iglesia española se convirtió en una de las bases más firmes del nuevo régimen, en el que el nacionalcatolicismo iba a marcar las formas de la vida cotidiana de los españoles. La educación, los espectáculos o la cultura, todo era susceptible de ser aceptado o no por las autoridades religiosas. La apabullante presencia del ritual católico iba a inundar los pueblos  y ciudades.

Sin embargo, en este gran edificio monolítico surgieron voces que reclamaban otra forma de ser cristianos, otra manera de entender el mensaje de Jesús de Nazaret. Fruto de este pensamiento nacieron en 1946 la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) y en 1947 la Juventud Obrera Cristiana (JOC), organizaciones influenciadas por el catolicismo social francés y belga donde la figura del cura obrero se había hecho común en los primeros años cuarenta.

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Carta del Sindicato clandestino de la Guardia Civil a los obreros de Reinosa

Entierro del obrero Gonzalo Ruiz en Reinosa.

Gonzalo Ruiz, obrero de Forjas y Aceros de Reinosa, murió el 6 de mayo de 1987 en el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla de Santander, después de 20 días de hospitalización, víctima de la indiscriminada y brutal actuación  que la Guardia Civil desplegó contra la población el día de Jueves Santo de aquel año.

Días después llegó a la sede comarcal de CCOO un sobre que contenía la carta que reproducimos, acompañada de cuatro panfletos escritos con plantillas de letras para rotular. La autoría del envío, dirigido al secretario local, era asumida por el Comité Ejecutivo Nacional del Sindicato Unificado de la Guardia Civil (SUGC), cuyo carácter clandestino queda explícitamente reseñado por el propio emisor en la primera línea de la carta. A esta condición se añade la de estar perseguido por lo que constituyen los principios rectores de esta organización: la desmilitarización del cuerpo y la libertad de sindicación, entendidos como derechos constitucionales.

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Cuando los vecinos se unen por el derecho a la educación: Escuela Popular 11 de Abril

Pintada de los vecinos del Barrio San Francisco de Santander en el local ocupado. | DESMEMORIADOS

En la noche del 10 al 11 de abril de 1977 los vecinos del Barrio San Francisco, situado en la ladera norte del Paseo del Alta en Santander, ocuparon un local abandonado propiedad de la empresa constructora Nurbasa en los bajos del portal número 43 y, tras varias horas de trabajo, limpiando escombros, luciendo paredes, alicatando y colocando suelos, transformaron un espacio diáfano en una escuela.

En la mañana del lunes, 11 de abril, aproximadamente 40 niños y niñas en edad preescolar, bajo la supervisión de un maestro, comenzaron las clases en sus mesas nuevas y recién pintadas con total normalidad. La misma normalidad con la que el vecindario satisfecho observaba desde las ventanas la algarabía de madres, padres y niños a la puerta de la recién bautizada Escuela Popular 11 de abril.

¿Pero cómo fue posible que se produjera una acción tan coordinada, con la intervención de tantos actores y en un periodo de tiempo tan escaso? Nada es por casualidad.

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El Club Los Tumbados: solidaridad en las cárceles franquistas

Caricatura de El Club Los Tumbados, fechada en enero de 1941 en la Prisión Central de Tabacalera. |

Hasta 1986 nadie sabía de la existencia de este selecto club, solo aquellos que pertenecieron a él y que al separarse decidieron mantenerse en el olvido. Tras la muerte de Antonio Peñil García, su mujer rescató del desván las caricaturas de El Club Los Tumbados, fechadas el 21 en enero de 1941 en la Prisión Central de Tabacalera de Santander. Ese dibujo descubrió a su hija Loli una faceta de su padre que hasta ese momento había guardado en silencio y que por ella fue detenido y encarcelado:

"Mi padre murió con 70 años (1916-1986). Tras su muerte fue cuando conocí al hombre luchador por un ideal y la defensa de una República elegida por la mayoría de los españoles: él pertenecía a las juventudes socialistas. Esa es mi pena desde entonces, no haber sabido mientras vivió de esa parte de su vida, tan importante para él. Nunca nos inculcó odio ni vivió odiando".

De los diez retratados solo conocemos la identidad de Antonio, el del medio de los personajes de la fila de arriba. De los demás lo desconocemos todo, salvo el perfil que una mano diestra dibujó sobre el papel. La obra está firmada con la inicial del nombre y el apellido del autor: G. Rojo. Es probable que perteneciera al grupo y se hubiera retratado entre sus compañeros. ¿Quién de ellos podría ser?

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