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La 'película' del patrimonio

Una decisión política, tomada y asumida por políticos que conforman el equipo de Gobierno del Ayuntamiento de Laredo y que concurren como candidatos a los próximos comicios municipales, restará a los laredanos la posibilidad de ser testigos, y en parte protagonistas, del encuentro que cada cuatro años organiza la Asociación de Amigos del Patrimonio donde, los cabezas de lista de las formaciones que optan a ocupar cargos electos en la nueva corporación municipal exponen iniciativas y dan respuesta a los interrogantes que se les plantean con carácter general en torno al ámbito del patrimonio localizado en nuestro municipio. 

Por primera vez desde la creación de ésta asociación, políticos vinculados al equipo de Gobierno municipal desautorizan el previsto desarrollo del acto cuya celebración iba a tener lugar el próximo día 15 en el salón de actos de la Casa de Cultura Doctor Velasco de Laredo. La decisión de no autorizar éste acto para el que ya estaban convocados los cabezas de lista de las distintas formaciones políticas y agrupaciones electorales se produjo a través de llamada telefónica por parte del concejal responsable del área de Cultura, Alejandro Liz, quien por delegación del alcalde, Ángel Vega, asume la responsabilidad delegada de la gestión de ese espacio cultural de carácter público. 

El argumento justificativo de esa decisión de no autorizar el encuentro público y abierto a la ciudadanía con los cabezas de lista electorales se basa, lisa y llanamente, en la imperiosa necesidad de realizar en esa jornada en el salón de actos de la Casa de Cultura una proyección cinematográfica. Justificación argumental cuando menos inverosímil en este caso, a la vista de las actividades realizadas en ese mismo espacio público en distintas ocasiones a iniciativa de otras tantas organizaciones y entidades sociales públicas y privadas que contaron con los beneplácitos de quienes ahora desautorizan a la Asociación de Amigos del Patrimonio la utilización del citado salón para el que previamente se había fijado y acreditado la reserva oportuna de uso en el calendario de actividad del centro cultural. 

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La digitalización de Logan

La misma imagen se repite estos días en Cantabria: largas hileras de personas esperando con paciencia a las puertas de los bancos para que sus DNI sean digitalizados y evitar que sus cuentas queden bloqueadas, siguiendo las directrices del Ministerio de Economía. Entre los que esperan en Santander, Torrelavega, Reinosa, Laredo, Cabezón de la Sal, Potes o San Vicente de la Barquera constituyen una importante mayoría los jubilados, que se ven obligados a soportar unas molestias de las que, por su edad y su condición, deberían quedar exentos.

Contemplando estas filas interminables de DNI no digitalizados he recordado una inquietante novela de ciencia ficción que fue llevada al cine en los años 70. Su título era La fuga de Logan y sus autores dos norteamericanos llamados William Nolan y George C. Johnson que describían en aquellas páginas una sociedad futurista en la que la supervivencia de la especie humana se regulaba por el sacrificio de los hombres y mujeres que llegaban a los 21 años. Justo al cumplir esa edad, debían morir para asegurar la vida de los que nacían. La forma de controlar su estado y su edad era una especie de flor, un chip colocado en la mano de cada individuo al nacer que iba cambiando de color según se sucedían los años. Cuando la flor adquiría un color negro, el individuo cumplía los 21 años y era eliminado en la sala de narcotización.

No puedo evitar pensar que los DNI de quienes hacen cola en los bancos están oscureciéndose también poco a poco y se quedarán definitivamente negros si no se digitalizan. En todo caso, me deja una desagradable sensación, por el continuo atropello al que se ven sometidos los ciudadanos, especialmente los mayores, por una administración que hace lo posible y lo imposible por maltratarnos.

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Un corredor de la muerte desde Boston a El Cairo

Egipto condena las críticas por la pena de muerte dictada contra el expresidente Mursi.

Cuando leí la semana pasada las condenas a muerte emitidas por dos tribunales tan lejanos como los de Boston y El Cairo, me vino a la cabeza aquella espléndida película de Susan Sarandon y Sean Penn titulada precisamente así: Pena de muerte. El film, basado en un hecho real, lo dirigió Tim Robbins y cuenta la historia de la Hermana Helen Prejan, una religiosa que acaba convirtiéndose en la guía espiritual de un reo -interpretado por Sean Penn- condenado a la pena capital por el asesinato de dos adolescentes en Louisiana, aunque él clama su inocencia.

Dzhojar Tsarnaev es un joven de 22 años, de origen checheno, que acaba de ser condenado a muerte por un tribunal de Boston, por considerarle autor de los atentados efectuados con bombas en la maratón de esa ciudad celebrado en 2013 y que causaron la muerte de tres personas y graves heridas a más de doscientas. La defensa del condenado se ha basado en que actuó influido por su hermano Tamerlán, el otro autor del atentado, que murió, abatido por la Policía, durante la huida de ambos.

Naturalmente, el caso ha reabierto el eterno debate en torno a la pena de muerte, que sigue vigente en nada menos que 32 estados. Llama la atención que el país que se erige en paladín de las libertades y defensor de la democracia siga admitiendo en su ordenamiento jurídico este asesinato legalizado que sitúa a las instituciones encargadas de impartir justicia al mismo nivel que el autor del más terrible crimen juzgado. Es fácil hablar así -podrían decirme- ya que ningún familiar ni conocido mío resultó siquiera herido en el atentado de Boston. Y no pretendo disculpar los incalificables hechos cometidos por Tsarnaev y su hermano, pero incluso los padres de una de las víctimas -el pequeño Martin Richards, de 8 años años de edad- pidieron que el acusado no fuera condenado a la pena capital.

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¿Dónde está la Junta Electoral?

La Junta Electoral es como dios: se supone que está pero no se la ve. Es decir, al igual que la democracia, la cosa consiste en un acto de fe electoral que se produce después de cerrar los ojos y dirigirse sin freno hacia el abismo. Si la Junta Electoral existiera de verdad, al aún alcalde de Santander, Íñigo de la Serna, no le darían sus 'pírricos' ahorros ( 10.296 euros autodeclarados) para asumir las multas.

El Ayuntamiento se ha lanzado de forma pornográfica a poner en marcha todas las obras que ha acelerado en el último cuarto de su mandato. Un carril bici por aquí, unas escaleras mecánicas por allá, una subida reconvertida, una bajada con áreas de descanso (es decir: un banco), unas calles peatonalizadas con mal gusto pero buen presupuesto, un parque que casi se le (a)marga e, incluso, un vial que pasó por encima de la vida de una potencial votante y que entrará en funcionamiento horas antes de que usted deposite su voto.

El alcalde, siempre fiel cumplidor de la legalidad vigente (nos lo repitió hasta la saciedad mientras Amparo agonizaba en el hospital que está a la sombra del Nuevo Valdecilla inaugurado pero sin uso), no inaugura nada. Ya lo hacen por él los comerciantes, hosteleros y demás "emprendedores" en agradecimiento por vivir en una de las ciudades más envidiadas del planeta.

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“Maus”: entre la esvástica y la pared

Durante unos cuantos años de mi vida hice crítica de cómic para diferentes medios de comunicación. En ese tiempo, tuve la oportunidad (y suerte) de poder leer y descubrir un buen número de grandes obras del “Noveno Arte” que, de otra manera, no habrían pasado a formar parte de mi universo vital.

Al mismo tiempo, fui tropezando con un sinfín de frases del estilo de “los cómics son cosas de niños y de adolescentes”, “no hay nada más allá de los superhéroes”, “a ver si maduras”, “si no escribes sobre Kundera y Umberto Eco nunca serás tenido en cuenta como periodista cultural” y un largo etcétera de chocarrerías que todos los freaks hemos tenido que soportar en más de una ocasión.

Pues bien, obras como “Maus” fueron las que me permitieron cerrar la boca a todos aquellos menospreciadores profesionales de la magia encerrada en las viñetas. Escrita y dibujada por Art Spiegelman, narra la verdadera historia de supervivencia del padre del autor (un judío polaco) durante los años de la Alemania Nazi. La preguerra, la ocupación, el hambre, la vida en el gueto, Aushwitz… todo aquello a lo que Jean Marie Le Pen (fundador del Frente Nacional francés) se ha referido como “una anécdota de la Historia”.

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Casi

Chiste: “Hago el amor casi todos los días: casi lo hago el lunes, casi lo hago el Martes….”

A mí me pasa como en el chiste. “Casi he sido candidato de Podemos, casi he sido diputado autonómico, casi he sido presidente regional….”. Cierto que esto último era muy remoto, pero yo con mis “casis” hago lo que me da la gana.

Adaptarse al “casi” es muy complicado. Reconforta un ratito, porque “casi” –desde un punto de vista físico– da una sensación de cercanía, de estar a punto de algo, como cuando el balón impacta contra el poste: “Qué cerquita ha estado el gol, ¿eh?”. Ya, pero luego miras el marcador y sigues cero a cero. No cero con cincuenta a cero o un miserable cero con veinticinco a cero. No, cero a cero y no hay más que hablar. 

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Los aparecidos

El mago propuso un gran desafío que llevaría a cabo en la plaza del ayuntamiento. Voy a hacer aparecer y desaparecer a trece personas, dijo. Será, aseguró, un nuevo récord mundial.  Se pegaron carteles anunciando el acontecimiento por toda la ciudad. El día del gran desafío el mago escogió al azar a cuatro hombres, seis mujeres y tres niños. Una de las mujeres se negó a participar en el número pero el mago la arrastró al centro de la plaza y ella, un poco incómoda, no supo reaccionar.  ¿Cómo te llamas?, preguntó el mago. Elisa, respondió ella. Bien, Elisa, solo voy a descomponerte celularmente pero luego intentaré que cada célula vuelva a su sitio, casi no te va a doler.  Se oyeron unas carcajadas pero Elisa permaneció muy seria. El mago estaba maquillado y hablaba con mucha afectación tratando de sugestionar al público. Es algo que nunca antes se ha hecho, explicó. Necesitaré de una gran concentración mental para que todos desaparezcan y vuelvan a aparecer. En la plaza había dos cajas gigantes, una negra y otra blanca. Una música atronadora comenzó a sonar y la ayudante del mago animó al público a que diese palmas mientras los trece voluntarios eran introducidos dentro de la caja negra. Los más pequeños parecían asustados. Uno comenzó a llorar e intentó salir pero el mago lo empujó haciendo una broma y cerró la puerta. Se oyó a una mujer gritar: ¡Carlitos, es solo un truco, no llores! El mago aseguró la caja con siete candados  para cerciorarse de que nadie podría salir de allí.  En ese momento el técnico de sonido apagó la música, el público dejó de dar palmas y se hizo el silencio.

El mago abrió la caja blanca y comenzaron a salir de su interior los trece voluntarios. Cuando estuvieron en el centro de la plaza una mujer gritó ¿Dónde está Carlitos? Y siguió gritando angustiada: ¡Carlitos!, ¡Carlitos!

El mago se puso muy serio y comenzó a dar vueltas alrededor de la caja, acariciándola. Más tarde se alejó unos metros y la observó fijamente mientras se llevaba las manos a la cabeza, como si hubiera dentro de su cabeza una tensión que su cabeza no podía soportar. Pasados unos minutos dijo: ya está. Y lo repitió varias veces, como si se sacudiera una gran fatiga de encima: Ya está, ya está, ¡ya está! ¡Creo que lo he conseguido!, anunció. Acto seguido encendió una mecha y la caja negra explotó abriéndose de golpe y mostrando a todo el mundo un interior vacío. La gente que contemplaba el espectáculo comenzó a aplaudir enloquecida. La música comenzó a sonar de nuevo. La plaza era una fiesta.

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Trabajadores, crisis y recuperación

En el capitalismo las desigualdades sociales dependen fundamentalmente de las relaciones de producción, que determinan la existencia de las dos clases sociales protagónicas y antagónicas: la de los burgueses o capitalistas–propietarios de los medios de producción– y la de los obreros o trabajadores, que se ven obligados a vender su fuerza de trabajo a los primeros para poder vivir.

Recordemos que el capitalista paga al obrero una parte del valor producido por el trabajo de éste (salario) y se apropia gratuitamente de la otra parte (plusvalía), y el capital es ese dinero que el capitalista acumula a través del trabajo que no remunera a los obreros y que utiliza para comprar más medios de producción y más fuerza de trabajo con el objetivo de repetir la operación y obtener más dinero que el invertido al principio (beneficios).

Sí, ya sé que todo esto es de 1º de Economía, pero yo no tengo la culpa de que lo cuentes por ahí y siga sonando a chino; y no por casualidad.

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Gol en Las Gaunas

En España el que se aburre es porque quiere. Hablando de cosas divertidas, la política estos meses parece un Carrusel Deportivo de los de antes, con goles en Las Gaunas y ligas de Tenerife, de esas que te tienen con el corazón en la boca hasta el último minuto. Un cuádruple empate en cabeza, dicen las encuestas. Lo nunca visto. Cuatro formaciones políticas pugnando en un  quita que voy sin contemplaciones para hacerse con los sillones azules del Congreso, que son los que de verdad importan.

Lo del PP y el PSOE ya no nos coge de sorpresa porque al fin y al cabo se han ido turnando en el poder desde 1982. Y lo de Podemos ya lo tenemos asumido desde las europeas. Podemos, por cierto, quema gasolina como un 4x4 en La Castellana y amenaza con pasar del número uno y las groupies en la puerta de los conciertos a la sobredosis en la bañera con la misma rapidez que una estrella de rock de los setenta. 

Pero y lo de Ciudadanos. Esto sí que nos ha despeinado un poco a todos. ¿A qué viene lo de Ciudadanos? ¿Y por dónde? Un partido que se ha pasado diez años siendo oposición minoritaria en Cataluña y que de repente se saca de la manga nueve diputados en Andalucía, se dispara y se coloca, según las últimas encuestas, como tercera fuerza a nivel nacional. Es para desconcertarse.

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Alegria do povo

Cuentan en Brasil que un día Garrincha entró en un estadio y se quedó asombrado por la cantidad de gente que había en las gradas. “¿Qué ocurre hoy?”, preguntó a un compañero. “Es la final de la Copa del Mundo”. Miguel Ángel Revilla, mochilero en Atresmedia y Mediaset –su Vietnam– y literato, ha regresado a Cantabria por el mismo motivo que Mayweather se subirá este sábado a un ring en Las Vegas: fama, coches y pasta, aunque antes se vio obligado a resolver una duda que le surgió en Casa Cin, bajando El Escudo a la izquierda. La escena pudo haber sido esta.

-¿Qué ocurre, Rafa? ¿Por qué tantos carteles?

-En mayo hay elecciones, presidente.

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