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Recuperar la fuerza de los consumidores

El día 15 de marzo se celebra, a nivel global, el Día Mundial de los Derechos del Consumidor. En una época como la que estamos viviendo, esta fecha es una gran ocasión para recordar a los ciudadanos que pueden y deben exigir que sus derechos sean respetados y protegidos y, sobre todo, recordar que debemos protestar contra los abusos del mercado y las injusticias sociales que se provocan.

Muchas personas no son conscientes de su papel de consumidores ni de lo que influyen sus hábitos de consumo en la economía, el medio ambiente y en la sociedad en general. Dentro del proceso productivo la figura del consumidor es un elemento fundamental, con relevancia política y económica. Pero solo unos consumidores bien informados y conscientes de sus derechos y obligaciones podrán enfrentarse a prácticas empresariales y políticas injustas. Solo siendo tan poderosos como gobiernos y empresas se podrá crear una mejor sociedad en la que vivir.

Han pasado más de tres décadas desde que el movimiento de consumidores en Cantabria diera los primeros pasos defendiendo los derechos de sus ciudadanos. Nuestra comunidad fue pionera en esta materia y un referente para otras regiones. Un fuerte movimiento asociativo y reivindicativo luchó por la puesta en marcha de importantes servicios, como la Oficina Municipal de Información al Consumidor del Ayuntamiento de Torrelavega en 1987, dando más tarde paso a la apertura de oficinas en Santander, Camargo, Astillero y otras localidades. Se crearon la Escuela Europea de Consumo, la Agencia de Consumo y la Junta Arbitral.  Fue una etapa en la que el movimiento asociativo estaba en la calle, denunciando la falta de políticas y servicios en defensa del colectivo de consumidores ante los gobiernos de turno y la opinión pública. En definitiva, una época que no hay que olvidar y en la que los consumidores cántabros estaban más representados y más protegidos. Cuestiones que deberíamos recuperar.

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No sé

Los indecisos. Con este nombre hay grupos de música, peñas de carnaval e incluso equipos de fútbol. Y seguro que hay  muchas más bandas de todo tipo de actividad y jolgorio que se hacen llamar así: indecisos.

Parece que los españoles somos muy de eso. No sé. Se puede estar indeciso de manera temporal ante una situación puntual o se puede ser indeciso en la vida. .

Si lo llevamos al terreno político, ahora los indecisos son los que mandan, los que determinarán si es que llegan a decidirse. I don't know.

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Eficacia

Mientras el planeta se dirige hacia un intrincado laberinto de corrupción, terrorismo, crímenes, guerras, escándalos, insultos, calumnias, abusos, fanatismos, deterioro del medio ambiente y demás estupideces humanas, me parece que ya solo se puede aspirar a las cosas más simples, si es que todavía se puede aspirar a algo: a que los trenes, por ejemplo, lleguen a su hora, a que los tomates no sepan a derrota, a que la televisión no emita más basura de la estrictamente necesaria, a que los hombres del tiempo no se equivoquen cada vez que decido hacer castillos de arena en la playa o a que el suelo del bar donde escribo estas breves líneas no esté cubierto de pringosas servilletas de papel, cáscaras de mejillones, restos de tortilla de patatas o propaganda de los muchos cursos, cursillos, seminarios, talleres, másteres y demás que tengo que hacer para encontrar no solo la paz interior sino también la voluntad de convivir en armonía con mis semejantes, el gato de mi vecino, la sombra grotesca de los políticos que han destrozado este país e incluso conmigo mismo.

Un mínimo de eficacia. Esta es la religión a la que aspiro. Todo lo demás me importa un carajo. Lo único que pretendo es que no me atropelle un coche en un paso cebra, que no me vendan vino peleón como si fuera un reserva del país de los gabachos o a que el médico de guardia no me haga esperar horas y horas en la antesala de su consulta para recetarme un analgésico caro, escaso y de dudosa validez. Las grandes verdades de este tiempo vienen casi siempre en la sección de los anuncios por palabras de los periódicos. Todo lo demás, por mucho ruido que produzca, no suele ser más que material para el próximo derribo. No hay pretensión más realista que aquella que te procura un mínimo instante de vida, por insustancial que sea, además las pretensiones grandiosas, desmesuradas, no proporcionan más que disgustos, desengaños, decepciones; tanto para los pueblos como para las personas que las acometen.

Los grandes ideales arrastran consigo demasiadas desventuras, demasiadas calamidades, así que lo oportuno es atenerse al plato de fabes con almejas que te metes entre pecho y espalda mientras conversas con alguien cercano de lejanos paisajes, remotos placeres, libros leídos, películas vistas o personas perdidas; o sea, de cuestiones mínimas pero consistentes. Cuando llueve lo propio es sentirse recompensado. Cuando hace sol, acercarse hasta el parque para leer los anuncios por palabras de los periódicos sentados sobre cualquier banco. Solos. Bajo la templada sombra de cualquier nogal. Eso es todo. Una vez perdida la inocencia, no resulta difícil descubrir que todas las propuestas políticas, tarde o temprano, terminan convirtiéndose en un asunto de codicia. Los ricos gobiernan desde la impunidad. La oposición hace ya mucho, mucho tiempo que ha desaparecido.

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La cultura de la inauguración y el Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria

Pedía el apócrifo machadiano Juan de Mairena una Escuela Popular de Sabiduría Superior que dependiera exclusivamente de sus maestros, donde lo superior no fuera la escuela sino la sabiduría que en ella se alcanzase, una herramienta en definitiva  útil a quien venera la cultura para entregársela al pueblo. ¿Dónde ha quedado esto en nuestra ciudad?

Ocurre en Santander, como en otras partes donde vivimos, que para el Gobierno municipal la cultura y el respeto y fomento de las formas de adquirirla no es el principal objetivo, sino los edificios que deberían albergar los medios para extenderla y el consiguiente efecto propagandístico de su levantamiento e inauguración. Un ejemplo de esto es el Centro Botín, de cuya programación y objetivos desconocemos casi todo y de cuyo programa nos preguntamos si realmente se dotará de medios para extender el conocimiento de todas las expresiones culturales artísticas a la población cántabra, o vivirá del exclusivo culto a la firma de artista.

Unas puertas se abren. Es el caso de la Cueva de Altamira, referente mundial del Arte y la cultura de toda una época como es el Paleolítico superior, declaradas Patrimonio de la Humanidad en 1985, que por la irresponsabilidad de un Gobierno basándose en intereses económicos y turísticos, e ignorando  los consejos de muchos investigadores nacionales e internacionales, se encuentra en la dinámica de volver a ser abierta al público, poniéndola en peligro tal vez de forma irreversible.

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De censuras e hipocresías

El Ayuntamiento de Madrid ha decidido prohibir el concierto que Soziedad Alkoholika iba a ofrecer el 14 de marzo en el Palacio Vistalegre, alegando que durante su celebración podrían producirse "alteraciones del orden público".

Como nunca se han producido alteraciones del orden público durante las actuaciones del grupo vitoriano, no resulta aventurado concluir que la verdadera razón de la suspensión del concierto no es la esgrimida, sino los "excesos verbales" de algunos temas de Soziedad Alkoholika, como desliza el propio Ayuntamiento en el auto de prohibición, citando una sentencia del Tribunal Supremo, pero obviando que a través de esa sentencia el alto tribunal absolvió al grupo gasteiztarra de un supuesto delito de humillación a las víctimas del terrorismo, del que había sido acusado por la AVT y absuelto ya en primera instancia por la Audiencia Nacional.

Y es que la prohibición del concierto de Soziedad Alkoholika en Madrid debe ser enmarcada en un rosario de ataques a la libertad de expresión –a la libertad de expresión de sólo una parte, siempre la misma, de la sociedad– en España, como el secuestro de la revista satírica El Jueves por una caricatura de Felipe de Borbón y Letizia Ortiz en posición íntima; la acusación de ultraje al actor Pepe Rubianes por sus palabras durante una entrevista; la querella contra el cantautor Javier Krahe por "ofender los sentimientos de los miembros de una confesión religiosa" en una película; la denuncia al cómico Leo Bassi por otro supuesto delito de blasfemia –presente aún en el Código Penal español– por su parodia del Papa Juan Pablo II; o el juicio en la Audiencia Nacional al humorista Facu Díaz por un supuesto delito de humillación a las víctimas del terrorismo –del que resultó absuelto, como Soziedad Alkoholika– por otra parodia, por citar algunos ejemplos.

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Un hombre se cae por el balcón

Andrés quitó los libros de las estanterías y los guardó de manera desordenada en maletas y bolsas de viaje. Cuando las maletas y las bolsas de viaje estuvieron llenas introdujo los libros en cajas y cuando las cajas se acabaron metió los libros en bolsas negras de basura. Al mover algunos muebles encontró bolas enormes de polvo que le recordaron a los algodones de azúcar de las ferias. Miró con extrañeza la suciedad acumulada tras el cabecero de la cama o bajo el sofá. Al vaciar los armarios se dio cuenta de que hacía años que no usaba la mayor parte de la ropa. Fue drástico e hizo dos montones: en uno colocó las prendas que había utilizado al menos una vez en los últimos doce meses; en el otro, el resto. Cuatro pantalones, cinco pares de calzado, cuatro jerséis, cinco camisas, tres abrigos y un puñado de camisetas habían conformado su vestuario en el último año. Pensó que el otro montón, mucho más voluminoso, debería entregárselo a la beneficencia.

Andrés observó la casa desmantelada: las paredes sin cuadros, sus cosas amontonadas en el suelo, la nevera abierta y desenchufada. Después, comenzó a bajar todo a la calle. Era un quinto piso céntrico, antiguo, sin ascensor. Había optimizado bien cada bolsa, cada maleta, cada caja y ahora todo pesaba demasiado. Los libros, su ropa y algunos pequeños muebles comenzaron a amontonarse en la acera. Resultaba muy difícil aparcar en la zona y había estacionado la furgoneta de alquiler en los alrededores, iría a por ella cuando tuviese todas las cosas en la calle. Al principio fue cuidadoso. Por ejemplo, sobre la mesilla de noche colocó una lámpara, el despertador, dos libros sueltos y una foto de sus padres que una mujer se detuvo a observar con curiosidad durante unos segundos. Andrés sudaba y resoplaba arrastrando escaleras abajo los bultos. A medida que aumentaba su cansancio su descuido a la hora de dejar todo en la acera era mayor.

Cuando depositó la última caja sus cosas formaban una montaña desordenada de ropa, cajas medio desfondadas, bolsas, maletas y pequeños electrodomésticos: una batidora, el televisor, la cafetera, un exprimidor amarillento, altavoces con los cables enrendándose aquí y allá.

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Canciones francesas

Cada vez que veo a un político haciendo campaña tengo la sensación de que se va a hincar de rodillas y se va a poner a cantar el Ne me quitte pas de Jacques Brel. Hay que imaginarse el cuadro. A mí me parece una canción maravillosa, aunque algunas estrofas sean para pegarse un tiro, como esa de yo te traeré perlas de lluvia de un país donde nunca llueve, qué poca vergüenza . Lo que pasa es que mi Jacques, entre su desesperación de papel maché y sus lágrimas de mentira, era capaz de encontrar al final de la canción unos versos redentores: yo me esconderé para verte bailar y reír, cantar y después sonreír. Con eso y unas pocas inflexiones de la voz te acababas creyendo que toda esa pena era de verdad.

Lo de hacer campaña, por otro lado, es un decir, porque la campaña electoral ocurre todos los días, como los milagros. Solo que ahora, de repente, te necesitan. Yo me los imagino discutiendo entre ellos, cuando salen de los plenos: el sistema está bien, se roba, se miente, no pasa nada, la pena es lo de votar cada cuatro años. Con lo felices que parecían en 2011. Tanta primavera por delante, llamadas, enhorabuenas por la espalda, apretones de manos, reuniones para formar Gobierno, planes y sueños.

Parece que fue ayer y, sin embargo, ya están otra vez en la puerta los ciudadanos, esa cosa tan molesta que se olvida durante cuatro años y se recuerda durante dos meses. Qué pesadilla. Ponte a hacer obras, a comprarte trajes para inaugurar hormigones. Y que nunca están contentos. Pero tenemos un plan: buena cara y repartir sonrisas, besos, abrazos. Bajemos a la tierra, qué remedio y qué penitencia, para compartir mesa y mantel con los empleados.

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Adioses

Una vez fui a la boda de una amiga y a eso de las cuatro de la mañana decidí irme para casa. Me despedí de los novios deseándoles un maravilloso viaje, felicité a los orgullosos y algo borrachos padrinos, besé cariñosamente a algunos invitados con los que había bailado y me fui.

Yo estaba convencida de que me iba, hubiera dado una rueda de prensa para despedirme si así me lo hubieran pedido. Se acababa, era el final. Así que cogí un taxi y a la altura de Cuatro Caminos caí en que uno de los invitados me gustaba un poco y por algunas cosas que recordaba era probable que yo también a él: otra vez me había precipitado, mierda. No me quedó mas remedio que pedir al taxista que volviera a llevarme a la fiesta. Entré, hice el gesto habitual de  no te preocupes, cosas mías a mi amiga, sonreí a los confusos padrinos y a por el guapo invitado que fui.

Es que la vida es un poco así, todo el rato. Un adiós, me marcho, un tomo la última y me voy, un el lunes lo dejo sin falta y un hasta aquí hemos llegado. Pero, al final, te quedas un poco más o vuelves o sigues para siempre.

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Albert Rivera, el cuarto mosquetero

Albert Rivera posa en Twitter con la imagen de Naranjito después de que Rafael Hernando le bautizara así.

Basta con recorrer las primeras páginas de Los tres mosqueteros, la novela de Alejandro Dumas, para encontrar al joven D’Artagnan arrivando a la posada de una pequeña aldea, Meung, donde no tarda en meterse en problemas. En realidad es a causa de su caballo, un viejo penco que su padre le acaba de regalar junto a un ungüento para curar las heridas y una carta de recomendación para el Capitán de Treville.

Era una jaca del Bearn, de doce a catorce años, de pelaje amarillo, sin crines en la cola, mas no sin gabarros en las patas y que, caminando con la cabeza más debajo de las rodillas, hacía, pese a todo, sus ocho leguas diarias.

El caballo despierta las burlas y las risas de una grupo de personajes encabezados por el Conde de Rochefort, lo cual enfurece al impulsivo D’Artagnan que pretende batirse en duelo con el sicario de Richelieu porque "¡así se ríe del caballo quien no osaría reírse del amo!".

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Los charcos de barro de Peppa Pig

Pues no, a mí las de Femen no me representan. No se queda el tema en si sirve o no de algo sacar las tetas a pasear desnudas por la calle en hipnótica controversia. Que ésa es otra. Vaya si hay tetas en este mundo desde hace un montón de tiempo. Aun así las seguimos utilizando como si fuesen una cosa recién salida del laboratorio de inventos. Teta va. Las de Femen con sus canalillos ilustrados. Teta viene. Las de Femen disfrazadas de Peppa Pig.

Que la chona animada sí que las lía pardas. Y eso que va vestida.

Deberían tomar nota las feministas de la cerdita rosa en lo de llamar la atención. Peppa Pig puede ser: a) una serie de dibujos animados; b) una serie de dibujos animados bastante coñazo, todo hay que decirlo; c) un insulto al Islam; d) un canal de la izquierda radical para lavarle el cerebro a los más pequeños de la casa; e) un canal de la izquierda radical a través del que difundir mensajes perversos, léase aquí ecologismo, multiculturalismo y matrimonio homosexual, entre otros y f) un simpático disfraz con el que acudir a las manifestaciones a partir de la publicación de esta columna.

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