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Arre y so

Un aspirante al Gobierno de la nación de nueva generación ha de hacerse una pregunta sencilla: ¿ser estrella o fuego de artificio?

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Irene Montero, Íñigo Errejón y Pablo Iglesias, en el debate de investidura el 2 de marzo.

Irene Montero, Íñigo Errejón y Pablo Iglesias, en el debate de investidura el 2 de marzo. Marta Jara

El fenómeno social de Nuit Debout, que se desarrolló este año en la Plaza de la República parisina, una suerte de 15-M de la Plaza del Sol, se ha extendido a toda Francia y permite constatar dos cosas: existe una subjetividad colectiva de ámbito mundial para cambiar los parámetros por los que se rigen las denominadas sociedades occidentales (globalización en lo económico, neoliberalismo en lo político); al tiempo que la reedición sucesiva de esta eclosión de fuerzas en un país u otro permite aventurar que, como la energía, las demandas populares de cambio no se crean ni se destruyen, se trasforman y perduran en el tiempo.

El filósofo Alain Badiou, en este mismo medio, verbaliza a la perfección este tiempo de cambio e incertidumbre tras la caída del monolitismo socialista en donde las estrategias revolucionarias se mantenían una vez controlados los aparatos del Estado, cuando ambos campos no son iguales. Él acierta con la cuestión clave: ¿Cómo articular la fuerza social sin incurrir en el error del pasado de convertirla en estructura de Estado y destruirla? A la que sucede otra: ¿Es posible orquestar algún tipo de organización intermedia que canalice esa fuerza sin acabar esclerotizada por el poder? Él cree que sí, aunque no sabe bien en qué consistirá. Pero eso no importa demasiado. Este nuevo paradigma será modelado por los contrastes en las sociedades, una suerte de work in progress que nadie a ciencia cierta sabe en qué acabará.

El debate interno (y externo) por el modelo que adoptará Podemos en su articulación y en la gestión del poder que está a un paso de alcanzar (ya es la segunda fuerza política en el país) revela esta incertidumbre y esta necesidad de un tercer elemento que tenga un pie en la calle y otro en el Parlamento. No es tan baladí, ni personal, como se piensa, el desencuentro entre Errejón e Iglesias. Más allá de narcisismos, hay un debate real en cómo gestionar el futuro sin perder la frescura de los orígenes (15-M), y no acabar en nomenclatura arterioescleriotizada (PSOE). Dentro del mismo Podemos (y cito esta formación porque es la única de este calado y con este 'problema') hay formaciones, corrientes y una selva de pensamiento que requiere una articulación, que es en lo que se está. ¿Cómo sentar a los antisistema en el Parlamento sin implosionar por conjugar conceptos reñidos ontológicamente? ¿Cómo es que se aspira a gestionar una economía capitalista teniendo en el seno a una corriente anticapitalista? ¿Cómo casa todo esto cuando Pablo Iglesias dice que su formación apuesta por la "socialdemocracia"? ¿Se puede estar en el escaño y detrás de la pancarta a la vez? Va a ser más difícil que el trasiego de diputados de Podemos entrando y saliendo del Hemiciclo. El don de la ubicuidad, por el momento, se nos ha negado a los mortales.

"Podemos, si sabe jugar bien esta endiablada partida, tiene más recorrido que Ciudadanos, una mera plataforma de poder para ambiciones personales"

Cuando se tiene un pie en un lado y el otro, en el otro, cuando se está entre el 'arre' y el 'so' uno corre el riesgo de acabar despalancado o caerse de la montura. Podemos, si sabe jugar bien esta endiablada partida, tiene más recorrido que Ciudadanos, una mera plataforma de poder para ambiciones personales, como lo fue UPyD, pero con el mismo contenido ideológico que un tubo de pasta dentífrica: puede caber en ella cualquier cosa. De hecho, su fulgor centellea y se eclipsa rápidamente. Así, que un aspirante al gobierno de la nación de nueva generación ha de hacerse una pregunta sencilla: ¿ser estrella o fuego de artificio?

Nuestra sociedad está regida por un ente global. Es como un pulpo con patas ancladas en cada país o en cada esfera social, política y económica. Atacar cada pata por separado, intentar domesticar uno a uno sus apéndices, no es atacar el pulpo, que dispone de rabas de sobra y una asombrosa capacidad de regeneración. Solo desde una colusión global de voluntades, que es lo que se está fraguando en el ámbito mundial, así como por la disposición de un vehículo para articular calle y gestión pública, se podrá aspirar a ponerle una brida a este caballo desbocado que es el orden mundial postsoviético.

Alguien me dirá que ese vehículo ya existe y son los partidos políticos y el principal argumento en contra es que si ese vehículo tuviera una eficacia real ni Nuit Debout, ni 15-M, ni Ocupar Wall Street existirían. Luego han periclitado. Basta asistir a un congreso nacional de cualquier formación española, con la excepción de Podemos, para comprobar que el 90% de los compromisarios son cargos orgánicos y públicos, sus acuerdos son aprobados a la búlgara y sus líderes, ratificados por aclamación. Cualquier parecido con la calle es pura coincidencia y defender lo contrario es engañarse. Aunque tengo que reconocer a Kim Jong-un le encantaría.

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