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Bajarse los pantalones

A Revilla le ha debido costar mucho bajarse… la ropa. Detrás de la renuncia al AVE se esconde la ausencia de un proyecto económico y social propio.

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Bajarse los pantalones tiene mala prensa. Especialmente entre los hombres que dominan el panorama político. Hasta en eso entra el patriarcado. Bajarse los pantalones sugiere una sodomización no deseada o, como mínimo, resignada. ¡Qué miedo al sexo anal y a sus beneficios! Estoy seguro de que algún doctorando habrá hecho una investigación sobre la presencia de expresiones patriarcales en el discurso político y en el cotidiano, pero mientras la encuentro me toca sacar mis propias conclusiones.

Reconoció Miguel Ángel Revilla que él y los suyos se “han bajado…la ropa” en el tema del AVE. Acepta con resignación un pinche tren que al menos llegue sin sorpresas y olvida su sueño de Velociraptor sobre railes. “Qué decepción”, pensarán algunos; “qué descanso”, suspirarán otros. Los compañeros de El Faradio nos recuerdan las ene veces que Revilla había enarbolado la bandera del AVE tratando de hacer justicia histórica y reivindicando los túneles de la Engaña –aunque fuera de forma simbólica- para acabar con aquel coito interruptus (no sabemos si anal) del Santander-mediterráneo.

A mi, realmente, me parece que siempre nos quedamos en el polvo de superficie (¡cómo tengo hoy las hormonas!) y no solemos profundizar. Ni Revilla ni ningún político autonómico han debatido ni tratado el modelo de ‘desarrollo’ que va a lomos de los AVE. España no aprende. En verdad, España jamás ha aprendido de su propia historia. Ahora que la piel de Toro (que no de la Vega) está cruzada por decenas de AVEs que prometen lo que nunca consiguen, sería el momento de proponer un modelo alterno, que no le apueste todo a la construcción de mega infraestructuras ni a la movilidad. El problema de Cantabria, como no lo es el de Extremadura o Murcia, no es la falta de un AVE, sino la ausencia de un proyecto económico y social sostenible que piense más allá de la legislatura, del ladrillo o de las inversiones directas externas con exención de impuestos.

Ni Revilla ni ningún político autonómico han debatido ni tratado el modelo de ‘desarrollo’ que va a lomos de los AVE. España no aprende.

Así, Revilla puede estar tranquilo y caminar pantalones en los tobillos con dignidad. O podría hacerlo, siempre que comenzáramos a dibujar un proyecto para Cantabria que no busque llegar antes a Madrid, sino que promueva que nos queramos quedar aquí para trabajar por el bien común. Un proyecto que evite el goteo del exilio económico (2.150 jóvenes en cuatro años), que frene el vaciamiento de la capital, que promueva la economía social, que retome con orgullo la tradición y la experiencia rural de Cantabria, que no deje en manos privadas (que no han demostrado ni tan siquiera capacidad) los servicios públicos, que fomente los entornos colaborativos, que regrese a la apuesta por las energías renovables, en fin… un sin fin de medidas que no requieren de AVE para volar.

Es cierto que esta semana Revilla nos recordó que el AVE no es para irse, sino para atraer turistas. Pero su teoría hace agua porque sería como decir que Baleares o Canarias no pueden crecer en el sector de visitantes por ser pedazos de tierra rodeados de mar sin posibilidad de AVE que las conecte. Es de Perogrullo, pero a ese nivel estamos llegando. El nuevo-viejo gobierno de Cantabria sigue enquistado en las viejas-nuevas propuestas, pero no logra presentar una alternativa diferenciada al modelo económico de (no) desarrollo que ya ha mostrado su fracaso en los últimos 25 años. Es cierto, no es Cantabria el único lugar con “expertos” sin visión, sin valentía, sin coraje para probar nuevas fórmulas, pero eso no debería servir de excusa para el inmovilismo. Si gobernar se reduce a gestionar migajas, hacer planes de rescate, discutir cuándo abre el comercio y quejarse ante Madrid de casi todo, entonces no saldremos de este “pause” en el que nos instalamos hace décadas.

La autonomía no se tiene porque lo diga la Ley Orgánica 8/1981. La autonomía se gana, se construye cada día con un proyecto propio que dialogue con el resto del Estado pero que no dependa de él. La autonomía es la capacidad de autosostenerse, de cultivar la cultura propia, de desarrollar modelos económicos adaptados a las capacidades y potenciales del territorio y sus gentes y buscando el bien común. La autonomía no es un AVE y la autonomía no se pierde por “bajarse… la ropa”. La autonomía no es lo que tenemos, desde luego, y la autonomía no se logrará con estos gobiernos.

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