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Cantabria, ¡qué hermosa eres!

Lo que está en juego no es llenar los hoteles el próximo fin de semana, sino favorecer nuestro futuro y el de nuestros hijos y nietos en esta tierra. Con ese objetivo, hemos de mirar más hacia arriba y, con ello, cambiar nuestra perspectiva.

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A finales de los noventa, Televisión Española solía emitir una gala denominada “Murcia, ¡qué hermosa eres!”, que muchos recordamos haber visto durante escasos minutos, antes de optar por cambiar de canal. Se trataba de un programa de variedades, al más puro estilo de José Luis Moreno, que giraba en torno a las actuaciones de cantantes famosos y presentadores igualmente famosos, y que tenía como finalidad la promoción turística de la comunidad murciana. Pagado (y ahí radicaba la principal diferencia con los programas de José Luis Moreno) con dinero público murciano. Cuando observo determinadas actuaciones con las que, desde Cantabria, se está poniendo especial énfasis en la promoción turística de nuestra Comunidad (sirva como ejemplo el reciente concierto de Enrique Iglesias), me vienen a la cabeza aquellas galas murcianas. No dudo de las buenas o malas intenciones de estos esfuerzos, como tampoco de los que previamente hicieron desde Murcia. Lo que pretendo con este artículo es responder a dos preguntas más concretas: ¿qué tal le ha ido a Murcia con su modelo de desarrollo económico?; ¿es el modelo murciano una buena referencia para Cantabria?

El gráfico 1 muestra la evolución del PIB por habitante de Murcia desde el año 2000 a la actualidad, tomando como referencia la media española (igual a 100). El PIB por habitante es el indicador más habitual para medir el nivel de actividad económica en un territorio. Como se observa, Murcia tenía en el año 2000 un PIB por habitante alrededor de un 16% más bajo que la media estatal; desde entonces, la diferencia se ha profundizado, alcanzando el 19% en 2016. El gráfico muestra también el dato para Cantabria, donde la tendencia ha sido similar. Nuestra Comunidad partía en el año 2000 de un nivel económico inferior a la media española, aunque a mucha menor distancia que Murcia (menos de un 7%); en lo que llevamos de siglo, la brecha se ha incrementado hasta más de un 10%. En cambio, en el País Vasco, cuyo dato también muestra el gráfico, se observa justamente lo contrario: tenía inicialmente un PIB por habitante un 22% por encima de la media estatal y, desde entonces, la diferencia ha aumentado hasta acercarse al 33%.

Fuente: elaboración propia a partir de la Contabilidad Regional del INE

Fuente: elaboración propia a partir de la Contabilidad Regional del INE

Los resultados descritos anteriormente para Cantabria no se limitan a la comparación con estas dos comunidades en un periodo concreto. Los mapas 1 y 2, incluidos a continuación, muestran a todas las CCAA españolas según su PIB por habitante en 1980 (izquierda) y en 2016 (derecha), en relación al promedio estatal. En color verde, se representan aquellas con una renta superior a la española (con una tonalidad más oscura, cuanto más ricas); y, en color naranja, las situadas por debajo de la media (con una tonalidad más oscura, las más alejadas).

Cantabria tenía, hasta hace pocas décadas, un nivel económico notablemente superior a la media española. En 1980, a pesar de llevar ya varias décadas de declive relativo, su PIB por habitante era aún casi un 8% superior al promedio estatal, mientras que actualmente estamos un 10% por debajo. Esa caída de 18 puntos supone que Cantabria es la CCAA que menos actividad económica ha generado en los últimos 36 años en relación a su población, seguida por Canarias, la Comunidad Valenciana, Murcia y Baleares. Por el contrario, entre las CCAA que más han aumentado su actividad económica destacan Madrid y el País Vasco, que ya partían de niveles muy altos, junto con Aragón; otras CCAA como Extremadura, Galicia y Castilla y León, partiendo de niveles bajos (en mayor medida la primera), se han acercado notablemente al promedio.

Desde mediados del S. XX, Cantabria fue perdiendo su fortaleza en los sectores industrial y primario, con un declive que se acentuó en la década de los ochenta. Posteriormente, nuestra Comunidad no ha sido capaz ni de revitalizar sus sectores otrora punteros ni de encontrar otros nuevos que le permitan recuperar el terreno perdido (algo que, por ejemplo, sí ha hecho el País Vasco, que también pasó por una severa crisis industrial), de forma que ha seguido perdiendo posiciones respecto a la media estatal. Si nuestra actividad económica hubiera crecido desde 1980 al ritmo al que lo ha hecho en el conjunto de España, sería actualmente casi 4.300€ por habitante más alta que la que tenemos; si hubiéramos mantenido la distancia que teníamos entonces con el País Vasco, el incremento sería de casi 4.800€. El modelo económico que surgió del declive de nuestros tradicionales motores no está funcionando. Y no lo hace porque los motores que han tomado el relevo son demasiado débiles.

Fuente: cálculo propio a partir de Contabilidad Regional y Cifras de Población del INE (1980) y Contabilidad Regional del INE (2016).

Fuente: cálculo propio a partir de Contabilidad Regional y Cifras de Población del INE (1980) y Contabilidad Regional del INE (2016).

El gráfico 2 describe el peso que tienen en el empleo los sectores de la industria (en color azul, más oscuro cuanto mayor sea su intensidad tecnológica) y los servicios (en color morado, más oscuro los más intensivos en conocimiento y más claro los restantes), en Cantabria, el País Vasco y Murcia.

En cuanto a la industria, mientras la de intensidad tecnológica muy alta tiene en general escaso peso, los resultados más interesantes se observan para la de tecnología media-alta: su peso en el empleo en Cantabria es del 3%, muy alejado del 9,1% en el País Vasco, y mucho más cercano al 2,4% en Murcia. Para la industria de tecnología media-baja, nuestra comunidad (5,8%) se encuentra en un punto intermedio entre la vasca (7,7%) y la murciana (3,3%). Finalmente, el mayor peso de la industria de intensidad tecnológica baja se observa en Murcia (6,2%), seguida de Cantabria (5,2%) y el País Vasco (3,6%).

Los servicios, por su parte, tienen un peso mayor en la economía de Cantabria que en las otras dos CCAA. Sin embargo, en lo que respecta a las ramas intensivas en conocimiento, su peso en nuestra comunidad (34,1%) es inferior al del País Vasco (36,2%), aunque notablemente superior al de Murcia (28,8%). Mientras, el peso de las ramas de servicios menos intensivas en conocimiento en Cantabria (40,1%) es muy superior al que tienen en el País Vasco (34,7%), y similar al de Murcia (39,7%).

Fuente: elaboración propia a partir de datos de EUROSTAT

Fuente: elaboración propia a partir de datos de EUROSTAT

La estructura productiva y los resultados económicos de Cantabria, en resumen, se parecen mucho más a los de Murcia, una comunidad lejana y económicamente modesta, que a los del País Vasco, comunidad vecina y mucho más boyante. Y lo hacen cada vez más. Cantabria, como Murcia, y al contrario que el País Vasco, muestra un predominio de actividades de servicios poco intensivas en conocimiento, junto con una carencia de industria de intensidad tecnológica media-alta. Esta estructura inadecuada explica nuestra pérdida de posiciones en materia de actividad económica. Los servicios intensivos en conocimiento y la industria de intensidad tecnológica media-alta son actividades con alto valor añadido, en las que se basa la economía y la creación de empleo en las regiones más exitosas de Europa. La cuestión del valor añadido es esencial porque las actividades que generan más valor permiten repartir más: salarios más altos, que a su vez refuerzan el consumo y la actividad en otros sectores (por ejemplo, el comercio); y mayores beneficios empresariales, con capacidad para traducirse en más inversión y, con ello, para sostener el crecimiento. En cambio, las actividades de bajo valor añadido, como las que están liderando la creación de empleo en Cantabria, tienden a basarse en puestos de trabajo precarios y mal remunerados para generar un beneficio empresarial que, además, suele ser limitado e insuficiente para dinamizar la actividad en el territorio.

Nuestro modelo económico, por tanto, no habría de ser el murciano. Primero, porque no es un modelo exitoso. Y segundo, porque nuestras características y capacidades son muy distintas. Por ejemplo, el clima y la temperatura del mar no son favorables para un turismo de sol y playa, condenado en Cantabria a un carácter extremadamente estacional. Tampoco nuestro relieve agreste y la singularidad de nuestro paisaje se prestan a la construcción masiva de viviendas utilizadas como segunda residencia, puesto que limita enormemente otros usos alternativos como el industrial o el disfrute de la naturaleza. En cambio, tenemos otras fortalezas, con las que no todas las regiones españolas o del mundo cuentan: el elevado nivel educativo de nuestra población, que merecería un mucho mayor esfuerzo para evitar la fuga de jóvenes en busca de oportunidades de empleo; nuestra herencia industrial, que habría que reformular para tratar de adaptarla al S. XXI; nuestra fortaleza en el sector servicios, donde habrían de potenciarse actividades intensivas en conocimiento (sin que ello signifique que tengan que desaparecer las restantes); o nuestra buena posición geográfica, cercana al núcleo de la economía europea y muy próxima a un polo de desarrollo como es el País Vasco. La comunidad vecina es, precisamente, un buen ejemplo al que mirar, al que tratar de aproximarse. No necesitamos, para ello, ni traer a cantantes famosos ni inventarnos galas televisivas. No necesitamos vender lo que no tenemos, sino creer en lo que sí tenemos y, sobre todo, en lo que podemos llegar a tener. Lo que está en juego no es llenar los hoteles el próximo fin de semana, sino favorecer nuestro futuro y el de nuestros hijos y nietos en esta tierra. Con ese objetivo, hemos de mirar más hacia arriba y, con ello, cambiar nuestra perspectiva.

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