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Indecisión

Cada semana debato bizantinamente conmigo mismo y decido el tema sobre el que hablaros en esta Chispa Adecuada. Un proceso de metódica guerra introspectiva que termina con el parto de un texto y con la rendición sin condiciones de todas las personas que habitan bajo mi piel

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Soy un indeciso, lo reconozco. Pienso, sopeso, pierdo el tren, dudo, se llevan la fruta que más me gusta mientras decido, ando, desando y cuando ya parece que lo tengo todo controlado, vuelvo a empezar. Soy así, ¡qué le vamos a hacer!

Cada semana debato bizantinamente conmigo mismo y decido el tema sobre el que hablaros en esta 'Chispa Adecuada'. Un proceso de metódica guerra introspectiva que termina con el parto de un texto y con la rendición sin condiciones de todas las personas que habitan bajo mi piel.

Pues bien, esta semana el conflicto ha sido atroz; no ha habido prisioneros. Cuando pensaba que ya lo tenía casi escrito, he borrado, reescrito, realiñado, destruido y vuelto a escribir las líneas que iban a formar parte este artículo de opinión. Un horror sinfín digno de los más profundos abismos de la Nueva Inglaterra de H.P. Lovecraft.

La causa

Y es que, cada vez que tenía un texto desarrollado sobre el papel, llamaba a mi ventana una nueva cucurrucucú paloma brava que me distraía de mis intenciones. Os explico: al principio, pensé en hablaros sobre la 'Feria del Clítoris' de As Pontes. Un transcendental y profundo tema que me tenía muy ilusionado porque llegué a pensar que esta localidad coruñesa había decidido instalar un lamentable barrio rojo en una de sus calles (estilo Ámsterdam).

Nada más lejos de la realidad. Lo que realmente había sucedido es que alguien había utilizado Internet para traducir un texto del gallego al castellano y que había copiado y pegado el resultado en la web municipal. Frases como "el clítoris es uno de los productos típicos de la cocina gallega" habían rematado la operación. Nunca una 'Feira do Grelos' había suscitado tanto interés.

Entendedme, de pronto me vi llorando de risa delante del ordenador y todo ello me pareció poco serio, incluso para mí. Y si ya os cuento que el texto estuvo varios meses publicado en la web sin que nadie se enterase y que tuvo que ser un periódico británico -The Guardian- el primero en denunciarlo, ni os cuento.

"Los grandes artículos sólo se pueden escribir sobre temas serios", me dijo un profesor mío en la facultad. Así que, siguiendo su consejo, busqué y encontré para vosotros el cuarenta aniversario de la Marcha Verde que nos llevó a abandonar el Sáhara a su maldita suerte. Tras dos párrafos lo deseché. Desconozco si mi rendición fue debida a que aún tenía aquel clítoris gallego en mi mente o porque llevo demasiado tiempo llorando por el maltratado al pueblo saharaui.

También pensé en contaros mi opinión sobre las últimas novedades del caso Volkswagen. Unas palabras sobre cómo el capitalismo sin control no tiene freno, sobre cómo nos mienten a la cara o sobre cómo bajo el estandarte de "es por nuestro bien" son capaces de convencernos de casi cualquier cosa. Aunque no lo recuerdo con exactitud, supongo que alguna de mis personalidades múltiples vetó la proposición por desidia endogámica.

Pasé de puntillas por la vendetta del Gobierno de España contra el general José Julio Rodríguez, la carrera de Moto GP de Cheste, el accidente (por el momento) del avión ruso en la península del Sinaí y, cómo no, el nuevo escándalo del Vaticano (¡Salve Regina Mater misericordiae!).

"¡Ya lo decía yo!", se comenta que se lleva escuchando toda la semana junto a la tumba de Martín Lutero en la iglesia del palacio de Wittenberg.

El efecto

Harto de no avanzar con mi texto, apagué el ordenador, encendí la televisión, vi un lamentable episodio de The Walking Dead (el cuarto de la sexta temporada) y esperé desesperado a que surgiera algún tema con el empaque suficiente para acometer mi compromiso periodístico.

Esperé.

Esperé.

Esperé.

Nada; tan sólo, otro momento de gloria dialéctica de nuestro presidente del Gobierno que, ante le pregunta de quién cree usted que puede ser su principal rival en estas elecciones, respondió: "Yo mismo".

En plena rendición, mi mente comenzó a recordar todas sus meteduras de pata lingüísticas y no pude evitar imaginármelo, espada en mano, peleándose contra una versión plásmica de sí mismo. En ese momento, revolotearon por mi salón todas aquellas frases de "un vaso es un vaso y una taza es una taza", "esto no es como el agua que cae del cielo, que no se sabe exactamente por qué", "todo lo que se refiere a mí no es cierto, salvo alguna cosa" o "los gallegos tienen dos opciones: el PP ó 6 ó 7 partidos".

Y, claro, esto último de los gallegos (más Rajoy que también es gallego) colocó mi mente en la Feria del Clítoris otra vez.

"Esto parece una coincidencia tipo Murakami", pensé. Y pensar me arrastró a reír y reír me empujó a escribir y escribir me llevó a terminar (sin darme cuenta) las líneas que estáis leyendo.

Bos días!!!!

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