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Oda sin gracia a un dinosaurio que no duerme

Es probable que cuando despierte y deba escribir la próxima columna el dinosaurio siga allí. Mientras, me protejo del porvenir.

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Para la columna previa a la catástrofe electoral en Cantabria he elegido un clásico, que es como llamamos a los tópicos cuando queremos alicatarlos. Ya saben, aquel de: "Cuando se despertó, el dinosaurio todavía estaba allí". Pero es que si Monterroso lo escribió tan bien para que ponerse a crear cutre florituras que no lleguen a reflejar la sensación de hastío que ya me producen los resultados electorales que intuyo sin hacer grandes esfuerzos de mentalista.

Confieso que no sé a quién atribuir el papel de dinosaurio...  a los políticos del pleonasmo: incapaces de moverse un milímetro del guión inmovilista en el que se parapetaron hace años; a la ciudadanía teledirigida amante del sacrosanto orden y de que le roben en su cara mientras los animan a ser pobres emprendedores del precariado; a los medios de comunicación tradicionales siguiendo como perritos falderos las caravanas electorales que riegan de mentiras y de basura nuestras retinas; a las obras elefantiásicas (o 'dinosaurescas') que no ha dejado de inaugurar de forma encubierta el alcalde de la capital dormida mientras la Junta Electoral se tomaba unos carajillos con las dietas públicas...

De lo que estoy seguro es que, cuando despierte el próximo 25 de mayo... el dinosaurio, el que sea, todavía estará allí. Y esa seguridad me genera una ansiedad, una opresión en el pecho, una angustia estomacal difíciles de controlar. No hay Alka Seltzer para tragar tanta mierda.

Monterroso nunca hubiera elegido la palabra mierda. Tampoco Max Aub que en otro cuento híper breve describía cómo alguien que hablaba y hablaba moría porque se le reventaban las palabras dentro. Mi sueño erótico político resumido en un cuento escrito por una de esas mentes que España expulsó al exilio para que aquí dejáramos de pensar y pensáramos sólo en votar.

A Kafka igual le gustaba la palabra mierda en la intimidad, pero prefería escribir cosas con más tino y elegancia. En "Una pequeña fábula" demostró conocer bien mi estado cuando escucho a González Pons ensalzando el 15M, cuando el PSOE habla de nu evapolítica o cuando el niño mono de Ciudadanos... o cuando el mono niño de Ciudadanos abre la boca: "Ay! -dijo el ratón-. El mundo se hace cada día más pequeño. Al principio era tan grande que le tenía miedo. Corría y corría y por cierto que me alegraba ver esos muros, a diestra y siniestra, en la distancia. Pero esas paredes se estrechan tan rápido que me encuentro en el último cuarto y ahí en el rincón está la trampa sobre la cual debo pasar. -Todo lo que debes hacer es cambiar de rumbo -dijo el gato... y se lo comió".

Como ven, a la espera del dinosaurio, ando armándome de palabras para resistir y engordando para no decepcionar a los gatos-dinosaurios que nos desgobiernan. También me estoy dedicando a los rituales de supervivencia básicos... ya se pueden imaginar: ir a inaugurar el "vial innecesario" para recordar a Amparo Pérez y su terca dignidad imprescindible, sentirme a gusto allí con las 100 personas dignas de las 175.000 que habitan la ciudad que han asistido, mirar con desprecio durante 5 segundos cada cartel electoral que me cruzo en el camino, tener sexo sin protección cuando comienza en la madrugada el siniestro espacio de publicidad política, ir al baño sin prisa cargado con los programas políticos (Control-C / Control-V) como material de lectura laxante ante el virus de estreñimiento ideológico generalizado que acosa a los votantes, quemar mi tarjeta del censo electoral mientras me hago unas sardinas en sus pírricas brasas y, como último acto, convertirme en espada para poder ser protagonista del microcuento de William Ospina cuando comience la legislatura:

"-Te devoraré -dijo la pantera.

-Peor para ti -dijo la espada."

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