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Opiniones

Envidio a las personas capaces de emitir opiniones de urgencia tajantes. Cuando todo se desmorona el tertuliano pone orden: es la guerra. O bien: la culpa es nuestra.

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Dos muertos en el tiroteo entre la policía y varios  hombres atrincherados en el norte de París

La Policía francesa lanzó una operación antiterrorista en Saint-Denis en la búsqueda de más atacantes. EFE

Siete terroristas asesinan a ciento veintinueve personas en París y nosotros tenemos que seguir bailando, qué remedio, a pesar de que la música sea cada vez más asquerosa. En momentos así la opinión reconforta porque nos permite participar en el duelo. Cuando una tragedia tan de verdad y tan de cerca sacude nuestro mundo pequeño necesitamos dejar claro que no nos mantenemos al margen, y decimos algo, lo que sea, por miedo a que el silencio se interprete como una falta de sensibilidad. Ocurre lo mismo en el ascensor, cuando te toca bajar al portal con el vecino del cuarto.

Tiemblas, te solidarizas. Yo creo que, yo pienso que. Es humano, natural, necesario. Envidio a las personas capaces de emitir opiniones de urgencia tajantes. Cuando todo se desmorona el tertuliano se encarga de poner orden: es la guerra. O bien: la culpa es nuestra. Y hay quien pide bombardeos masivos y apela a la unidad en defensa de la patria en peligro y hay quien afea a las víctimas el haber decidido pasar la noche del viernes en Occidente, donde todos nacemos con la señal de la bestia de la frente y el pecado original de unos gobernantes cortos de miras que en su momento decidieron dar alas a una secta de desgraciados que asaltan vidas que no son suyas.

Entre las opiniones, sencillamente, hay de todo. Incluso abundan los que defienden el tijeretazo a las libertades, espíenme el wassap y lo que haga falta, en nombre de una seguridad incierta. Personalmente, considero que cruzar según que fronteras es peligroso y que no vale la pena defender la libertad de las amenazas terroristas para cederla después en nombre de una ley patriótica.

París nos dejó fríos y temerosos, como ocurre cada vez que la locura y la muerte vienen a hacernos polvo. Tragedias así nos cogen siempre a contramano: viendo el fútbol, en un concierto, de cena en una terraza o sencillamente viviendo.

Todo lo demás, en cambio, me resulta nebuloso. ¿Cómo actuar? ¿Cuál es la respuesta que resolverá el conflicto? ¿Se puede calificar como guerra la lucha contra una organización terrorista? ¿Acaso el terrorismo no es la táctica de quienes no pueden derrotar a su enemigo en una guerra abierta?

Me gustaría poder golpearme el pecho y decir: sé lo que ocurre y lo que hay que hacer, pero entiendo muy poco la geopolítica de la zona y desconozco el trazado de alianzas, intereses y relaciones diplomáticas. Me cuesta entender qué ocurre y no consigo descifrar los porqués de unas informaciones que llegan por asalto, en las que cada vez resulta más díficil separar los rumores de los hechos contrastados y arañar el mensaje detrás de las grandes declaraciones institucionales.

París, ahí al lado, tan de nuestros sueños y nuestras películas nos ha dejado fríos y temerosos, como ocurre cada vez que la locura y la muerte cruzan la frontera para hacernos polvo. Tragedias así nos cogen siempre a contramano -viendo el fútbol, en un concierto, de cena en una terraza o sencillamente viviendo- y nos recuerdan que el mundo es un lugar peligroso. Intentar ponerse en el lugar de las víctimas es hacer literatura: jamás sabremos qué se siente en la piel de una persona indefensa en el momento exacto en el que comprende que va a ser asesinada de manera injusta. Solo podemos sentir piedad por los muertos y responder su demanda silenciosa de justicia, signifique eso lo que signifique.

Quizás sí que seamos capaces de entender algún día por qué tantos chicos de la periferia de las grandes ciudades europeas están decidiendo enrolarse como mártires en una guerra santificada por asesinos que interpretan la escritura a su conveniencia. Ese día estaremos más cerca de ver el final de una pesadilla que arranca vidas inocentes en los dos márgenes del conflicto. Se ha dicho muchas veces a lo largo de estos días y no dejará de ser verdad por muchas veces que se repita: el mismo ISIS que golpea Europa asesina al por mayor en Siria y en Irak, empujando a sus habitantes contra nuestras alambradas.

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