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Semmelweis

Nuestros representantes públicos exigen un nivel de excelencia a los administrados que rara vez se practica de puertas adentro

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Julio Revuelta y Jimena González, candidatos a liderar Podemos Cantabria.

Julio Revuelta y Jimena González, candidatos a liderar Podemos Cantabria.

Decía Henri Poincaré que es por la lógica por la que demostramos, pero es por la intuición por la que descubrimos. Lo intuitivo, por definición, es misterioso, indomesticable, se guía mágicamente por principios ajenos a los derroteros de la ciencia y, aunque esconda a una caterva de tahures y mercachifles, todos conocemos casos sorprendentes en los que el conocimiento intuitivo (si es que esto no es un oxímoron) ha intervenido.

En una sociedad tan burocratizada como la nuestra la intuición está proscrita. Por acientífica, como si la ciencia tuviera respuestas para todo. Si el salto entre lo intuitivo y lo demostrable es un salto en el vacío, la burocracia nos pide que nos ahorremos la molestia. Pero está demostrado que la sociedad avanza a golpes de intuición, del mismo modo que estoy convencido de que el conocimiento práctico es tan o más importante que el teórico. En este mundo en donde pesa más el título académico que la experiencia hay que agarrarse a lo escrito para no zozobrar. Y quien teme zozobrar es porque no está del todo seguro. Y ya saben: en caso de inseguridad, rigorismo al canto.

El otro día me acordé de Semmelweis, una persona admirable que tuvo una vida trágica. Pudo haber salvado a millones de mujeres, pero su conocimiento intuitivo no pudo nada con los principios de clase, autoridad y ciencia de sus patronos. Me explico.

Ignaz Philipp Semmelweis era un médico húngaro de origen alemán que se resistía a aceptar el elevadísimo índice de mortandad de las mujeres parturientas. Las fiebres puerperales esconden la infección generalizada producida principalmente por la falta de higiene de médicos y comadronas durante y después del parto. Semmelweis estaba convencido de que los propios médicos eran los causantes de que, al menos en el siglo XIX, entre un 10 y un 35% de las mujeres murieran tras el parto por la sepsis. También acabó amargado por no haber tenido la suficiente pericia para demostrar fehacientemente que la higiene y los procedimientos de antisepsia son la respuesta.

Había observado el bueno de Semmelweis, en una Clínica Obstétrica del Hospital General de Viena donde trabajaba, que las salas de parturientas atendidas por comadronas tenían una mortalidad cinco veces inferior a la clínica que era atendida por médicos obstetras. Estaba convencido que lavándose las manos con hipoclorito cálcico la mortalidad se reduciría al 1%. Para su desgracia, Louis Pasteur, aún no había descubierto al mundo la existencia de los gérmenes.

El empleo es un bien escaso que no se puede repartir como si fuera un concurso de Miss Camiseta Mojada, de la misma manera que el equipo de gobierno llegó al Ayuntamiento por una votación y no en una tómbola

La reacción de sus colegas fue salvaje y sus planteamientos se tomaron como un insulto. Ellos, que pasaban consulta en las salas de parturientas con la levita y la chistera aún puestas, no estaban dispuestos a asumir ser la causa de tanta mortandad, lo cual demuestra que la estupidez, la arrogancia y los prejuicios de clase matan. Semmelweis murió en 1865 a los 47 años en un asilo, víctima precisamente de una sepsis, causada presumiblemente por la paliza que le dieron dos guardianes. Pero sus últimos años fueron de una desesperación terrible al saberse impotente para impedir la muerte de millares de mujeres.

Lo que es intuitivo acaba siendo científico con el tiempo. La clave del asunto no está en las mentes preclaras sino en la cúspide de una sociedad en donde habitualmente se instalan los intereses de clase. Si alguien hubiera atendido realmente que debía haber una explicación a las estadísticas tan brutalmente diferentes que ofrecían una clínica obstétrica de otra tal vez se hubieran puesto los mimbres para solucionarlo. Pero no. Lavarse las manos era una afrenta al apellido. Un caballero no necesita lavarse las manos porque las tiene siempre limpias.

Traigo esto a colación para reivindicar el sentido común y la experiencia en nuestra sociedad tan acostumbrada ella a embalsamar el conocimiento y congelar el talento hasta alcanzar niveles de hibernación. Pero también lo hago por la falta de excelencia en la cúspide. Es cierto, nuestros representantes públicos exigen un nivel de excelencia a los administrados que rara vez se practica de puertas adentro. Continuamente oímos hablar de reválidas, procesos selectivos, tribunales, ‘headhunters’ y sociedad dedicadas a localizar la excelencia con sueldos ejecutivos espectaculares y al final nos encontramos que todo ese fango burocráctico esconde un trampantojo para una cúpula dirigente incapaz.

Dos ejemplos y ya me retiro. Marina de Cudeyo sigue adelante con su peculiar sistema de reparto de empleo: un sorteo. El Servicio Cántabro de Empleo, afortunadamente rápido al quite, ha puesto las cosas en su sitio pero la clase política local, en un alarde de demagogia se resiste a retirar el proceso. Tal vez haya que explicar principios básicos, como que los derechos fundamentales no se sortean o que la aquiescencia de los afectados no es un argumento válido. Por respeto al trabajo y porque seguramente si a la población se le da a elegir se legalizarían las competiciones de gladiadores y con sangre. Pero hay que explicar que el empleo es un bien escaso que no se puede repartir como si fuera un concurso de Miss Camiseta Mojada, de la misma manera que el equipo de gobierno llegó al Ayuntamiento por una votación y no en una tómbola. Lo que entraña la demagogia de querer contentar a todos sin tomar una decisión difícil y entraña también deficiencias de un proceso selectivo que si fuera riguroso establecería sin duda una jerarquía de aspirantes con méritos baremados sin paliativos, es en la práctica la política-espectáculo y la incapacidad de dar una respuesta seria al desempleo. Alguien puede decir que la vivienda también es un derecho fundamental y que los pisos protegidos se subastan, pero es que los pisos han sido comprados previamente, mientras que el puesto de trabajo no está a la venta. Por ahora.

El segundo caso es paralizante. Una aspirante a regir los destinos de Podemos en Cantabria es secretaria general de Ganemos en Camargo. Jimena González, preguntada al efecto, ha afirmado, sin que temblaran los pilares del templo de Salomón, que no es incompatible militar en un partido y aspirar a dirigir otro. Tal vez yo me perdí alguna clase en la antigua EGB pero, si esto es así, ya tiene Mariano Rajoy la gran baza para perpetuarse en el poder: presentarse a los comicios del 26-J como candidato del Partido Popular y como candidato también del Partido Socialista. Y ya puestos, como candidato de Ciudadanos y como candidato de Podemos-IU, porque, según el nuevo germen político surgido al socaire de la renovación camarguesa, los comicios no son un debate entre diversos, sino uno que puede estar en varios sitios, lo que demuestra que el don de la ubicuidad y la trinidad entre el padre, el hijo y el candidato, existen y viven en Camargo.

Que Dios nos coja confesados y arrepentidos.

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