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De la Serna y los 8116

En España hay un total de 8117 municipios. Ocho mil ciento diecisiete. Y él, en 2011, fue el quinto alcalde más votado. Eso se traduce en que 8112 personas de ésas que sonríen en modo propaganda se le quedaron mirando hacia arriba, con la barbilla apuntando hacia un sueño.

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Rajoy se da un paseo tranquilo por Santander con Diego y De la Serna

Íñigo de la Serna e Ignacio Diego acompañan a Mariano Rajoy durante su visita a Santander.

Es cierto que siempre siento cierta vergüenza ajena en época electoral. Sufro por ellos, por los que salen en los carteles. Con esas fotos retocadas y las sonrisas de postín. Si te las quedas mirando un rato fijamente, se convierten en muecas dolorosas. Aunque tan cierto como lo anterior es que me corroe la envidia cada vez que los veo pasar en los laterales de los autobuses municipales. Porque cada uno tiene un sueño en el que va impresa su cara.

Sufro también por aquellos a los que en redes sociales llamáis palmeros. Pobres palmeros. Sujetando chaquetas, bolsos. Sujetando a los candidatos. Pienso en la cantidad de crema anti-edad que deben de despilfarrar cada mañana. Cada noche. Y es que no cuento nada nuevo si os digo que tanta gesticulación causa estragos en la musculatura facial.

Y bueno, un sufrimiento que aplaca la sangre dentro de mis arterias es la denominada grada joven. Virgen del amor. Esos muchachos que gastan de lo mismo para desayunar que Bob Esponja, ahí aplaude que te aplaude, ahí ríe que te ríe con cada chiste pautado del orador, que es Su Orador, con todas las esperanzas de futuro puestas en que sea su aplauso, y no el de otro de sus compañeros de filas, el que entre mejor por la oreja del partido.

Niños, ancianos, mujeres de diferentes colores, discapacitados de la vida, madres solteras, pensionistas, vecinos de barrios periféricos, anomalías vitales, parados y trabajadores en extinción. Todos son víctimas de las campañas electorales. Las estrategias de los consultores me recuerdan al cortejo amoroso: muchas palabras y pocos hechos. El objetivo que se persigue siempre es pegarse un buen polvo.

Esta angustia sólo se me cura con él. No hay quien os soporte en Twitter. Cualquier cosa que haga, esté bien, esté mal, esté muy bien, esté muy mal, os colapsa el alma. Y os ponéis becerros lanzando tuits al aire, tan ofendidos, sois mis escritores frustrados, mi carta al director despeñada, esa tribuna libre que nadie se atrevió a publicar en ningún medio de referencia.

Niños, ancianos, mujeres de diferentes colores, discapacitados de la vida, madres solteras, pensionistas, vecinos de barrios periféricos, anomalías vitales, parados y trabajadores en extinción. Todos son víctimas de las campañas electorales.

Pero sí, resulta que en Santander tenemos un alcalde que levanta pasiones. No lo digo yo. Lo dicen las miradas obnubiladas de las vecinas de mayor edad. Lo dicen las miradas obnubiladas de las vecinas más jóvenes y hasta las miradas obnubiladas del resto de políticos, que saben que, cuando lo tienen al lado en la foto, no hay nada que hacer más allá de pasar el trago.

Y os decía eso, que me cauteriza la angustia de verles representar escenas de sitcom en plena campaña porque a Íñigo de la Serna no le hace falta nada para conseguir anegar las urnas. ¿Carisma? ¿Gestión? ¿Cuestión de feudos tradicionales? No tengo ni idea. El caso es que en España hay un total de 8117 municipios. Ocho mil ciento diecisiete. Y él, en 2011, fue el quinto alcalde más votado. Eso se traduce en que 8112 personas de ésas que sonríen en modo propaganda se le quedaron mirando hacia arriba, con la barbilla apuntando hacia un sueño.

En 2011 se marcó un paseíllo brutal hacia el peldaño superior del podio. Ni sudó ni se despeinó ni se le subieron los colores por el esfuerzo. Lo votaron 52.657 vecinos de Santander, el 56,2%. Por detrás, cansado, ya sin respiración casi, llegó el PSOE, que contabilizó 15.874 ánimas y, ya exhausto, atravesó la meta el PRC, con 13.703 eseteuvistas en albarcas. Lo de IU y UPyD fue anecdótico, con cuatro y dos vecinos de cada cien, respectivamente, jaleando sus siglas sin demasiado ímpetu.

Así es que mirad, bravo por el resto. Por los que le echan pelotas y se presentan a la elección sabiendo de antemano que comienzan a jugar a las prendas en calzoncillos frente al traje a medida cortado por un sastre. Ahora nos queda por analizar si Ciudadanos se sienta en la mesa de juego exhibiendo la desnudez de Albert Rivera y si a Santander Sí Puede le cae bien el low cost.

No hay ironía en esta declaración de admiración. A nosotras, a fin de cuentas, los valientes nos vuelven locas de amor.

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