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Socorristas

La asignación del servicio de socorristas del Ayuntamiento de Santander ha superado la velocidad de la luz, formándose el equipo apenas cuarenta y ocho horas antes de empezar su trabajo.

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El dispositivo de salvamento en playas realizó 3.360 actuaciones este verano

El dispositivo de salvamento en playas realizó 3.360 actuaciones el verano pasado en Santander.

Hace unos días sabíamos que el Ayuntamiento de Santander había fallado la concesión del servicio de socorristas para el verano que está próximo a comenzar, pero también nos llegaba la información de que el hecho se producía apenas cuarenta y ocho horas antes de abrirse la temporada. Sin solución de continuidad, la empresa adjudicataria llevaba a cabo una selección de personal para cubrir los puestos en las distintas playas de la ciudad.

No soy experto en socorrismo, pero soy bañista habitual; de hecho, difícilmente aguanto más de un cuarto de hora tumbado en la toalla; así que si voy a la playa es para meterme en el agua. Me considero un nadador mínimamente decente y además los años me han hecho conocer bien las corrientes y las mareas de la ciudad, pero aún así, siempre compruebo la posición de los socorristas porque su trabajo es muy importante; vamos, que nos va la vida en ello. Gracias a estos ángeles de la guarda, un día de playa puede ser tan placentero, como trágico en ausencia de los mismos.

Es verdad que a veces se ven cosas que te sorprenden. Hace algunos años flipé viendo a la pareja que vigilaba la playa de Mataleñas, un chico y una chica muy bien plantados que recorrían la orilla ¡cogidos de la mano! Ya se sabe que el roce hace el cariño y que, al final, el amor siempre triunfa.

“Otro tema interesante sería balizar El Sardinero para que surfistas y bañistas puedan compartir la playa con plena seguridad”.

Pero esta historia no va más allá de la anécdota, porque en líneas generales la labor de los socorristas santanderinos ha sido extraordinaria cuando no heroica. Por eso me chocaba esa puesta en marcha precipitada, formando el equipo prácticamente en la playa y lo digo porque yo dirijo también un equipo de trabajo y hacerlo funcionar correctamente lleva su tiempo. No ya conseguir que funcione como un engranaje perfecto sino simple y llanamente que reine la armonía entre sus miembros.

Una vez leí que un equipo no es el resultado de la suma del trabajo de sus miembros, sino un grupo de personas que confían las unas en las otras. Afortunadamente, el cielo plomizo del fin de semana nos ha echado a todos de las playas pero confío en que haya servido para que estos socorristas se conozcan y aprendan a funcionar de forma coordinada.

Otro asunto sería el balizado de la playa de El Sardinero, aunque este tema es más complicado porque implica también a Costas, pero no estaría nada mal señalar una zona para que los surfistas puedan practicar su deporte favorito, mientras que los bañistas disfrutan de su propia área sin temor a ser arrollados por una tabla.

Es cierto que no estamos tan bien organizados como Gijón, cuya playa de San Lorenzo está perfectamente balizada y se comparte por todo el mundo. Pero tampoco estamos tan mal como Formentera, donde yo mismo tuve que tirarme al agua en cierta ocasión junto a otros chicos para sacar a una señora italiana que se veía arrastrada por la corriente. Allí no había socorrista, ni bandera, ni narices, pero eso sí, todo el glamour del mundo.

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