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Vampiros de Crepúsculo

Qué divertido va a estar el Parlamento. Solo hay que ver lo que está pasando en Andalucía: aquí puede ocurrir una cosa parecida pero cambiando a Teresa Rodríguez por Miguel Ángel Revilla. Te salen unos debates de investidura que ni la HBO.

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El presidente de la FEMP y alcalde de Santander, Íñigo de la Serna (PP).

Cuánto tarda en irse el invierno. Así no hay manera de proyectar la vista hacia delante, hacia el verano. El viernes de la semana pasada daban bueno para siete días, pero fue empezar la campaña electoral y las nubes se volvieron locas. No quiero ser malpensado, pero así estamos: pasando frío. Yo es que no soy de aquí. A lo mejor por eso me cuesta un poco más entender los carteles, las pullas, los sobreentedidos y los jerseys en mayo.

De momento la campaña avanza sin sorpresas ni contratiempos. Los carteles, por ejemplo: mucho photosop y poca imaginación. Solo UPyD se sale un poco de la norma y ha decidido pintar a sus candidatos de magenta, quizás para que no destaquen mucho los rasgos, igual que esos hombres que se dejan la barba para que no los reconozcan los acreedores, como diciendo: no te quedes mucho con mi cara que a lo mejor el mes que viene tengo que irme a Ciudadanos.

Hablando de Ciudadanos y de candidatos, muy bien ese alcaldable de Ciudad Real que se presentó ante los medios en plan torero, se echó el flequillo para un lado como si se colocara el paquete y soltó: el trabajo es nuestro enemigo. Eso es lo más inteligente que se ha dicho en treinta y siete años de democracia. A mí cuando lo escuché se me cortó la respiración y se me puso a latir el corazón que parecía la marcha Radetzky. He aquí, pensé, un hombre que ha dado con el diagnóstico, un profeta. Incluso llamé a la Junta Electoral para preguntar si estaba a tiempo de empadronarme en Ciudad Real. Me dijeron que no. Pero ése es el camino. Por ahí vamos bien.

De vuelta en Santander. Está la ciudad que no puede uno salir a la calle sin que le den cuatro programas electorales en cada plaza. Ahí gana el PP, que ha innovado y ha pasado del clásico folleto de cuatro páginas al libro de gran formato. Así te caben bien las fotografías y las señoras llevan a su De la Serna apretado contra el pecho y bien cerca del corazón, con ese gesto con el que las adolescentes acunan sus carpetas llenas de vampiros de Crepúsculo. La política es fácil, si sabes cómo.

Y cambiando a las autonómicas, qué divertido va a estar el Parlamento. Solo hay que ver lo que está pasando en Andalucía: aquí puede ocurrir una cosa parecida pero cambiando a Teresa Rodríguez por Miguel Ángel Revilla. Te salen unos debates de investidura que ni la HBO. Eso si las encuestas aciertan, que a lo mejor las hacen los mismos que hicieron las de las eleciones inglesas y entonces sí que nos vamos a reír de verdad. Sobre todo los que ya se han repartido los cargos.

Lo de las elecciones inglesas, por cierto, es el giro argumental más acojonante desde que el Madrid ganó la Décima. Yo me imagino a ese David Cameron poniéndose a toda hostia la corbata en Downing Street. Va, venga, no me jodáis, decídmelo ya, es coña, ¿de verdad tengo que ponerme a formar Gobierno ahora? A Diego una cosa así no le cogería de sorpresa. Se limitaría a encogerse de hombros y preguntar desganado: ¿otra vez?

En fin. Lo triste, lo cierto, es que la campaña, de momento, no da para una columna. La única incógnita estos días es saber dónde se va a poner Fuentes-Pila a repartir propaganda. Una mañana te lo encuentras en la plaza del Ayuntamiento y la siguiente en La Porticada. Y yo, que a ese señor no lo conozco de nada, estoy empezando a sospechar que a lo mejor le debo dinero. Así que he decidido dejarme la barba. Por lo menos hasta el día 25.

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