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Winter is coming

El transfuguismo tiene un gran poder de emulación y ya se ha visto históricamente cómo el político cántabro un día se viste de bombero y, al día siguiente, de pirómano.

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Carrancio, González y Vielva durante su comparecencia pública. | JOAQUÍN GÓMEZ SASTRE

Carrancio, González y Vielva tras su abandono de Ciudadanos. | JOAQUÍN GÓMEZ SASTRE

En la ciudad en la que se queman los museos se va a aprobar un presupuesto regional con el apoyo de un tránsfuga, es decir, de un señor que no tiene a nadie detrás y que ahora solo se representa a sí mismo. Si no media un acuerdo político entre partidos, será una realidad dentro de unos días. No es el único presupuesto gangrenado y me temo que no será el último. Hace unos días, el presupuesto municipal de la ciudad en la que se queman los museos discurrió por el mismo carril sin que el tren descarrilara. Un tren en llamas llegó a su estación término ante la indiferencia del público.

La diferencia entre el incendio de un museo y el de nuestro parlamentarismo es que el primero tiene arreglo (excepto la biblioteca y las piezas de arte perdidas), mientras que el segundo acabará devorando el andén, la estación y, si me apuran, la localidad. El transfuguismo tiene un gran poder de emulación y ya se ha visto históricamente cómo el político cántabro un día se viste de bombero y, al día siguiente, de pirómano.
Esta región no tiene arreglo y posiblemente tengan que extinguirse una o dos generaciones antes de que se abra un atisbo de esperanza. Y no tiene arreglo porque a nuestros políticos en el fondo les gustan los incendios. Los incendios tienen sus ventajas y el transfuguismo es como el palo de sombrajo: poco estético, pero sostiene el tenderete.

Con o sin tránsfugas, nuestra clase política seguirá cobrando sus sueldos un año más (y después, prórroga presupuestaria), los cargos de confianza dormirán tranquilos otra Nochevieja, el entramado de empresas públicas, privadas y mediopensionistas seguirá gozando de músculo financiero y Enrique Iglesias tendrá una nueva oportunidad de generar impacto económico para nuestra pujante economía submileurista con su smartphone de última generación (¡Qué gran maquinista hemos dejado escapar!).

Cuando escribo estas líneas se celebra el Día de la Constitución. No vamos a hacer rimas fáciles, pero el invierno ha entrado con fuerza para quedarse.

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