eldiario.es

Menú

eldiarionorte Cantabria eldiarionorte Cantabria

La bahía

La bahía es un mar de incógnito. Tan solo se despereza en las tardes de temporal, cuando se le adivina una sonrisa cínica de marinero viejo.

- PUBLICIDAD -
Mirador del Río de la Hila, en Santander.

La bahía de Santander desde el mirador del Río de la Pila. VIAJAR AHORA

Durante las primeras semanas me costaba ubicarme. En algún sitio estaba la playa, en algún sitio estaba la bahía, nada parecía demasiado lejos, pero no era capaz de conectar los dos pedazos de ciudad. Hasta que descubrí que solo había que subir por Reina Victoria... Cuando uno llega desde unas montañas al sur de casi todo el mar puede resultar una experiencia paralizante. Uno sabe, de manera instintiva, que si está frente al mar está muy lejos de casa. Quizás por eso siempre me gustó más la bahía. 

La bahía es el corazón secreto de la ciudad. Me gustaba sentarme en los bancos del Paseo de Pereda que dan a Pedreña para verla latir. La bahía mete los vientos en Santander, organiza las estaciones y le marca a la ciudad una respiración tranquila, que se contagia. Por entonces el Centro Botín era solo el esqueleto hueco de una caja de zapatos. El ferry que va a Plymouth, tan enorme, parecía pasar de puntillas sobre el agua, empequeñecido por el mar y las montañas.

La bahía es un mar de incógnito. Tan solo se despereza en las tardes de temporal, cuando se le adivina una sonrisa cínica de marinero viejo. El resto del tiempo permanece inmutable, a la espera de que todo se termine - en Numancia, los versos de José Hierro: la ciudad me decía que no quería morir sola / que no la abandonara - hundiendo en el desagüe del tiempo. El mar tiene una belleza maligna: nos recuerda que todos nos iremos, todo se irá, y él seguirá siempre en su puesto, como un vigilante maniaco.

- PUBLICIDAD -
- Publicidad -

Comentar

Enviar comentario

Enviar Comentario

Comentarios

Ordenar por: Relevancia | Fecha