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Los 'chorizos' provocan cáncer

¿De qué chorizos estamos hablando? ¿Cuál es el embutido que nos jode la vida? ¿Por qué no existen informes que apunten al verdadero culpable de nuestros tumores?

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Pues claro que la carne procesada y las carnes rojas producen cáncer en cantidades obscenas. Tremendo descubrimiento. También es evidente que hacer demasiado deporte puede reventarnos el alma y que un exceso de lechugas regadas con fertilizantes de toxicidad dudosa nos puede llevar a la tumba. No dudo que un derroche sexual desproporcionado a nuestras actitudes físicas nos lleve, en el mejor de los casos, al fisioterapeuta, y la literatura nos enseñó que un atracón de libros de caballería medieval puede acercarnos a la locura y al desprecio colectivo. Vale. Pues ya: vivir mata. Vivir es un riesgo poco calculado que nos gusta como pocas cosas y en el caso de algunos se compone de ingredientes poco saludables (recuerden a Pata Negra y su "todo lo que me gusta es ilegal, es inmoral o engorda").

Dicho esto… ¿será que la OMS se refiere a los chorizos de toda la vida, los de matanza, los picantes, los que han fabricado esta barriguita a la que le tengo cariño? ¿O más bien se refieren los expertos con tiempo de sobra a los chorizos que nos desangran en un sistema tan injusto como nocivo para la vida? ¿Por qué no redactan los expertos con tiempo de sobra un informe sobre lo que de verdad nos produce cáncer, sobre lo que nos mata tan lentamente como el glutamato monosódico?

Nos mata trabajar tantas horas para acumular papelitos que en nuestras manos valen nada. Nos mata anhelar lo que no tenemos. Nos mata matar por tener cosas. Nos matan las modas que agreden nuestros cuerpos, los cuerpos (policiales) que golpean a los nuestros cuando se salen de la vereda. Nos mata la falta de pasión que provoca el televisor encendido como farmacia de guardia. Nos mata tanta farmacia repleta de medicamentos que nos matan para que sigamos vivos. Nos mata esta falta de amor sustituida por exceso de gimnasio. Nos mata la obsesión por tener propiedad (es) y por poseer a quiénes nos rodean. Nos mata la incultura que nos impide entender nuestro mundo. Nos mata la escuela cuando nos enseña a ser bien portados y mal vividores.

Hoy, aquí, solemnemente, convoco a la insumisión activa contra los consejos para alargar la vida en esta vida que parece no serlo. Larga vida a la muerte… si a ella se llega tras una vida que merezca así ser llamada.

Nos mata la iglesia, las iglesias, que nos anima a confiar en un espectro mientras desconfiamos de nuestros vecinos. Nos mata el coche que compramos a plazos para contaminarnos sin pausa. Nos mata el miedo al miedo, a los terroristas, al cáncer, a la depresión, al abandono, a la soledad, el miedo al colesterol, a la vejez, a la disfunción eréctil, a la pobreza. Nos mata este sistema sobre el que (casi) nadie escribe informes científicos porque no hay quien financie la verdad (que, como bien sabéis, está sobrevalorada).

La OMS debería saberlo, pero no nos lo cuenta. Sabe que nos matan muchos de los que nos prometen salvarnos y de que nos matamos al dejar en manos de otros lo que deberíamos a hacer nosotros. Nos mata el individualismo voraz, el patriarcado guerrero y las chuches atiborradas de componentes indescifrables. Nos matan la banca y morimos en los centros comerciales. Nos mata el McDonald's y le pagamos por ello. Nos mata el silencio y votamos para protegerlo.

Nos mata vivir en este sistema perfectamente mentiroso y ahora me dicen que no me coma mi bocata de chorizo o este pedazo de tocino que me mira con ternura desde mi nevera asesina. Nos matan de tristeza estos canallas y pretenden que no supere mis depresiones con sobrasada.

Hoy, aquí, solemnemente, convoco a la insumisión activa contra los consejos para alargar la vida en esta vida que parece no serlo. Hoy, sin pudor, anuncio la buena nueva: comed chorizo y renunciad a las horas extras, llenad vuestros cuerpos de salami y vended vuestro coche para comprar jamón durante una década, uníos a la fraternidad de la panceta y os prometo una vida austera pero plena de grasas en las que lubricar nuestra pasión por la vida. Larga vida a la muerte… si a ella se llega tras una vida que merezca así ser llamada.

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