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¿Está consensuado el futuro del tren en Cantabria?

El Estado debe centrar sus esfuerzos en mejorar el ferrocarril convencional, acometiendo inversiones que permitan impulsar el transporte de mercancías y mejorar la red de cercanías

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Miguel Ángel Revilla e Íñigo de la Serna durante la reunión mantenida

Miguel Ángel Revilla e Íñigo de la Serna durante la reunión mantenida en julio de 2015.

Al finalizar el verano es habitual enfrentar el “nuevo curso” con buenos propósitos y compromisos que cumplir en los próximos meses. En Cantabria hemos conocido ya desde el 1 de Agosto cuáles son las nuevas propuestas del Ministro de Fomento para nuestra Comunidad, siempre maltratada e ignorada por gobiernos de uno y otro signo que han menospreciado nuestra tierra, condenando a la ciudadanía cántabra a no recibir las inversiones que merece.

En lo que respecta a infraestructuras no es una excepción, máxime en estos momentos cuando el señor Íñigo de la Serna afirma apostar por avanzar en la respuesta a las necesidades en materia de carreteras y ferroviarias para los vecinos de Cantabria. Lo que no está nada claro es si el Ministro de Fomento conoce realmente o tiene interés en conocer cuáles son esas necesidades reales que acucian a nuestra ciudadanía.

Las dudas, más que razonables, surgen cuando centra sus actuaciones en llevar el AVE hasta Aguilar de Campoo o Reinosa, anunciando a bombo y platillo cada mínimo avance en su gestión.

La manera de hacer del Ministro supone, en realidad, una violación del consenso histórico alcanzado en octubre de 2015 por los cinco partidos políticos con representación en el Parlamento de Cantabria en el cual, en base al estudio elaborado por el Grupo de Investigación de Redes de Transporte de la Universidad de Cantabria y dirigido por Enrique Castillo, deciden aprobar dicho proyecto  de un Tren de Altas Prestaciones ya que en él se proponían varias alternativas de coste y tiempo razonable para mejorar el trazado del ferrocarril entre Palencia y Santander garantizando igualmente el cruce con trenes de mercancías de larga longitud con mejoras en la capacidad de la infraestructura para facilitar la llegada y salida de mercancías con origen/destino Puerto de Santander.

Pero no solo no se respeta ese acuerdo tan imprescindible para nuestra comunidad: prolongar el AVE hasta Aguilar de Campoo o Reinosa implica además que  aumenta los costes en 350 millones de euros (lo que asciende en su totalidad al cuádruple de lo previsto inicialmente) para ahorrar tan solo de 8 a 10 minutos de viaje como mucho.

Huelga recordar que estamos hablando de dinero de todos los ciudadanos que ha de ser destinado a procurar su bienestar y mejora en la calidad de vida. Teniendo esto en cuenta, una de las mayores prioridades en Cantabria es destinar esa inversión o al menos parte de ella en financiar obras en infraestructura y nuevos trenes para la red de cercanías mucho más utilizada por los vecinos de nuestra comunidad tanto en número como en frecuencia.

Por otro lado, el presidente de Cantabria, el señor Revilla dice que  cree en la “buena voluntad del ministro”, un ministro que corre el riesgo personal de apadrinar el mayor fiasco de la historia ferroviaria de España (al nivel de los aeropuertos sin aviones como León, Burgos o Lleida, que ahí siguen, las autopistas de peaje rescatadas o de estaciones de AVE que tienen pocos viajeros, como Requena-Utiel o Antequera-Santa Ana). No olvidemos que el AVE ya de por sí resulta muy caro para la administración (el coste de construcción y mantenimiento de vías de AVE es muy superior al ferrocarril convencional) a lo que habría que sumar el aumento del importe del billete para los ciudadanos, 30% más cuando el tiempo de viaje puede variar en unos 10-15 minutos.

Como presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, en lo que debe “creer” es en la información y el asesoramiento que establezca el Grupo de trabajo sobre la red ferroviaria de Cantabria creado a comienzos de mes de agosto, dando así una solución práctica a los problemas actuales: la necesidad de recuperar la calidad, rapidez y fiabilidad del servicio ferroviario afrontando inversiones necesarias que permitan mejorar las distintas líneas de cercanías y planificar un nuevo trazado que una Santander, con Laredo, Castro y Bilbao en un tiempo competitivo con la carretera.

Estamos viendo, por tanto, cómo en los últimos meses, desde que Iñigo de la Serna es ministro de Fomento, se ha abandonado  el acuerdo del Parlamento de Cantabria (votado por el propio Iñigo cuando era diputado regional) y se han cambiado los planes para cimentar la carrera política presente o futura de este señor. La única explicación que tienen estos cambios es la vanagloria de la persona del ministro de Fomento. Da la impresión de que todo este despliegue publicitario acompañado por actos vacíos de contenido, se deba al desarrollo de una campaña de promoción que le ayude a situarse en el lugar que ocupaba Ignacio Diego como líder del Partido Popular en Cantabria.

En suma, lo cierto es que no hay razón lógica ni justificación técnica ni social alguna que sustente la construcción de una línea de Alta Velocidad hasta Aguilar o a Reinosa, pues no sería beneficiosa ni para el Estado, ni para Cantabria (ni siquiera para Campoo) ni mucho menos para sus ciudadanos. El Estado debe centrar sus esfuerzos en mejorar el ferrocarril convencional, acometiendo inversiones que permitan impulsar el transporte de mercancías, mejorar la red de cercanías, comunicar mejor las distintas localidades y facilitar así los desplazamientos cotidianos de los cántabros.

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