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Y después de Obama… ¿qué?

Después de dos mandatos decepcionantes, los estadounidenses eligen a su presidente y ninguno de los dos candidatos parece demasiado tranquilizador.

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Obama se vuelca en la campaña para evitar que alguien "no apto" presida EE.UU.

Obama durante un acto de la campaña electoral en Estados Unidos. | EFE

Cuando usted lea estas líneas, los estadounidenses estarán eligiendo a su próximo presidente mientras Barack y Michelle ya irán terminando de preparar las maletas y vaciar los armarios de la Casa Blanca. Bueno, en realidad los estadounidenses estarán eligiendo a sus representantes porque, como dicen en Inglaterra, las normas electorales de los Estados Unidos son más complicadas que las reglas del cricket.

Pero bueno, si hemos entendido correctamente, eligiendo a sus representantes están -a su vez- eligiendo más o menos al presidente. Este es, bastante resumido, el espíritu que guía los comicios para designar a la persona que acumula el mayor poder en términos planetarios, como bien nos apuntaba la exministra Leire Pajín, hace tanto tiempo que casi lo hemos olvidado.

En todo caso, parece un momento apropiado para hacer un breve balance de su legislatura y dirigir una mirada interrogativa hacia el futuro que en estos mismos momentos se está fraguando.

Me asombra estar de acuerdo en una sola cosa con Vladimir Putin, pero lo cierto es que cuando Obama fue elegido por primera vez y la mayor parte de las reacciones estaban colmadas de esperanza, el presidente ruso fue la nota discordante recurriendo al acerbo popular: las grandes expectativas siempre traen grandes decepciones.

En lo personal, en el lado humano del personaje, simpatizo con Obama; es más, yo fui de aquellos que expresaron esas mismas esperanzas que a Putin le dejaron más frío que el invierno siberiano. Y sin embargo, después de dos mandatos, la labor política de Barack Obama ha sido frustrante.

Mientras siga existiendo Guantánamo difícilmente se podrá valorar de forma positiva al país que suponemos proa de la libertad, porque justificar tus pecados en los pecados del enemigo te iguala a él. Una de las principales promesas electorales de Obama fue el cierre de estas instalaciones; pero bueno, de promesas electorales incumplidas sí que entendemos mucho en España.

La llegada de Obama a la presidencia representó también una esperanza frente a la crisis y no solo en términos económicos, sino que el mundo intentó pensar en la recuperación de algunos valores de la identidad colectiva del ser humano. Luego no fue así; la recuperación económica aún sigue su renqueante camino y la recuperación moral ni está ni se la espera.

Por otro lado, si alguien pensaba que cambiaría la situación de las personas de raza negra en los Estados Unidos, basta examinar las noticias que nos llegan día tras día del otro lado del Atlántico para corroborar que los que disparan siguen siendo policías blancos y los que mueren, (casi) siempre son ciudadanos negros.

En Irak y Afganistán tampoco hubo muchos cambios, así que, dejando de lado su encanto personal y su innegable buena voluntad, lo cierto es que los dos mandatos de Obama, a grandes rasgos, han sido irrelevantes y pronto serán olvidados.

A no ser que terminemos rogando que vuelva, porque la verdad es que los dos candidatos que aspiran a sucederle no transmiten buenas sensaciones. No creo que Donald Trump sea el payaso bocazas que nos quiere hacer creer que es. Las personas que han ganado grandes fortunas rara vez lo son. Hace mucho tiempo tuve la rara ocasión de conocer brevemente a Jesús Gil en la distancia corta y, si pude sacar una sola conclusión de aquella breve entrevista, resultó que de cómico y "ostentóreo" no tenía nada, sino que era un hombre muy inteligente.

Pero que Trump no sea un payaso tampoco significa que no sea un hombre peligroso. Muchas de sus declaraciones son una verdadera amenaza y resulta que forman parte de su argumentario ante un buen número de votantes que le ríe las gracias, entre ellos ¡el Ku-Klux-Klan!

Pero Hillary Clinton no me tranquiliza mucho más. Estas sagas presidenciales familiares tipo Bush padre e hijo me trasmiten poca confianza. Sus problemas con el FBI y las tonterías de su correo electrónico no nos presentan a una candidata demasiado prometedora. Y aquella foto en la que se la veía sentada a la mesa mientras un general manejaba desde un ordenador la operación contra Bin Laden, me hizo pensar en una madre que mira a su hijo, entre orgullosa y horrorizada, mientras juega al Call of Duty.

En fin, que los americanos sabrán lo que hacen, pero su elección condicionará al mundo. Por cierto, ¿con quien irá Putin esta vez? No estaría de más preguntárselo.

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