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El fascismo y la incultura

La campaña de los concejales de Ciudadanos contra un concierto homenaje al rock radical vasco es tan pacata como peligrosa

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David González y Cora Vielva, concejales de Ciudadanos en Santander. | Román García

David González y Cora Vielva, concejales de Ciudadanos en Santander. | Román García

La verdad es que lo de hacer el ridículo parece que sale gratis. Claro que, ahora que lo pienso, porque no van a hacer el ridículo a manos llenas los concejales de Ciudadanos David González y Cora Vielva si su jefe –el niño Albert puede presumir de una empleada a la que acosaba laboralmente y a la que ha tenido que indemnizar.

Bueno, al asunto. González y Vielva, Vielva y González  están indignados de que en Escenario Santander se pretenda hacer un concierto que rememore los tiempos del llamado Rock Radical Vasco. A cambio, piden que Espinete, o Sor Citroën en su defecto, homenajee a las víctimas del terrorismo porque, como ya sabemos, La Polla Records asesinó a punta de guitarra a decenas de buenos ciudadanos.

A Vielva y a González, a González y a Vielva, parece molestarles especialmente que el evento se pretenda hacer en un espacio público como Escenario Santander. No parece afectarle tanto que ese "espacio público" se concesionara en condiciones pírricas, ni que no se utilice para su cometido original, ni que se llegue a él por un puente con sobrecostos de escándalo, ni que no exista un autobús público para llegar a ese "espacio público"... No, a Ciudadanos casi nunca le importa nada importante.

Podríamos pensar que lo de González y Vielva, o Vielva y González, no es más que estupidez, ignorancia musical, falta de memoria cultural, desprecio por todo lo que huela a rojos y a vascos, pero yo creo que va más allá. Lo de Ciudadanos siempre está rayando el fascismo, esa actitud de los que se sienten con la autoridad moral para trazar la frontera que separa lo democrático de lo antidemocrático, lo bueno de lo malo.

El niño Albert –san Albert el mutante- anda feliz estos días con la muerte de Fidel Castro y para Vielva y González, o González y Vielva, el estado de perfección sería un concierto de coros con villancicos y buenas maneras

El niño Albert –san Albert el mutante – anda feliz estos días con la muerte de Fidel Castro y para Vielva y González, o González y Vielva, el estado de perfección sería un concierto de coros con villancicos y buenas maneras. La verdad es que es agotador pasar todo el día escuchando estupideces tan nocivas, que hacen tanto daño. Yo imagino que los productores del concierto en homenaje al Rock Radical Vasco estarán felices: nunca soñaron que Vielva y González fueran más efectivos que las pantallas de televisión del TUS.

Lo triste es que para responder al ataque ¿irracional? de Ciudadanos, Vitamin, la productora del evento, se dediquen a balbucear justificaciones absurdas con las que tratar de "despolitizar" la música. ¿Quién dijo que la música no puede ser política? Al igual que lo puede ser la poesía, la pintura, el jamón de bellota o el tenis de mesa.

Una de las estrategias del fascismo que prende entre los ignorantes (o, al menos, en aquellas personas desprovistas de pensamiento crítico) es convencer de que cuando algo es "político" es malo: una huelga política, esa música política, aquella conferencia politizada o esa novela política. ¿Y qué es Ciudadanos? ¿Una congregación religiosa? ¿Una ONG? ¿Un club de bádminton?

Es cierto, son ignorantes y en su juventud si hubieran escuchado a Kortatu les habría subido al azúcar hasta niveles intolerables. Pero también son fascistas. Cada vez, lo confieso, me da más miedo la política de ese lugar que con orgullo Vielva y González, o González y Vielva, aspiran a mantener libre de "malas influencias".

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