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Me sé un nial

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Fragmento de Enciclopedia Estudio (1960).

Fragmento de Enciclopedia Estudio (1960).

Entonces estaban las cosas que sabías y las que te aprendían. Sabías, pinto el caso, dónde había un nial, y era un conocimiento tuyo, que lo habías descubierto explorando, y guardabas cuidadosamente, cuidando que no se filtrara, aunque no pudieras evitar fardar: «¡Me sé un nial…!» Pocas cosas podían demostrar que confiaras más en alguien que enseñarle el nial.

Era el antiguo interés por los pájaros y otros bichos; el antiguo interés de los cazadores-recolectores que la Humanidad ha sido colegiadamente hasta hace 10.000 años, y cada uno de nosotros por nuestra cuenta hasta que nos ponían el pantalón largo. Ese interés nos enseñó a controlar el tiempo, el paso de las estaciones: «Marzo, nialazo; abril, hueveril; mayo, pajarayo; y por san Juan, cógelos por el rabo, que ya se van». En la escuela en cambio nos enseñaban el paso de las estaciones de modo abstracto, sin demasiada relación con lo cotidiano. Eso y muchas cosas más, claro, cada día algo nuevo, había muchísimo que aprender.

—¿Qué te han aprendido hoy? —preguntaban al volver a casa, con más proximidad a la realidad que a la gramática. Te rascabas la cabeza, método probado para estimular el recuerdo, y algo aparecía.

—Me han aprendido que las estaciones cambian porque la Tierra se acerca o aleja del Sol, y que Francisco Franco es Caudillo de España por la gracia de Dios.

Nos aprendían cosas sin pausa, con la promesa más o menos implícita de que algún día sabríamos lo suficiente y no sería necesario estudiar más.

En llegando al futuro prometido, descubrimos que teníamos que seguir estudiando para saber lo mínimo que se esperaba de nosotros. Y si queríamos progresar, había que estudiar muchísimo más, como Alicia cuando pasaba a través del espejo, que tenía que correr al límite de sus fuerzas para permanecer en el mismo sitio. Y al doble para avanzar.

Descubrimos que buena parte del estudio nuevo solo servía para desmontar lo aprendido primero. Véalo usted: si cree que hace más o menos calor dependiendo principalmente de la distancia de la Tierra al Sol, me temo que le convendría a usted repasar las Ciencias Naturales. Y si cree que Franco fue Caudillo porque Dios se aburría una tarde, antes de que inventaran la televisión, y quiso hacer una gracia…, bueno, entonces tiene usted que pedir que le aprieten en Historia.

Por suerte, muchos descubrimos en ese camino que nos gustaba recorrerlo; porque ahora no solo nos aprendían, también explorábamos nosotros y recogíamos hallazgos sorprendentes. Aunque ya supiéramos que nunca íbamos a llegar a donde no hiciera falta aprender más.

Aunque no llegáramos más que a donde hemos llegado: a cosmopaletos cántabros, expresión del amigo Serrón, que  lo es (serrador) en un bosque público que mantiene con mucho cuidado y acierto. Visitarlo es siempre interesante, y no rara vez deslumbrante. Además, su generosidad le orienta a uno a otros sitios donde también esperan hallazgos notables, como este.

Sitios ambos, y seguramente otros que anden por ahí, que demuestran que no hace falta irse de Cantabria para hallar inteligencias despiertas, ganas de compartir y respeto por el lector. Eso sí, si quiere encontrar cosas valiosas, de gente que ha explorado y no solo ha sido aprendida, de donde hay que salirse es de las camberas señaladas: tiene uno que meterse por entre los árboles y en los bardales. Pero eso siempre fue así. Cualquiera que haya ido a niales alguna vez se lo confirmará.

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