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Un orujo en San Mateo

Si hay una fiesta fronteriza pero cántabra es San Mateo en Reinosa. Es verdad que trasladaron de fecha las carrozas, pero aún nos queda el Día de Campoo.

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Pantano del Ebro en la comarca de Campoo.

No soy de Reinosa… pero me gustaría serlo. Bueno, teniendo una novia campurriana creo tener cierto derecho de asimilación por más que aún me faltan algunos exámenes para ser plenamente admitido en el valle.

Ya piso con garbo algunas mañanas hasta el Ebro o voy a donde Pepe el de los Vinos para tomar un aperitivo intentando robarle algún rayo al sol y he dejado las pantortillas para los turistas mientras me pongo tibio con los hojaldres, cuya masa se forja en el fresco del invierno. En la Fuente de la Aurora las gotas del agua helada me traen los recuerdos de pasadas citas de amor y la carretera de Alto Campoo me devuelve unos instantes al joven esquiador que no conocía el miedo.

Estos días están de fiestas allí arriba y les recomiendo sinceramente una escapada. Es verdad que ya desfilaron las carrozas durante el fin de semana y no quiero remover aquí las brasas de una encendida polémica no del todo olvidada por trasladar de fechas la festividad. Al fin y al cabo lo hacen también en Valladolid y Salamanca, ciudades que se acogen a la protección del mismo San Mateo.

Pero aún quedan unos días para disfrutar de una fiesta que los campurrianos cuidan con verdadera pasión y donde me consta -desde mi adolescencia-, que los forasteros son bienvenidos. Sobre todo, si solo pueden acercarse un día, les recomiendo el próximo domingo la celebración del Día de Campoo, una especie de regreso al pasado en comunión con las viejas tradiciones y estampas del valle. No se me asusten si hace frío, que somos montañeses y un domingo con el viento fresco que viene de los picos es bueno para la salud y mata los microbios.

Una mañana estaba yo ya avanzado con mis exámenes de ingreso a campurriano de adopción cuando en Pepe el de los Vinos me dijeron:

- ¿Sabes lo que hacemos para saludar a los forasteros que se echan novia en Reinosa?

- ¿Los tiráis al pantano? –pregunté casi resignado.

- No -me contestaron- ya lo tenemos lleno…

Bueno, ahora en serio, de verdad que se agradece en pleno siglo de los desarraigos, de la globalización desbocada, el amor de un pueblo a su tierra y la manera de trasmitir año tras año las tradiciones para que los más pequeños se sientan orgullosos de lo suyo y se incorporen a la propia identidad colectiva. No se pierdan a la hija de Balbás, que reparte torreznos en la carreta de Requejo, como hacía su padre, las canciones de las rondas o el desfile de las tudancas que recorren orgullosas las calles.

Sé que otros pueblos de Cantabria se entregan también con devoción a sus fiestas. La batalla de flores llena de color las calles de Laredo, en Ampuero corren los toros camino de la plaza, por La Folía pasea la Virgen en barco junto a la costa de San Vicente y en Liébana llevan los romeros a La Santuca desde Aniezo a Santo Toribio.

Pero dejen que hoy les anime a subir a Reinosa y disfrutar de estas fiestas de San Mateo que tendrán su broche de oro el próximo domingo con un canto a la historia y los trabajos de un valle fronterizo pero más cántabro y más racinguista que el que lo inventó.

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