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Mi primera vez

Soy muy como España, de frágil memoria y consumo rápido, así que todo lo que me cuenta Albert Rivera me lo creo como si fuera la primera vez que lo oigo.

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Hay un par de cosillas malas en esto de envejecer; un par, nada más. Una de ellas es que cada vez hay menos primeras veces. La primera vez de las cosas es algo que empiezas a valorar mucho a medida que maduras, o lo que sea que se hace cuando envejeces.

El caso es que cada vez hay menos primeras veces chulas. Ya besé por primera vez, pasé toda una noche riendo por primera vez, tuve un hijo por primera vez, leí mi libro favorito por primera vez y me sentó mal el hielo que me echaron en la copa por primera vez. Y, la verdad, no sé qué sería de mí si no fuera por este renacimiento político que estamos viviendo y que me permite seguir disfrutando de primeras cosas de dar gustirrinín a estas alturas. No hay nada tan rejuvenecedor.

Y es que sólo con Albert Rivera ya puedo experimentar mi primera vez casi a diario. Miles de mariposas revolotean alocadas en mi estómago gracias a él. Y cuando las mariposas siguen moviéndose en el recuerdo, más especial e intensa se vuelve esa primera vez. Me estremezco cada vez que recuerdo algunas de mis primeras veces con Albert, por ejemplo:

La primera vez que le vi desnudo en ese cartel electoral.Tan novedoso todo, tan joven, tan sin depilar.

La primera vez que le escuché decir que sólo atendería a inmigrantes con papeles.

La primera vez que supe que Albert Rivera votó al PP.

La primera vez que oí a la tía que peor me caía en una fiesta decir que ella iba a votar a Ciudadanos, que confiaba mucho en Albert Rivera.

La primera vez que me di cuenta de que Albert se va a quedar calvo .

La primera vez que oí a Albert Rivera hablar del salario mínimo interprofesional, 648,60 euros, y que él no lo subiría, claro.

Dos trajes de Hugo Boss al año, zapatos Lotusse, abrigos de Zara, chaquetas que brillan, corbatas negras y spinning. La primera vez que veo algo así en la política española, ese mezclar las cosas de aquí y de allá para parecer de aquí y de allá.

Cuando por primera vez le imagino susurrándome su secreto para sacarme de la pobreza: "te daré un salario digno basado en complementos a ese salario mínimo que no voy a subir". Dios, qué sensación tan maravillosa escuchar el susurro de cosas bonitas en la oreja. Vivan las primeras veces.

La primera vez que me di cuenta de que su corbata se estrechaba a la vez que ensanchaba su ansia de liderar un país o el mundo, lo que sea.

La primera vez que supe que Albert Rivera votó al PSOE.

Me apena un poco que no haya sido Albert Rivera el primero en decirme que ellos no son de izquierdas ni de derechas, una lástima. Aunque la tercera vía me sigue haciendo temblar como la primera vez.

Patricia´s, Pelu´s, Copa´s, Di´vinos y, por fin por primera vez, por Dios santo cómo me emocioné, un partido político C´s .

Van a pedir créditos por valor del millón de euros que necesitan para sus próximas elecciones y lo devolverán con las subvenciones que les van a dar en función de los resultados. Oír a los jóvenes hablar como los viejos es como la primera vez que oyes sin querer a alguien hablando de ti mal. También muy especial.

La primera vez que supe que Albert Rivera votó a CiU.

La primera vez que oí decir a Albert Rivera que él estaba en contra de las fronteras fue justo después de oírle decir que había que controlar los flujos migratorios.

"Haremos que los trabajadores más pobres tengan más incentivos para trabajar". Eres pobre porque eres vago, esto es la primera vez que lo oigo de una forma tan clara, sin disimulos ni rodeos. Hay primeras veces que son un poco dolorosas, sí, pero también tienen su encanto.

En realidad, estas cosas que me hace sentir Albert Rivera las llevan diciendo y haciendo muchos antes que él, pero la vida me está dando una octava oportunidad con internet y ahora puedo experimentar la primera vez de muchas cosas casi a diario. Y, además, que yo soy muy como España, de frágil memoria y consumo rápido, así que todo lo que me cuenta Albert me lo creo como si fuera la primera vez que lo oigo.

Pero qué cosa tan bonita es la primera vez, qué suerte tengo.

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