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Tienes un problema y tenemos que arreglarlo

Encerrarse en la portería, dejar el campo libre al matonismo, acaba como en el fútbol: tarde o temprano te meten un gol.

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Rajoy y Puigdemont se ven hoy en Oporto tras anuncio de referéndum unilateral

Rajoy y Puigdemont. EFE

Entre un Gobierno a la defensiva y una izquierda acomplejada, el nacionalismo marca la agenda política del país. La iniciativa política lleva décadas en el campo de los que predican la insolidaridad y el agravio comparativo, de los que crean un problema donde no lo hay y emplazan a los demás a resolverlo. Da igual que haya leyes, se hacen unas nuevas a la medida; si la opinión de los demás es contraria, simplemente se obvia; elíjase la mentira más adecuada para cada día, porque el fondo de armario es amplio; las cosas han de salir adelante sí o sí, porque hay un 'problema', ese es el único mandamiento. 

Hacer del miedo y la violencia, siquiera verbal, una metodología de hacer gobierno siempre produce como resultado una sociedad rota, desquiciada, maleada como un niño caprichoso, sin posibilidad de entendimiento. "Crean desolación y lo llaman paz", escribía con amargura Tácito. Detrás de todo nacionalismo sólo hay tierra quemada, no hay más que hojear un manual de historia para comprobarlo.

La renuncia a llevar la iniciativa política conlleva ir siempre a rebufo del capricho de quien practica el matonismo. Convierte a quienes se sujetan a las leyes y se esfuerzan a diario por una sociedad más justa e igualitaria en el tendero que se siente indefenso ante el chantaje. Da igual que un día se embolsen tres mil millones de euros para aprobar los presupuestos del Estado, al día siguiente pondrán sobre la mesa una nueva reclamación. Da igual que las leyes de política lingüística, esa limpieza étnica cultural que hemos asumido, sean inconstitucionales hasta el tuétano, se promulgarán más leyes discriminatorias. Da igual que las haciendas forales sean tan claramente discriminatorias que produce vergüenza ajena defender el articulado constitucional, se cogerá un pedazo mayor de la cesta de tributos.

Encerrarse en la portería, dejar el campo libre al matonismo, acaba como en el fútbol: tarde o temprano te meten un gol. Así que sin iniciativa política, el país marcha dando bandazos como un buque de cabotaje en la tormenta; tendrá un problema tras otro, problemas irresolubles por definición, que solo cabe procrastinar para ganar tiempo y un poco de tranquilidad. Y es así como se avanza en una sociedad más insolidaria, excluyente y avariciosa, mientras se asiste al espectáculo de anticapitalistas yendo de la mano de los capitalistas más rancios.

Unamuno, el único que se enfrentó en público a Millán Astray y sus esbirros y vivió para contarlo, consideraba que el alma de este país es irracional y a los nacionalistas los mejores españoles. Él era un nacionalista español, pero tuvo la lucidez de darse cuenta, a diferencia de otros que, pretendiendo no serlo, son tan irracionales como don Quijote, el cual buscaba sus fantasías solo para ejercitarse. "Los españoles son gente que sólo sabe hacer bien tres cosas: el amor, la guerra y el tonto", escribió Voltaire. Las dos primeras son soslayables, la tercera está visto que no hay manera de quitárnosla de encima. 

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