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Nos va la marcha

No debemos olvidar y sí aprender lo que nos ha enseñado esta crisis que tantos estragos ha ocasionado y que nos ha empobrecido aún más.

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Nos va la marcha. Otra explicación no tiene. Cada cuatro años se aproxima una nueva cita electoral y todo cambia. Todo se arregla. Todo se hace y se inaugura. Deprisa y corriendo, da igual la forma. Todos los hombres de buena voluntad, los llamados políticos, se transforman en algo mejor. Mudan su estado de divinos a humanos. Conviven con los ciudadanos. Nos escuchan o al menos hacen el gesto.

Pero deben de comprender que los votantes, los que tenemos que ir el próximo 24 de mayo a elegir a nuestros representantes municipales y autonómicos, tenemos ojos, oído, boca y mucha memoria.

No debemos olvidar y permitir con nuestro voto que nuestros hijos vayan al colegio con la comida metida en un tupper y que se eliminen becas y transportes. Seguro que arrinconaremos el copago de medicamentos, la semiprivatización de la sanidad o la reducción de asistencia sanitaria. También  relegaremos de nuestra memoria a los vecinos de Soba manifestándose porque necesitaban otro médico. Y todo eso, lo haremos el día 24 ante una urna.

También dejaremos de lado la Ley 10/2012, que regula la aplicación de determinadas tasas en el ámbito de la Administración de Justicia. ¿A quién beneficia? A los pudientes, a los que tienen posibles para defenderse. Hay un ejemplo que es muy común: multa de tráfico de 50 euros, para poder recurrir tendrá que empezar pagando 200 euros. ¿Usted lo hará? Yo desde luego no. Otro caso, el de una herencia. Para exigir el reparto de un piso, unos ahorros o una finca, tendrá que adelantar más de 1.000 euros o quedarse sin nada. Así de sencillo. Es la injusticia de la justicia.

Los tres pilares de cualquier sociedad deben ser la educación, la sanidad y la justicia. Cuando no existen, no hay esperanza. La sociedad cántabra ha aguantado mucho en estos últimos cuatro años. No debemos olvidar y sí aprender lo que nos ha enseñado esta crisis que tantos estragos ha ocasionado y que a todos nos ha empobrecido aún más.  

Ahora, el “bipartidismo” apela al voto útil. Los dos grandes partidos quieren seguir concentrando sus votos en un tiempo en el que la crisis, el paro, los recortes y el descrédito del sistema sólo ha generado intrigas, dimisiones, rupturas y mucho personalismo en los nuevos partidos que han gozado de visibilidad mediática.

Evitar dispersión de voto cuando lo único que se prevé es más división. Difícil decisión debemos tomar esta semana porque el domingo está ahí, a la vuelta de la esquina, como una oportunidad para aprovechar la coyuntura y elegir a unos políticos con menos mayorías absolutas y más capacidad de negociación. Esta vez espero poder gritar ¡qué si nos representan!

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