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"Cuando estamos ayudando, estamos haciendo un mundo más justo"

La ONG de Cabezón de la Sal Ruta6 cumple cinco años constituida formalmente, becando a niños y jóvenes huérfanos de Bal Mandir, en el país asiático

Blanca Castañeda, periodista y responsable de la ONG, cuenta que la organización "conecta con una realidad lejana que necesita mucha ayuda"

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Blanca Castañeda, periodista y responsable de la ONG 'Ruta6'.

Blanca Castañeda, periodista y responsable de la ONG Ruta6. | RUBÉN ALONSO

Blanca Castañeda es periodista de formación, trabajó desde que empezó la carrera en medios de comunicación y actualmente es la responsable de la ONG Ruta6 con origen en Cabezón de la Sal, cuyo cometido es becar los estudios de niños y jóvenes huérfanos de Bal Mandir, un orfanato en Nepal.

¿Cómo surge Ruta6?

En un momento determinado se cruza en mi camino un proyecto de cooperación al desarrollo a través de un trabajo que estaban desarrollando unos amigos. Él es profesor de Bellas Artes en la Facultad de la Universidad Complutense de Madrid y hace un trabajo de intervención en lugares desfavorecidos, uno de ellos en Nepal. La labor es muy interesante: se trata de acercar un poco la herramienta de las Bellas Artes con carácter social más que con artístico o estético. En ese momento mi hijo estaba estudiando en un instituto de Cabezón, donde yo vivo, en el que este profesor había trabajado hace 20 años, por lo que yo le conocía. Trasladé al AMPA que José Luis Gutiérrez, que así es como se llama, hace un trabajo precioso y propuse invitarle. Así fue como los alumnos del IES Valle del Saja conocieron el proyecto que tiene en Nepal. Todos querían irse a allí y él les dijo que estaría encantado de llevarles, pero que no era posible, y que una forma de ayudar desde aquí, que él creía que era muy interesante, era a través de una Beca de Estudio. Ahí surgió un el germen, los alumnos del instituto lo cogieron como si fuese la mejor propuesta del mundo y a partir de ese año empezaron a generar dinero a través de fiestas y eventos que ellos organizaban para pagarle los estudios a un niño de Nepal, a un niño del orfanato que se llama Sudip Magar. Con él se inicia todo. Sudip fue como ese pistoletazo de salida, lo que inspiró a los chavales. Pasó algo muy bonito, y es que de repente las tres patas del sistema educativo que eran profesores, familias y alumnos teníamos un proyecto en común que no tenía que ver con las notas, con el rendimiento académico, sino con algo que en principio nos quedaba lejos pero que tenía un carácter humano muy valioso. Fue una iniciativa de los alumnos, que los padres y profesores acompañamos. A fecha de hoy, el instituto sigue becando a Sudip y mi hijo acabó ya allí y está a punto de terminar la carrera. En ese momento yo empiezo a ir por otros colegios e institutos a contar el trabajo que hacían estos chicos en Nepal porque la gente lo demandaba. Empiezan a surgir ayudas económicas y la sociedad civil, podríamos decir así, empieza a activarse, comenzamos a ver cómo nuestros hijos nos están dando una lección maravillosa. Entonces, pusimos en marcha otras actividades y nos vimos en la necesidad de constituirnos como asociación.

¿Cuáles son esas actividades?

La clave es la divulgación, porque nos hemos dado cuenta de que aunque haya colegios que no quieran comprometerse porque son 1.300 euros al año y a algunos les da vértigo, nos permiten ir a allí a hablar con los niños, y para nosotros eso, en la labor educativa, nos parece que ya merece la pena. Sin embargo, hay que recaudar dinero y los colegios que se comprometen con una beca suponen una fuente de ingresos importante. Además, está el 'Grupo de los 10 euros', que es una pequeña aportación mensual de cada miembro pero que cuando lo sumas genera un fijo al mes que ayuda mucho. Los Teaming, microdonaciones de un euro al mes, son otra forma de colaborar. También hacemos unos calendarios en navidad que se venden, y la beca de los 10.000 del Soplao, que es una prueba deportiva que se hace en Cabezón que también ayuda y financia. Una de las novedades que tiene Ruta6 este año es que hemos firmado un convenio con otra ONG. Somos muy jóvenes y nos vamos dando cuenta de que el acuerdo, el compromiso y el ponernos en común con otras, refuerza el trabajo, cunde más. Hay una ONG catalana que se llama Dream Nepal que trabaja con hijos de presos y acaba de coger una casa en Katmandú y está rescatando niños de la cárcel. Esta ONG nos planteó el por qué no asumimos la educación de los suyos, algo que nosotros debatimos. Lo que nos plantean es que tú puedes ser huérfano real y no necesitar ayuda porque tengas otra familia que te apoye, pero puedes no ser huérfano y sí vivir en situación de orfandad, que es lo que le pasa a los hijos de los presos. Ruta6 acaba de abrir una guardería en la casa que está destinada a estos niños, ha puesto un voluntario para adecentarla y ponerla bonita, y está pagando el sueldo de la maestra. Está contratada por Dream Nepal, financiada por Ruta6 para dar acompañamiento y crecimiento a los niños pequeños que todavía no van al colegio y paga los estudios de los que sí van a la escuela. Esa beca supone menos dinero porque la casa la paga esa ONG.

Niños becados por 'Ruta6' en Bal Mandir.

Dos niñas en el patio de Bal Mandir ayudan en la limpieza. | RUTA6

¿Cuál es el costo de Ruta6?

Ahora mismo, vengo de dar una charla en la Universidad de Cantabria (UC) para que los alumnos de educación puedan ayudar a pagar el sueldo de la profesora de allí con la posibilidad de ir de voluntariado a Nepal. Estamos intentando crear puentes que comuniquen necesidades con posibilidades. Cuesta mucho mantener Ruta, requiere un esfuerzo importante porque estamos hablando de unos 40.000 euros al año y milagrosamente lo conseguimos. Hay algo que para mí tiene un valor añadido: Ruta6 se crea en Cabezón por las circunstancias que te he contado y allí se mantiene la sede. Tenemos una casa privada muy vieja que nos dejó una constructora porque la iban a tirar para hacer pisos y con la crisis… bendita crisis en ese momento [ríe]. En esa casa, que se mantiene con voluntarias, cualquier persona de la comarca que necesite comida, calzado, juguetes… lo que sea, puede ir y se lo lleva sin pagar nada. La gente que va porque le gusta el proyecto, porque quiere colaborar, porque le gusta el comercio de segunda mano, por ecología…se compra la ropa por un euro y cosas muy especiales tienen un precio más alto. Eso está permitiendo que en la comarca se esté generando también una ayuda para la situación que estamos viviendo ahora aquí, situación de emergencia social donde la gente tiene un lugar donde se pueden resolver problemas de manera inmediata. Además, entre las voluntarias hay un perfil de mujer de cierta edad que ha acabado la crianza, ha terminado su trabajo, está jubilada y está en un periodo complicado de su vida. Ruta les ofrece ese espacio donde poder ir a trabajar y sentirse útil. De hecho, vinieron médicos del Centro de Salud que nos decían que ellos lo están utilizando para hacer una especie de terapia con gente que está en una etapa de depresión y que se siente inútil. Así pues, les proponen este espacio. Da mucho pudor contarlo porque parece que seamos la panacea de todo y no...

¿Hay algo previsto para el quinto aniversario?

En diciembre es el quinto aniversario, cuando nos constituimos formalmente. Llevamos diez trabajando pero como ONG solo cinco. Lo que haremos será un evento el día 2 en el Casyc de Santander en el que participará gente del mundo del espectáculo, artistas, directores de cine… que nos conocen y nos apoyan.  La intención es vender entradas para ese día y poder hablar del ‘Grupo de los 10 euros’ e ir a colegios para decirles que también pueden formar parte de esto. Lo que nos estamos dando cuenta es de que Ruta6 está sirviendo como de puente. Resulta que el nombre viene un poco por ahí, por un camino. Lo que estamos haciendo es conectar una realidad que, aunque esté muy lejos, no deja de ser una realidad que necesita mucha ayuda porque estamos hablando de infancia, de infancia desde la perspectiva de la educación.

¿Cuál es la situación de los niños allí?

Nepal es un país muy pobre en el que un niño huérfano es lo más pobre que te puedas imaginar. La educación pública, que nosotros somos defensores a ultranza de la educación pública pero de calidad, allí es todo lo contrario. En Nepal un niño que está en manos de la educación pública, huérfano, sin medios, ni refuerzo ni nada, está condenado a vivir en la miseria. Las becas de Ruta suponen sacarle de la educación pública e incluirle en un colegio privado, donde está la calidad y donde tiene una oportunidad. Eso supone costes: la residencia, la comida, los libros, la sanidad, en un momento determinado si necesita ir al dentista… todo eso es lo que cubre la beca de Ruta. Ahora mismo estamos becando a 30 personas y el compromiso es que acaben los estudios, cada uno hasta donde quiera llegar. Lo que nos estamos dando cuenta es de que una herramienta muy valiosa para los colegios de aquí es poder trabajar valores como la solidaridad, el compromiso, el voluntariado…todo eso con un proyecto real. Es muy fácil llegar a los niños a través de niños. Si conectas a un niño de Nepal con uno de aquí se crea ese vínculo, se crea esa complicidad y ese interés y para Ruta es una ayuda enorme. Ahora mismo en la página web, en el apartado de amigos, aparecen todos los centros educativos y hay algunos que están vinculados ya con un niño en concreto. La idea es motivar a más colegios y a más institutos para que se hagan responsables con sus alumnos de la educación de uno de los niños de allí.

Lo de hablar en términos de caridad no me gusta, me parece que hay que hablar de justicia y ahí ya nos ponemos en un plano de igualdad. Cuando estamos ayudando,estamos haciendo un mundo más justo.

Nepal es una de las principales zonas azotadas por los terremotos. ¿Cómo vivieron en vuestra zona el último, el que ocurrió en 2015?

Se vino abajo parte del orfanato y fue un susto impresionante. Estaba una chica de Ruta y lo vivió en directo. Por suerte, no hubo que lamentar ningún daño personal. El terremoto fuerte fue en sábado, día en que allí no van al colegio. Había un evento y estaban fuera. Se vino abajo parte del edificio y se dañó toda la estructura. Los niños ya no están en Bal Mandir, en el instituto donde trabajábamos, y les tienen repartidos por otros orfanatos. Nosotros inmediatamente cuando supimos que no había habido ningún daño personal nos activamos, hicimos un festival y empezamos a hablar en medios de comunicación. Fue una cosa incomprensible porque Ruta, con lo pequeñita que es, generó en un mes casi 70.000 euros. De repente, éramos una ONG referente en España y toda la gente que quiso colaborar lo hizo a través de nosotros. Eso no eran becas, era para resolver los problemas del terremoto. Siempre los más desfavorecidos son los bebés, los más dependientes, y contratamos para hacer allí una casa para ellos, en la que ya viven. Hay otra parte del dinero que se dedicó a cosas urgentes como comprar mantas y comida pero, además, quedó un remanente importante que está destinado a otra ONG española que trabaja allí con chicos con discapacidad que se llama Diriday. Ésta también se quedó sin su espacio de trabajo porque estaba en el propio edificio de Bal Mandú. Ruta6 en la asamblea decidió destinar parte del dinero a construir un colegio para ellos, más de 30.000 euros. El dinero está reservado. Trabajar en Nepal es muy complicado, hay muchísima corrupción y mandar dinero y que no llegue es muy fácil. Nosotros que ya llevamos muchos años trabajando allí, hacemos que el dinero vaya a la empresa constructora directamente.

A su juicio, ¿qué cree que mueve a alguien para dedicarse al voluntariado e ir hasta Nepal?

Yo creo que muchas veces son las circunstancias y las casualidades. En nuestro caso fue conocer a José Luis y a Aurora y, través de ellos, descubrir una realidad en la que nos apeteció implicarnos. A veces nos pasa que nos cuestionan el por qué en Nepal; igual tú ayudas a Amnistía Internacional y a lo mejor tienes un vecino en tu escalera que está en un situación lamentable y no lo sabes. Al final, ayudas a lo que conoces y nosotros conocimos Nepal por estas circunstancias. Es infancia y da igual que le conozcas o no, que tenga un nombre parecido a ti o no, que tenga un color de piel u otro… son personas y queremos pensar que nuestro hogar es el mundo y va a dar igual que estén más cerca o más lejos porque también somos sensibles a la realidad de aquí.

Cuando se pasa tiempo allí y se conoce esa realidad, ¿se ve la vida de otra manera y se valoran otras cosas?

Sí. Yo pasaba un mes trabajando allí y tengo dos hijos, que entonces eran más pequeños, y cuando volvía les pedía por favor que durante un tiempo no se quejasen de nada porque me iba a enfadar, y no quería [ríe]. A mí me gusta contar esto en los colegios porque tendemos a dramatizar mucho todo. Ellos piensan que en Nepal no hay restaurantes, no hay gente con dinero, que los niños pobres está llorando por las esquinas las 24 horas del día… y no es verdad. Ellos están adaptados a esa realidad y nosotros a esta. Cuando vas a allí tocas una realidad muy distinta que te remueve mucho, pero también aprendes que nos adaptamos, sobre todo los niños.

Estado en el que quedó Bal Mandir Naxal tras el terremoto de 2015. | RUTA6

Estado en el que quedó Bal Mandir Naxal tras el terremoto de 2015. | RUTA6

Desde su experiencia, ¿con el paso del tiempo hay más gente que decide dar el paso?

Sí, yo creo que cada vez más personas están deseando hacer cosas útiles. Yo soy periodista, he trabajado cobrando una pasta y he trabajado explotada, te puedes imaginar. Ahora mismo yo soy la única persona que cobra de Ruta6. He trabajado ocho años como voluntaria pura, es decir, no solo no cobrando sino dedicando todo mi dinero y mi tiempo, y el de mi familia, y desde hace un año y pico estoy cobrando 650 euros al mes. Es el mejor trabajo que he hecho en mi vida, sin ninguna duda, porque tiene un sentido y no es que te sientas mejor que nadie, ni muchísimo menos, pero cuando haces algo que ves que realmente transforma la sociedad en algo mejor para mí eso ya vale. Lo que yo me estoy encontrando es cantidad de gente de todas las profesiones de todos los gremios y de todos los niveles económicos que lo que quiere es hacer cosas que realmente hagan de este mundo un lugar más justo. A mí lo de hablar en términos de caridad no me gusta, me parece que hay que hablar de justicia y ahí ya nos ponemos en un plano de igualdad. Cuando estamos ayudando, cuando estamos poniendo dinero para pagar los estudios a una persona de allí, estamos haciendo un mundo más justo.

¿Cuál es el argumento que le daría a alguien que quiere hacerlo pero tiene miedo de la incertidumbre de qué se va a encontrar allí?

Hay mucha gente que quiere ir a través de una ONG porque da más seguridad. El mundo de la cooperación está también bastante pervertido. Hay personas que tienen experiencias negativas. La mía ha sido maravillosa siempre, pero es cierto que hay gente que va con miedo. Lo ideal es lanzarse. El miedo es a lo desconocido, cuando vas y descubres lo que hay y cuando ves lo que realmente genera, engancha y lo normal es que no pase nada malo.

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