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Diez años de cárcel a un profesor de inglés por tocamientos a dos menores de ocho y nueve años

Durante las clases en su academia invitaba a los niños a sentarse en sus rodillas y les realizaba tocamientos en sus genitales

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La Audiencia Provincial de Cantabria ha condenado a diez años de prisión a un profesor de inglés por dos delitos continuados de abusos sexuales a dos menores de ocho y nueve años de edad.

El condenado, que era el propietario de una academia de inglés de Santander, en la que también ejercía de profesor, deberá indemnizar a cada uno de los menores con 5.000 euros, y no podrá comunicarse con ellos en un plazo de seis años.

Además, una vez que finalice la pena de cárcel, estará sometido a una medida de libertad vigilada durante seis años. Según ha quedado probado y así lo relata la sentencia, el profesor realizó "de forma reiterada tocamientos en sus zonas genitales" a los dos menores, "dándoles además frecuentemente besos en la zona de la boca y propinándoles numerosas caricias con igual ánimo".

Para ello, "sentaba a los menores sobre sus rodillas y les introducía la mano por debajo del pantalón y del calzoncillo, acariciándoles los genitales, teniendo dichos menores gran confianza en el acusado por ser su profesor desde hacía años".

Para llegar a tal convicción, la Audiencia ha tomado en consideración el relato de los menores -que acudían a la academia en días distintos y cuyas familias no se conocían antes del juicio-. La declaración de ambos goza, a juicio de la sala, de "plena credibilidad" pues "dichos menores a pesar de su corta edad han mantenido un relato persistente, coherente y creíble", además de "sustancialmente idéntico".

Junto a ello, existe "suficiente corroboración periférica a la vista de lo declarado por los demás menores que acudían con ellos a dicha academia".

Los hechos fueron denunciados por el padre de unos menores, que supo de los abusos porque su hijo menor le dijo un día que no quería ir a la academia. A preguntas del padre, el niño relató que el profesor le metía la mano por detrás del pantalón. Entonces, el padre se dirigió a su hijo mayor, que también acudía a la academia, y éste corroboró la actuación del profesor.

Denunciados los hechos, la policía se puso en contacto con progenitores de menores que acudían a la academia informando de la denuncia. Fue entonces cuando la madre de otro menor logró saber de boca de su hijo que también estaba siendo víctima del profesor.

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